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NEW YORK TIMES

Salvando a una especie británica en peligro: la taberna

Lentamente, estos centros de reunión desaparecen del paisaje de Hampstead, Inglaterra, para dar paso a nuevos negocios, ante lo cual el gobierno permite a la comunidad solicitar que una taberna sea designada un “activo de valor comunitario”.
Danny Hakim
06 marzo 2014 0:23 Última actualización 06 marzo 2014 5:0
taberna

La taberna tradicional es presionada como nunca antes. (NYT)

LONDRES – Una a una, las tabernas están desapareciendo en Hampstead, una aldea pequeña y linda de calles adoquinadas y casas georgianas que se ha convertido en uno de los barrios más de moda de esta ciudad. Nags Head se ha convertido en una oficina de bienes raíces. King of Bohemia es ahora una tienda de ropa. Hare & Hounds ha sido reemplazada con un edificio de departamentos.

La economía cambiante y los gustos volubles han significado el cierre de aproximadamente una de cada cinco tabernas durante las dos últimas décadas en Gran Bretaña, y las cosas están empeorando. Desde la crisis financiera de 2008, 7,000 han cerrado, dejando a algunas comunidades pequeñas enfrentando lo impensable: la vida sin un “local”, como se conoce a las tabernas.

Y eso ha provocado que el gobierno entre en acción. Nueva legislación está permitiendo que las personas presentar solicitudes para que una taberna sea designada un “activo de valor comunitario”, un estatus que ofrece cierta protección contra la demolición y ayuda a grupos comunitarios a comprar las tabernas, en vez de verlas desaparecer en manos de desarrolladores inmobiliarios ansiosos de convertirlas para otros usos o derruirlas. Desde que Ivy House, un amado local en el sur de Londres, se convirtió en la primera en recibir la designación el año pasado, aproximadamente otras 300 han seguido el ejemplo.

“La taberna, nos gusta pensar, es relativamente única internacionalmente, es algo muy tradicional”, dijo Brandon Lewis, el miembro conservador del Parlamento que funge como Ministro de Tabernas Comunitarias, una oficina que subraya el lugar especial que las tabernas ocupan en la vida británica. “En muchas comunidades son realmente importantes, no solo porque es donde se reúne la gente, sino porque son el punto focal para las colectas para la comunidad, para el club de futbol local, para la clase de baile, el café matutino de las mamás”.

Sin embargo, la taberna tradicional está siendo presionada como nunca antes, incluso después de que George Osborne, el ministro de Hacienda, dio marcha atrás en marzo y redujo el impuesto pagado por cada pinta de cerveza, en un centavo de libra esterlina. Las leyes antitabaco están manteniendo alejados a los fumadores. La cerveza de bajo precio de venta en los supermercados está afectando al negocio. En Londres, la espiral al alza de los precios de las propiedades inmobiliarias ha hecho de las tabernas blancos atractivos para los desarrolladores.

Y además hay un cambio cultural sísmico en esta isla de cervezas amargas y oscuras: La gente en Gran Bretaña está bebiendo menos cerveza; aproximadamente 23 por ciento menos que hace una década, según la Asociación Británica de Cervecerías y Tabernas. Las tabernas han estado tratando de compensarlo ofreciendo otras bebidas y ampliando sus menús de comida.

Sin embargo, a otro nivel, el problema de las tabernas de Gran Bretaña también es un eco del fervor regulatorio de Margaret Thatcher. En los 80, su gobierno conservador rompió el casi monopolio que las cervecerías tenían sobre las tabernas. Pero las cervecerías fueron reemplazadas por otros intereses corporativos; compañías grandes e independientes que desde entonces han absorbido a más de la mitad de las tabernas de la nación. Estas “pubcos”, como se les conoce en inglés, a menudo son dueñas del local, determinan qué cervezas pueden vender las tabernas y pueden cobrar altas rentas. Algunas amasaron sus propiedades endeudándose profundamente y ahora están vendiendo al mejor postor para capitalizar sus propiedades inmobiliarias. Una propuesta moción parlamentaria en enero denunció a los márgenes de utilidad de una pubco, Punch Taverns, llamándolos “totalmente inaceptables”.

Las grandes compañías propietarias de tabernas poseen muchas propiedades inmobiliarias, y existe la tentación de venderlas para obtener una rápida ganancia monetaria”, dijo Neil Walker de la Campaña por la Verdadera Cerveza, un grupo activista. Muchas tabernas han sido convertidas en residencias o supermercados, dijo.

Un terreno de batalla aquí en Hampstead está en la Old White Bear. En un hermoso edificio de ladrillo rojo y dos chimeneas, la Bear ha ocupado su lugar en Well Road por tres siglos. Peter O’Toole, se dice, tenía que ser sacado en hombros ocasionalmente en sus días más jóvenes y más alocados. Elizabeth Taylor, que nació en Hampstead, y Richard Burton, que era dueño de una casa aquí, también eran visitantes regulares, dicen los clientes habituales. Se dice que los clientes recientes incluyen a Boy George y Liam Gallagher.

Pero después de que la Old White Bear fue comprada por un grupo de desarrolladores a través de una compañía en la Isla de Man, 2,000 personas firmaron una petición para salvar a la taberna. La Bear ha sido declarada un activo de valor comunitario, y el concejo local ha negado hasta ahora el permiso para convertirla en una casa de seis recámaras. Aun así, la taberna cerró el 2 de febrero. Como los desarrolladores están decididos a pelear, el futuro de la Bear es incierto.

Guy Wingate, un veterano cliente, señaló a los locales caídos de Hampstead. Aunque la aldea tiene otras tabernas, la Old White Bear, dijo, se había convertido en el centro de su comunidad.

“Se le está arrancando el corazón a eso, y vamos a vagar por las calles como zombies o a quedarnos en casa y no vernos de nuevo”, dijo Wingate mientras tomaba un café en Café Rouge, que antes era Bird in Hand.

La última noche de la Old White Bear, un comensal fue sacado en hombros por seis miembros del personal. Un cantinero imitó una sirena de ataque aéreo. Un perro esquimal dormitaba en el piso. Hubo discursos y brindis. Jennie Smith, fumando afuera, dijo que ella y otro asistente regular – su Labrador color chocolate, Bentley – estaban devastados. Bentley había estado ahí más temprano para comer un poco de carne al horno. Mientras la multitud se derramaba por las habitaciones, otro cliente se levantó y recitó una oda a la Old White Bear.

“Seamos valientes, seamos osados, creamos en este Oso Blanco de antaño”, dijo. “Levantemos la copa y digamos, cerramos esta noche, para regresar otro día”.