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culturas

Scherer y los deportes

"Yo era un buen alumno y un fracaso en el futbol. Me resguardaba en la natación sin saber que hacía del ejercicio la mejor terapia. En el agua, sosegaba mi triturada autoestima”, escribió Julio Scherer en su obra "Vivir".
Domingo Aguilar
07 enero 2015 14:34 Última actualización 07 enero 2015 17:16
Julio Scherer

Julio Scherer

-¿Sabes algo de periodismo?-, le preguntó Enrique Borrego Escalante, director de La Extra, a Julio Scherer.

"Nada, don Enrique…"

-¿Lees los periódicos de la casa Excélsior, sus ediciones?

-Sólo la sección deportiva de Excélsior”, relata el fundador del semanario Proceso en su libro La terca memoria.

El reportero fue un amante de la alberca desde su juventud. “Yo era un buen alumno y un fracaso en el futbol. Me resguardaba en la natación sin saber que hacía del ejercicio la mejor terapia. En el agua, sosegaba mi triturada autoestima”, escribió Scherer en su obra Vivir. Su refugio acuático lo protegió por varios años, inclusive sus amigos lo vieron nadar todas las mañanas, por mucho tiempo, en el Club Deportivo Chapultepec. En ese centro recreativo platicaba con Francisco Guerrero Arcocha, ex tenista profesional mexicano que fue entrenador del presidente Miguel Alemán, mandatario investigado por el periodista. El oficio de reportero lo ejercía en todo momento.

El diamante también capturó el interés del hombre que falleció hoy a los 88 años. El Rey de los deportes era uno de los tantos gustos compartidos con su entrañable amigo Vicente Leñero y llegaron a disputar partidos de beisbol los sábados, junto con los demás integrantes de Proceso, para conservar el ánimo de la redacción.

La cancha se la prestó la UNAM; almohadillas en primera, segunda y tercera, además de un césped bien cuidado. “Sólo Vicente (Leñero), Juan (Miranda), y algún otro llegaban a la pelota a la lomita del pitcher al home, pero no la llegaban del catcher a segunda base. Sin embargo nos bastaba, disfrutábamos del sol sabatino y ahuyentábamos las sombras de la semana”, relata en la Terca Memoria. Carlos Hank González, antiguo regente de la capital se enteró de los partidos. Maletas llenas de pelotas, bates y manoplas llegaron a las oficinas en la calle de Fresas número 13 (donde estaban las oficinas de Proceso), como cortesía del ex profesor de primaria. La indumentaria no fue aceptada por ningún elemento de la novena de la revista.

Los Yanquis eran su equipo favorito, pero la suerte no lo acompañó cuando visitó Nueva York para verlos. Entusiasmado, llegó al campo y la lluvia también. El juego se canceló, así como el ánimo por regresar a presenciar un encuentro.

En el Colegio Alemán Alexander von Humboldt tampoco tuvo mucha suerte, el idioma extranjero no le gustaba, así como tampoco el equipo de handball. Era tímido y eso le llegó a traer problemas de autoestima. Recurrió al médico Alfonso Quiroz Cuarón y le dijo “frente a la timidez uno entrena todos los días, como los boxeadores”.

“Pasó mucho tiempo para que pudiera distinguir entre la timidez y el apocamiento, los guantes colgados, sin gana de pelea, muerto el ímpetu” llegó a escribir uno de los mexicanos que defendió la libertad de expresión como si estuviera sobre un ring y que dejó una cuenta pendiente con los Bombarderos del Bronx.

El deporte no le era ajeno y también significó una alternativa para iniciar sus pesquisas en el club Chapultepec platicaba con el entrenador de tenis sobre el ex presidente Miguel Alemán.