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CULTURAS

Shakespeare, libre artista de sí mismo

Este sábado se cumplen 450 años del natalicio del más grande escritor que haya tenido Inglaterra y, quizás, el mundo: William Shakespeare, quien "no ha dejado de expresar todo lo que tiene que decirnos", asegura el dramaturgo y director Luis de Tavira.
Carmen García
24 abril 2014 21:59 Última actualización 25 abril 2014 5:0
Shakespeare nació el 26 de abril de 1564. (Archivo)

Shakespeare nació el 26 de abril de 1564. (Archivo)

Con sus 38 libros, William Shakespeare trascendió no sólo el escenario, sino la dimensión del hombre. El dramaturgo inglés -el más estudiado según Harold Bloom- es el arquitecto de una identidad comprometida históricamente con su aquí y ahora, considera Luis de Tavira, quien es uno de los directores teatrales que más ha escenificado su obra en el país.

“Aquí se da esa prodigiosa paradoja del hecho poético: entre mayor compromiso con lo propio y lo histórico, mayor universalidad y vigencia. Esta es la gran lección: Shakespeare no ha dejado de expresar todo lo que tiene que decirnos, pero la obra teatral no alcanza a manifestar su esencia si no hay alguien que se deje decir. Esto es lo que hay en el fenómeno Shakespeare, que es insólito y único en la historia de la cultura”, dice en entrevista el director de la Compañía Nacional de Teatro. 

En suma, considera De Tavira, el autor de Sueño de una noche de verano es el poeta mayor, de quien mañana el mundo celebra el 450 aniversario de aquel 26 de abril de 1564, en el que el condado de Warwickshire lo viera nacer.

“No hay un solo súbdito británico que no se sienta acompañado por William desde su infancia. Esto no sucede con todos los autores. Está a la altura de la escala mayor que nombramos cuando decimos Sófocles, y aún así, no podemos hablar de la misma universalidad. Japoneses, chinos, vietnamitas, argentinos, mexicanos o rumanos se sienten dichos por Shakespeare, como ningún otro escritor”.

Para De Tavira, el genio de Stratford-upon-Avon se vuelve un paradigma del arte dramatúrgico en la creación de personajes: ahí están Lear, Macbeth, Ricardo III, Otelo, Romeo y Julieta, Coriolano, Hamlet, Falstaff y tantos otros.

“Se trata de un poder constructor de carácter, sólo semejante a Sófocles o a Tirso y Don Juan o a Calderón y Segismundo; pero esa reunión de construcciones de personalidades propias y asombrosas, que aún siguen siendo la unidad de la medida de lo humano, es quizá la virtud más ponderable del patrimonio que hoy en día se reúne bajo el nombre de Shakespeare. Por eso es, sin duda, el más universal de todos los autores”.


LA REVISIÓN MODERNA

Al final del siglo XIX, Alemania, en su proceso de emancipación, recuperó la obra del dramaturgo británico. Fueron los germanos, en el momento previo a la Ilustración, quienes rescataron la visión teatral y constructora de lo humano que Shakespeare siempre plasmó en sus obras, explica De Tavira. Entonces la teatralidad shakespereana se salió del canon isabelino, y se fundó el antecedente del concepto de “puesta en escena”. Fue hasta entonces que en el mundo del teatro se habló de la necesidad de hacer la dramaturgia del drama -es decir, reescribir y, con ello, reinterpretar la obra original.

“Por ejemplo, el director de teatro Peter Brook hace con Shakespeare la mayor audacia escénica, trabajo sólo comparable con lo que Héctor Mendoza hizo con Tirso de Molina en la obra Don Gil de las calzas verdes. Es así como se funda la modernidad, justamente en la vuelta a la tradición”.

Por eso, observa el Premio Nacional de Ciencias y Artes, rara vez en se puede asisitir al montaje del "verdadero Shakespeare”, tal y como está escrito. “No sé quién haya logrado ver, entre los cientos de Hamlet que se han realizado, esta obra completa, porque duraría nueve horas. Siempre se interviene el texto original y éste se presta a ello, aunque es un reto para la escenificación”, concluye.

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Cada vez existen menos 'shakespeares'

 

William Shakespeare

Por: Mauricio Mejía

Borges aseguró que cuando un hombre citaba a Shakespeare, en ese momento era Shakespeare. Cada vez son menos los que lo citan; cada vez, pues, hay menos shakespeares en el mundo. A pesar de que hoy, por ejemplo, Google arroja 90 millones 800 mil “encuentros” del binomio William Shakespeare.

Cuando Al Pacino realizó En busca de Ricardo III se preguntaba, en el fondo, quién era Shakespeare en la era de la hiperinformación. La cinta reveló que muchos desconocían el significado del nombre del poeta. George Steiner, en El abandono de la palabra (1961), intuía algo desagradable que terminó siendo aún peor: en el mundo isabelino la lengua inglesa poseía 150 mil vocablos (600 mil en el siglo XX).
Muchos calculan un léxico superior a las 6 mil palabras en los dramas del festejado.

Un estudio de McKnight de mediados del siglo pasado aseguraba que el 50 por ciento del lenguaje de uso corriente en Inglaterra y Estados Unidos se componía de apenas 34 palabras básicas; hoy, muchas escuelas de inglés aseguran que con 3 mil el alumno dominará “perfectamente” esa lengua.

La BBC afirma que mil 500 palabras son el mínimo para desarrollarse en la actualidad. En 2008, la Universidad Iberoamericana revelaba que los universitarios mexicanos sobrevivían con 200 palabras, de las más de 280 mil que contiene el español. Es decir, les faltarían 5 mil 800 para entender plenamente las traducciones de Shakespeare, del que asimilan, eso sí, aquello de: “¿Ser o no ser? Ese es dilema” (así lo citan, desatinadamente). Total: seis palabras...