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culturas

Shakespeare desde la visión de la ultraderecha 

La radicalidad de los personajes políticos del dramaturgo inglés obsesionó a Steve Bannon, el estratega detrás del triunfo de Donald Trump.
Rosario Reyes
26 marzo 2017 21:48 Última actualización 28 marzo 2017 14:50
(Especial)

El interés de Bannon por Shakespeare es meramente empresarial. (Óscar Castro)

Titus Andronicus, la primera tragedia de William Shakespeare –y la más violenta- sedujo por años a Steve Bannon. El estratega detrás del triunfo de Donald Trump y asistente permanante de su Consejo de Seguridad Nacional no consiguió llevar al cine su propia versión del texto, pero fue uno de los productores de la cinta Titus (1999), de July Taymor, protagonizada por Anthony Hopkins.

El empresario ultraconservador que presume de haber fundado Alt-Right (la comunidad de extrema derecha que defiende la “identidad blanca”) escribió asimismo una versión de Coriolano, de Shakespeare -que tampoco logró llevar al teatro-, en coautoría con la guionista Julia Jones.

“A Shakespeare se la ha manipulado siempre”, dice Alfredo Michel, único miembro mexicano de la International Shakespeare Conference y de la Shakespeare Association of America. “Es una moneda de cambio en la sociedad y en la cultura; esa es una de las funciones que tiene esta etiqueta cultural. A muchos les sirve para hacerse los interesantes sin mayor conocimiento de causa, a otros para proponer teorías sustentadas en nada, como Harold Bloom (el autor de Shakespeare, la invención de lo humano), que le sirve para sobrevivir con puras tonterías”.

El expublicista y experiodista tiene un pasado en la industria del entretenimiento: fue productor de la exitosa serie televisiva Seinfeld, así como de documentales sobre el expresidente Ronald Reagan y el movimiento ultraconservador Tea Party, entre otros. Aunque su interés en Shakespeare fuese meramente empresarial, no resulta extraño que el funcionario, quien tras su nombramiento recibió felicitaciones del Ku Klux Klan, se sintiera atraído hacia los personajes militares, vengativos y poderosos de Titus Andronicus y Coriolano, considera Michel.

Una xenofobia tajante asoma, por ejemplo, en el acto tercero de Titus Andronicus, cuando éste, un noble romano, reprende a su hermano por matar una mosca, hacia la que muestra mayor piedad que hacia un moro:
Titus: ¡Fuera de aquí, asesino! Matas mi corazón; mis ojos agonizan con la vista de la tiranía. Un hecho mortal sobre un inocente no le va al hermano de Titus. ¡Vete! Veo, que no sirves para mi compañía.
Marcus: Pero, mi señor, si sólo maté una mosca.

Titus: ¿Sólo? ¿Y esa mosca tenía padre y madre? Cómo colgarán sus doradas alas débiles y sisearán los lamentables hechos al aire. Pobre mosca inocente, que con su bella melodía siseante vino aquí a alegrarnos, y tú la mataste.

Marcus: Perdonádme señor, era una negra mosca malcarada, como el moro de la emperatriz, por eso la maté.

Titus: ¡Oh, oh, oh! Perdóname por reprenderte, pues hiciste una acción caritativa. Dame tu cuchillo, yo también le insultaré, lisonjándome como si fuera el moro, venir aquí a propósito para envenenarme. Aquí, esto por ti, y esto por Tamora. Malvado. Aún pienso no hemos caído tan bajo a que entrambos podamos matar una mosca que viene en semejanza al moro negro como el carbón.


Las obras del británico son ropas cortadas a la medida de las necesidades de quien las aborda, observa el académico mexicano. “Han sufrido cualquier cantidad de transformaciones y de adaptaciones, no sólo los textos, sino su concepto. Ha servido de punta de lanza para la colonia británica, en India fue un instrumento de penetración intelectual”.

Por Bannon habla su trayectoria, abunda Michel. “Es uno de los tipos más furiosamente conservadores y racistas que hay en el Gabinete del esperpento que ahora es presidente de Estados Unidos. Otras de las producciones en las que ha trabajado sí son muchísimo más claras respecto a su ideología, como su documental sobre Sarah Palin (The Undefeated). Con ver su catálogo uno se da cuenta por dónde van sus lealtades. Ha colaborado con estos sitios de supuesta información como breitbart.com (cuya linea editorial es de extrema derecha), un currículum así no incita a especular sobre su interés en Shakespeare”.

Coriolano fue considerado por T.S. Eliot como el mejor de los dramas del genio de Stratford-upon-Avon. En el acto segundo, el general romano tiene un diálogo sobre las diferencias sociales:
“A mis más nobles amigos, suplico perdón; en cuanto a la chusma maloliente y veleidosa, que se vean reflejados en mí, pues no soy espejo adulador que les engañe. Lo volveré a decir, tratándolos así, estamos cultivando la ruina del Senado, la cizaña de la sedición, la revuelta y la insolencia que nosotros mismos hemos labrado, sembrado y esparcido al dejar que se nos acerquen, a nosotros, los nobles y elegidos, que sólo carecemos de aquella virtud y autoridad que hemos otorgado a los mendigos”.

En la dramaturgia de Shakespeare, temas como la misoginia y el racismo están presentes desde un punto de vista crítico, explica Michel.
“Estamos hablando de un autor del siglo XVI-XVII, no podemos esperar que sea el hombre más progresista del mundo. Titus Andronicus y Coriolano se pueden prestar a la elevación de ciertas posturas radicalmente intransigentes, militaristas, con conceptos tan bestiales como los que maneja Trump. Otelo es otra obra con racismo implícito”, reflexiona.

De Shakespeare no hay que esperar respuestas, advierte quien también imparte cátedra en la UNAM.

“Lo que hay que ver es la enorme cantidad de preguntas complejas que nos puede hacer y nos ayuda a hacernos, esa es su gran contribución. El Shakespeare manipulado es el que se utiliza para dar respuestas; eso quizá pudo haber estado en la mente de un obtuso como Bannon, que en obras como esas podría estar convalidando algo de sus ‘maravillosas’ ideas”, concluye.