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CULTURAS

Serrat, el poeta que defiende Cataluña desde el lenguaje

Más allá de ser un éxito en todo el mundo, el cantautor Joan Manuel Serrat ha defendido su cultura desde siempre, aún cuando tuvo que enfrentarse a la dictadura franquista. "Me gusta cantar en la lengua que me prohíben", decía Joan Manuel.
Eduardo Bautista
18 noviembre 2014 22:36 Última actualización 19 noviembre 2014 21:37
Joan Manuel Serrat

Joan Manuel Serrat

El régimen franquista lo detuvo en varias ocasiones. Entre 1968 y 1977, la Guardia Civil armó un expediente de más de un centenar de páginas sobre todos sus movimientos. Su crimen: ser catalán y cantar en catalán. A más de 40 años de aquellos sucesos, Joan Manuel Serrat (Barcelona, 1943) se convertirá esta noche en la “Persona del Año de la Academia Latina de la Grabación”, reconocimiento otorgado por la misma organización que entrega los Grammy Latinos.

A diferencia de Raphael, quien admitía ser “un fanático de Franco”, el autor de Penélope fue la voz de una resistencia de la que hoy no se arrepiente. “Siempre he dicho que es mejor pasar miedo que pasar vergüenza”, declaró Serrat en 2013. Sus padres vivieron en carne propia la Guerra Civil (1936-1939). Ella, Ángeles Teresa, aragonesa, quedó huérfana desde muy pequeña y emigró a Barcelona para escapar de los bombardeos. Él, Josep Serrat, activista político y anarcosindicalista, vivió las injusticias de los campos de concentración.

Joan Manuel nació en los albores de la posguerra, en aquella sociedad española que Camilo José Cela llamó “ese sepulcro, esa cucaña, esa colmena” (La colmena, 1951). Creció en el barrio obrero de Poble-sec. Desde muy chico consiguió una beca y logró ingresar a la universidad, donde estudió biología unos cuantos meses. Después descubrió que lo suyo era cantar. En 1977 confesó que empezó a tocar la guitarra “porque así era más fácil tocarles el culo a las muchachas”. Eran tiempos en que Francisco Franco lo dominaba todo. La vida para los jóvenes era complicada, más para los de origen barcelonés.

“Si eres español, habla español”, solía decir El Generalísimo. Pero Serrat nunca lo respetó. Cuando tenía poco más de 20 años, su voz catalana ya sonaba en las transmisiones de Radio Barcelona con éxitos como Ella em va deixar (Ella me dejó). Eso lo llevó a formar parte del Els Setze Jutges, un grupo de cantautores e intelectuales fundado en 1961, que tenía el objetivo de impulsar la canción catalana a través un movimiento cultural llamado Nova Cançó (Nueva canción), al cual perteneció gente como Josep Benet, Maurici Serrahima, Miquel Porter i Moix, Remei Margarit, entre otros. "Me gusta cantar en la lengua que me prohíben", decía Joan Manuel. 

“Los catalanes siguen viendo en Serrat una figura muy relevante. Hay que recordar que en plena dictadura franquista, cuando el gobierno emprendió un acoso a la comunidad catalana, se negó a cantar La, la, la en castellano durante el Festival de la Canción de Eurovisión de 1968. Sin embargo, los jóvenes de las preparatorias ya no lo escuchan, quizá porque es el más comercial. En cambio, suenan más las canciones de Lluis Llach, por ejemplo”, afirma el académico de la Universidad de Barcelona, José Luis Cantón Paterna.

   


EL EXILIO MEXICANO

La rebeldía de Joan Manuel Serrat tuvo consecuencias. Varias veces fue detenido por la policía sin razón aparente, según lo reveló el propio cantautor el año pasado. El 2 de julio de 1973 tuvo que pagar una multa de 50 mil pesetas para no ir a prisión. Fue hasta 1975 que se vio obligado a autoexiliarse en México tras una serie de declaraciones sobre los asesinatos legales del franquismo. Serrat fue acusado de “injurias contra el Estado” y fue acogido por otro exiliado español: Paco Ignacio Taibo I.

“Lo recuerdo (a Serrat) andando por la casa de mis padres, siempre con su guitarra. Bajaba las escaleras y de repente se sentaba en la sala para componer. Era la época en que apenas empezaba a ser un cantante famoso en el país. Joan se encontraba pasando por una situación muy complicada debido a su exilio”, recuerda Paco Ignacio Taibo II.

El noi del Poble-sec (el niño de Poble-sec) ve a México como el país del que fue “hijo y nieto del exilio”. Aquí convivió con gente como Juan Rulfo, Luis Buñuel y Max Aub. Y aunque ha dicho que esa convivencia lo reconfortó un poco, emocionalmente, hace un par de meses admitió en una entrevista con El País: “Me afectó bastante en la parte creativa; era muy difícil escribir, todo lo que tengo escrito de aquella época es francamente malo, como si con todo lo que ocurría me hubiera quedado vacío. Tuve que inventar una gira por México de varios meses para alargar el proceso de la muerte de Franco, que parecía que no acababa nunca, hasta la transición que llevaba a la desaparición de los mecanismos represivos”.

Los discos de Serrat eran muy conceptuales, asegura el periodista y experto en la industria discográfica, José Xavier Navar. “Mediterráneo (1971) marcó a toda una generación, sobre todo la musicalización de los poemas de Antonio Machado. Sin embargo, creo que hoy sus canciones ya no le transmiten nada a los jóvenes, lo cual en gran parte se debe a que se estacionó en una época y ha repetido la misma fórmula hasta sus últimas consecuencias”.


Sobre el 9N –la consulta popular no refrendaria sobre el futuro político de Cataluña, programada para el pasado 9 de novembre y cancelada– Joan Manuel se mantuvo tibio en todo momento. Con frases como “todos tienen derecho a elegir su futuro” y “la crisis hace que la gente busque una salida”, el cantante dejó entre líneas su postura política. Sin embargo, la percepción de Paco Ignacio Taibo II es clara: “hace unos dos años tuvimos una charla y no lo vi muy convencido de querer la independencia”.

Más allá del nacionalismo, Serrat es un defensor de su cultura, considera el poeta José María Espinasa, especialista en letras catalanas. “El catalán simboliza una resistencia cultural ante el centralismo de Madrid. Esta lengua tiene una historia muy rica desde la Edad Media. Por eso hay que protegerla, impulsarla, cantarla, traducirla. En ese sentido, Serrat lo ha hecho bien. Defender la lengua no es defender un nacionalismo a ultranza”, finaliza.