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Siempre Shakespeare

México se alista al año del dramaturgo inglés con puestas en escena de sus clásicas obras, aún frescas y perturbadoras. Cuatro siglos de la muerte de William Shakespeare (23 de abril de 1616) y su discurso cada vez se acerca más a la realidad mexicana.
Myrna I. Martínez
04 enero 2016 21:48 Última actualización 05 enero 2016 5:0
Hay mucho Shakespeare por descubrir. Comedias y tragedias con temas del poder o temática homosexual. (Especial)

Hay mucho Shakespeare por descubrir. Comedias y tragedias con temas del poder o temática homosexual. (Especial)

Cuatro siglos de la muerte de William Shakespeare (23 de abril de 1616) y su discurso cada vez se acerca más a la realidad mexicana.

Durante todo el año, el Consejo Británico celebrará la obra del dramaturgo de Stratford-upon-Avon a través del programa Shakespeare Vive, con el que esperan llegar a medio millón de personas en el mundo.

Edgardo Bermejo, director de Arte y Cultura del Consejo en México, adelantó que el programa local está siendo definido por un comité asesor en el que participan la UNAM, el INBA, la Secretaría de Cultura, Paso de Gato y el Anglo Mexicano.

“Queremos reconocer que en México hay una tradición shakespereana ancestral. La comunidad artística y académica lo ha reinterpretado y puesto en un contexto nacional con tal diversidad e intensidad de que podemos hablar de una propia tradición. Es lo que vamos a subrayar y a fortalecer”, dice Bermejo.

Además de las actividades locales y globales, que incluyen un tour con los poetas de la Royal Society of Literature y proyecciones de las producciones más relevantes, incluyendo Hamlet, del teatro Royal Exchange de Manchester, en el país directores repondrán o montarán de manera independiente algunos trabajos.

Uno de ellos es el dramaturgo y director David Olguín, quien realizará una puesta de El mercader de Venecia para hablar del consumismo desmedido. El autor del libro Un siglo de teatro en México platica que fue a partir de la segunda mitad del siglo XX que se empezó a montar a Shakespeare de una manera más frecuente y consistente en los escenarios nacionales.

Entre las obras emblemáticas destaca Ricardo III, de Ludwik Margules, El Rey Lear –interpretado por Ignacio López Tarso- y Sueño de una noche de verano, ambas de Salvador Garcini, y más recientemente El Rey Lear, de José Caballero, y Hamlet, de Flavio González, que este año agotó localidades en el foro Sor Juana Inés de la Cruz del CCU.

Para Olguín, Shakespeare es un autor tan libre que permite a los directores apropiarse de él y crear propuestas experimentales, como el Macbeth de Jesusa Rodríguez en los años 80, donde ella salía de una lavadora, y el de Daniel Giménez Cacho y Laura Almela, en el que ambos caracterizaron a los personajes y sin escenografía.

El primer Shakespeare de Daniel Giménez Cacho fue hace 10 años, cuando interpretó a Hamlet, dirigido por Juan José Gurrola. Para el actor fue una revelación darse cuenta de que no es un autor tan solemne y existencial.

“La lección que aprendí es que eres un vehículo de 400 años de energía histórica y contemporánea, de lo que significa ese personaje en el colectivo universal. Todo eso está ahí en el aire y va a pasar al público a través de ti. Esta revelación no me ha abandonado”, platica el actor.

Existe una tradición shakespereana en México, pero algunos que lo han montado, entre ellos Giménez Cacho y Mauricio García Lozano, coinciden en que, a pesar de ser un autor taquillero no se lleva al teatro con tanta frecuencia.

García Lozano opina que el acercamiento a este clásico se ha incrementado en este siglo por los paralelismos con la situación actual del país, como Ricardo III, la cual dirigió en 2014 y 2015 y que repondrá este año en un programa doble junto con la comedia Medida por medida.

“Como que le tenemos cierto respetillo. Yo lo veo transversalmente, como un artista humano que se conecta con otros artistas, no importa en qué lugar o época. Nos está diciendo cosas del orden humano y que tuvieron la profundidad de volverse grandes axiomas de la naturaleza humana”, platica García Lozano.

“Desde hace 400 años ya ponía el dedo en la llaga sobre los peligros y las tentaciones del poder. Nosotros tenemos una historia tradicionalmente compleja y muy catártica en relación a eso, por eso de inmediato reconocemos los arquetipos de los políticos que plantea. Ricardo III es devastadora”.

Otra de las obras que encaja en el México actual es Coriolano, la cual curiosamente no se había montado de forma profesional hasta que en 2014 la Compañía Nacional de Teatro la presentó en el Cervantino bajo la dirección de David Olguín.

“Octavio Paz hablaba, cuando los asesinatos de Ruiz Massieu y de Colosio, que Shakespeare había llegado a México con terror, pero ese era el Shakespeare de Ricardo III, de Macbeth; el de Coriolano es el Shakespeare del parlamento, de la democracia fallida, de los líderes traicionando los intereses del pueblo, las contradicciones que pone dialogan con el presente mexicano y cuatro siglos después”, explica David Olguín.

Todavía hay mucho Shakespeare por descubrir. Comedias y tragedias con temas del poder o temática homosexual que poco o nunca se han llevado a los escenarios, como Timón de Atenas, La Tempestad, Coriolano o Como gustes.

“Hay que montarlo con libertad, leerlo como un autor de nuestro tiempo”, aconseja Olguín.