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fiesta brava

Se fundieron la paciencia y la bravura

Si la paciencia es una virtud muy valiosa en cualquier aspecto de la vida de los hombres, para los toreros viene a ser un bálsamo que los recubre de fortaleza. Como ocurrió la tarde de hoy con Sergio Flores, que había tenido que esperar muchas fechas para ver su nombre anunciado en un cartel de la Temporada Grande.
Por Juan Antonio de Labra
08 febrero 2015 22:9 Última actualización 08 febrero 2015 22:13
Y Dios quiso premiar a Sergio Flores con un gran toro: “Gibraltar”, de Xajay, al que le perdonó la vida tras una faena intensa, larga, recia y torera. (Tadeo Alcina)

Y Dios quiso premiar a Sergio Flores con un gran toro: “Gibraltar”, de Xajay, al que le perdonó la vida tras una faena intensa, larga, recia y torera. (Tadeo Alcina)

Si la paciencia es una virtud muy valiosa en cualquier aspecto de la vida de los hombres, para los toreros viene a ser un bálsamo que los recubre de fortaleza, y más aún cuando los contratos escasean y parece que no tuviera sentido alguna partirse el alma entrenando con tanta dedicación.

Pero llega el día en que todo ese aguante fuera del ruedo se traduce en fortaleza de ánimo, de carácter, y explota en el momento menos inesperado, como ocurrió la tarde de hoy con Sergio Flores, que había tenido que esperar muchas fechas para ver su nombre anunciado en un cartel de la Temporada Grande, luego de que se quedó sin poder venir el domingo 7 de diciembre debido a la cornada que había sufrido días antes en Tepeapulco.

Y Dios lo quiso premiar con un gran toro: “Gibraltar”, de Xajay, al que le perdonó la vida tras una faena intensa, larga, recia y torera, en la que las mejores cualidades de este bravo ejemplar se fundieron con la ambición del tlaxcalteca y dieron como resultado un clamoroso triunfo que ha pagado con creces esas largas semanas de espera e incertidumbre.

Merecía Sergio que un toro le embistiera por derecho en La México, y si ya había mostrado una gran actitud delante del primer ejemplar de su lote, un toro de bravura seca, nada fácil, de la divisa de Jaral de Peñas, lo de “Gibraltar” fue la apuesta por el triunfo; el dejarle la muleta puesta, con el corazón por delante, y dándole ventajas para hacerlo lucir.

Aquellas galopadas de largo y la intensa emoción que aportó el toro de Xajay al trasteo, encumbraron a Sergio, que disfrutó mucho la vibración de su toreo, siempre en consonancia con un público arrebatado a esta importante actuación que, de inmediato, lo coloca como uno de los triunfadores de la campaña.

Esas lágrimas de torero honrado que derramó Flores al final, ya cuando “Gibraltar” había regresado a los corrales y la gente estaba extasiada con este canto a la vida –a la bravura, en suma– fue el mejor premio a su paciencia. Ahora estaría de lujo que la empresa lo ponga el próximo domingo al lado de Pablo Hermoso de Mendoza para redondear un cartel que aún no está cerrado. Eso sería dar continuidad legítima a una carrera sumamente prometedora.

Así como Sergio disfrutó el toreo, Fermín Rivera mostró que sigue en la misma línea clásica y sobria que distingue a su toreo. Y la tarde de hoy el potosino volvió a brillar con valor y temple en dos faenas muy bien estructuradas y de hondo calado en el tendido.

Fue una lástima que el toro de Jaral de Peñas, primero de su lote, no tuviera un punto más de duración, porque el trasteo hubiese adquirido un tono más largo y redondo. Al quinto, que huía de la tela, pero con nobleza, también lo entendió y le dio la lidia adecuada. En ambos casos, Fermín volvió a pisar fuerte el redondel de La México, a la espera de seguir labrando ese camino tan interesante, con una tauromaquia sin fisuras.

A diferencia de los dos mexicanos del cartel, Alejandro Talavante sorteó un lote muy desigual, compuesto por un primer toro sin transmisión, al que hizo una faena entonada pero de escasa emoción, y otro más infumable –éste último de Xajay–, con el que no tuvo más remedio que abreviar. Fue una pena que el extremeño pasara de puntillas en esta última comparecencia, luego de haber hecho, en una tarde anterior, una de las faenas más profundas del ciclo.

El rejoneador Rodrigo Santos, que celebraba 25 años de haber recibido la alternativa en este mismo escenario, tuvo una actuación valiente ante un toro de Vistahermosa que fue muy complicado.

En algunos pasajes lució montando a varios de sus caballos, a los que expuso sin miramientos para tratar de remontar la adversidad que representaba un ejemplar que pegaba arreones y al que mató de manera ejemplar, colocando el rejón de muerte en lo alto.

Sergio Flores abandonó la plaza a hombros en compañía del ganadero de Xajay, Javier Sordo, pletóricos, felices, luego de este reencuentro tras el indulto de un toro de esta divisa en San Luis Potosí, y la enseñanza de que la paciencia y la bravura, son complementarias cuando se tiene casta para afrontarlas.

FICHA
México, D.F.- Plaza México. Decimoséptima corrida de la Temporada Grande. Poco menos de un cuarto de entrada (unas 9 mil personas) en tarde espléndida. Un toro de Vistahermosa para rejones (1o., complicado), tres de Jaral de Peñas (2o., 3o. y 4o.), parejos en presentación, de los que sobresalió el 2o. por su clase, y tres de Xajay (5o., 6o. y 7o.), desiguales en hechuras y juego, de los que destacó el 7o. que fue indultado por bravo. Pesos: 515, 485, 510, 488, 510, 482 y 500 kilos. El rejoneador Rodrigo Santos: División. Fermín Rivera (verde olivo y oro): Oreja y ovación tras dos avisos. Alejandro Talavante (azul marino y oro): Silencio y pitos tras dos avisos. Sergio Flores (grana y oro): Oreja e indulto. Incidencias: Saludó en banderillas Diego Martínez. El toro indultado se llama “Gibraltar”, número 83, cárdeno, con 500 kilos. Al finalizar el paseíllo se tributó un minuto de aplausos a la memoria del matador Jaime Bolaños, fallecido recientemente.
http://www.altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=21714