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culturas

Safari al erotismo

El escritor estadounidense David Miklos refleja en su nuevo libro "Dorada" un mundo donde la fertilidad funciona como un opuesto del deseo sin límites.
Alfonso Meza
12 junio 2014 21:52 Última actualización 13 junio 2014 5:0
El escritor David Miklos trata al erotismo desde las letras. (Cortesía)

El escritor David Miklos trata al erotismo desde las letras. (Cortesía)

La fantasía es un chispazo en el comportamiento de los hombres,
afirma David Miklos
(San Antonio, Texas, 1970).

Este mecanismo revelador del instinto en el pensamiento, es arteria vital de Dorada, una ciudad sin recato, donde la ternura es contracara de la lujuria y la fertilidad funciona como un opuesto del deseo sin límites.
Dorada es también el nombre de una mujer de escándalo, cuya belleza es una flor carnívora al acecho de los hombres.

Es asimismo el título de la novela corta más reciente de David Miklos, la segunda que publica en la colección de letras eróticas La sonrisa vertical (Tusquets Editores).

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Dorada

Dorada es un título que toma como referencia El Dorado, la ciudad mítica narrada en los libros de la antigüedad, donde los objetos brillantes eran muy atractivos, pero inasibles”, explica.

“La fantasía es necesaria porque es un reflejo inconsciente de nosotros”, añade. “Para el protagonista de mi novela es lo que lo conduce hasta una ciudad donde no conoce a nadie, excepto a la mujer que lo invitó a ir. Se trata de imágenes vívidas, pero no reales que alimentan su imaginación durante su estancia en la ciudad”.

El texto se alimenta de su propia experiencia, como sucede desde La piel muerta (2005), obra con la que se inició como novelista a los 35 años.

“Es impensable escribir algo que no tenga relación con uno mismo. En mi caso, todo lo que escribo es autobiográfico. Sin embargo, la experiencia personal no se traslada tal cual a la literatura; la ficción te permite maquillar un poco los hechos para hacerlos más dinámicos, más literarios”, refiere.

Para el fundador de la revista Cuaderno Salmón (2006-2008), uno de los rasgos que caracteriza a su más reciente pieza literaria es el simbolismo que le da sentido al texto.

“El uso de figuras geométricas manifiesta el destino de mi personaje, condenado a muerte. El cuadrado rojo lo tomé de una sala de ejecución en Japón. Los triángulos aluden a la sensualidad femenina”.

El trabajo del escritor, radicado en México desde su infancia, ha deambulado por diversas facetas de experimentación y narrativa, razón por la que sus primeras novelas abordan temáticas acerca de la orfandad, el misticismo de la religión o la figura paterna; mientras que en sus últimos libros, Brama (Tusquets Editores, 2013), y Dorada, deja entrever la carga erótica de una prosa desinhibida.

Miklos es un autor que honra lo breve, que escribe sobre lo esencial y nunca de lo coyuntural. Sus preocupaciones literarias son casi ontológicas. En su prosa, ascéptica y filosa, la incisión sobre la pregunta en torno al principio toma la forma de paseos existenciales, bajo el pretexto de una historia.

“Mis novelas se caracterizan por mostrar una búsqueda, real o ficticia, sobre el origen, el cual proviene del sexo; todos procedemos de allí, es por ello que retomo y exploro el erotismo desde distintas facetas”, puntualiza.

“La novela explora el origen como una realidad. Al tratarse de una novela corta, no hay cabida para el desperdicio y es necesario el uso de campos semánticos concretos. Nada se deja inconcluso ni está por hacer. Mi novela es un punto de vista acerca del origen”.


Con información de Agencias