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CULTURAS

Seix Barral lanza 'póker' de historias de Carson McCullers por centenario

La editorial ha lanzado cuatro historias para conmemorar el centenario de su natalicio, que incluyen 'El aliento del cielo', 'Reloj sin manecillas', 'Reflejos de un ojo dorado' y 'La balada del café triste'.
Mauricio Mejía
07 agosto 2017 22:46 Última actualización 08 agosto 2017 5:0
libros

(Cortesía)

Toda vida literaria es una celebración. Este 2017, repleto de festejos, tiene una agenda pendiente: el centenario de Carson McCullers. Las buenas noticias no llegan solas. Seix Barral ha puesto empeño en el recuerdo de una de las más grandes escritoras del ya lejano siglo XX. El desafío de la editorial apunta con el índice a los que, con falsa postura poshistórica, suponen el final del libro impreso.

Cuatro caminos para valorar la trascendencia de la McCullers, un bicho raro (de redundante rareza, como escribe Rodrigo Fresán, uno de sus más fervientes devotos) en la estantería de las letras universales. El aliento del cielo, Reloj sin manecillas, Reflejos de un ojo dorado y La balada del café triste compilan la enorme y muy vital obra de esta maestra de la sicología y sus intersticios.

Si el lector debiera tomar la arrebatada decisión de elegir dentro del póker, el consejo sería El aliento del cielo. Fresán, un extraordinario narrador y conocedor docto de las letras inglesas, cumple, con generosidad, el oficio de presentador y guía de los cuentos y las novelas cortas incluidas en el volumen. En el prólogo, página 8, el argentino Fresán saca del baúl un tema fundamental en la obra de la McCullers: el amor. Dice ella:

“En primer lugar el amor es una experiencia común a dos personas. Pero el hecho de ser una experiencia común no quiere decir que sea una experiencia similar para las dos partes afectadas. Hay el amante y hay el amado, y cada uno de ellos proviene de regiones distintas. Con mucha frecuencia, el amado no es más que un estímulo para el amor acumulado durante muchos años en el corazón del amante. No hay amante que no se dé cuenta de esto con mayor calridad; en el fondo sabe que su amor es un amor solitario”.

Es La balada del café triste (de la página 439 a la 514 del tomo citado). Hay algo en la McCullers que desalienta, que estruja, que mueve las entrañas del corazón. Hay algo de sutil y de quejoso. Y algo de da esperanza, no vacía. “Por esta razón, la mayoría preferimos amar a ser amados (...) El amado teme y odia al amante, pues el amante está siempre queriendo desnudar a su amado, aunque esta experiencia no le cause más que dolor”.

McCullers quiso mucho lo que hacía y, haciéndolo, quiso y quiere y seguirá creyendo y siendo querida por muchos lectores. Todos desconocidos y amados”.