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CULTURAS

Rossana Filomarino, pieza clave de la danza mexicana, está de fiesta

La coreógrafa mexicana de origen italiano celebra 70 de edad, 50 de carrera y 25 al frente de la compañía DramaDanza. Sus piezas escénicas son única, nadie ha igualado los movimientos que realizan sus bailarines. 
Rosario Reyes
28 julio 2015 22:11 Última actualización 29 julio 2015 5:0
Rossana Filomarino celebra medio siglo de carrera artística. (FOTO: Braulio Tenorio)

Rossana Filomarino celebra medio siglo de carrera artística. (FOTO: Braulio Tenorio)

Recién terminados sus estudios en Roma, Rossana Filomarino llegó a México y fue protagonista, junto a otros coreógrafos extranjeros, de la renovación de la danza encabezada por el Ballet Nacional de México que Guillermina Bravo fundó en 1948.

Filomarino arribó a México cuando tenía 20 años. Contratada como profesora, debutó en Bellas Artes en 1965, el mismo año de su llegada, con una coreografía suya. Cuenta la artista que pasa por el triple festejo de los grandes: 70 de edad, 50 de carrera y 25 al frente de la compañía DramaDanza.

“Apenas empezaba a definir cómo iba a hacer mi carrera profesional y se me abrieron todas las puertas, las puertas grandes, en la mejor compañía de México. Hace 50 años pisé por primera vez el Palacio de Bellas Artes, además, el trabajo del Ballet Nacional me entusiasmaba mucho, era la coincidencia estética del momento de la danza”, recuerda en entrevista minutos antes de iniciar un ensayo de Danza al filo, el espectáculo con el que celebrará su trayectoria este viernes y sábado en el Palacio de Bellas Artes.

Para la celebración, Filomarino ha preparado el estreno de Ditirambo, en un programa que incluye dos reposiciones: A mis soledades voy (1997) y Los jardines del alma (2007).

La coreógrafa reconoce que su estilo es único. “Nadie hace que los bailarines se muevan así, esa ha sido mi búsqueda”, sostiene. “Sé que tengo obras que han marcado pautas, como Mitomorfosis, Las visiones de San Juan, Sol de viento, Sesión de vals para seis, que fue para el Ballet Nacional”, precisa , y advierte que sin libertad no se puede crear. “Yo tengo inquietudes y las expreso”.

En Ditirambo, musicalizada por su hijo Rodrigo Castillo Filomarino, presenta una alegoría de la vida dividida en tres partes: La gota de rocío, Las grandes olas y El peine de los vientos. El montaje surgió de la emoción que le causó ver las esculturas de Chillida en San Sebastián.

“Esas enormes esculturas en el mar que reciben la fuerza de las olas, pero también te muestran un camino de luz en medio. Son metáforas de sensaciones y sentimientos que todos tenemos y eso es lo que tratamos de compartir, imágenes de lo que podría ser un recorrido por la vida, que concluye con un cierto equilibrio interno, al que se llega en la madurez”, refiere.

Sin embargo, ella prefiere hablar de perfección (“hasta donde existe, que la perfección no se alcanza, pero esa es la idea, que todo lo que hagamos aspire a ser casi perfecto”) a propósito de los 25 años de DramaDanza. “La danza pasa primero por los sentidos y luego al intelecto, eso es una maravilla, porque uno se queda fascinado, más bien tocado por la energía de los bailarines, y después piensa. Nosotros trabajamos más con la intensificación de la energía en movimientos pequeños y que logren hacerse muy significativos, que en una gran amplitud que va por todos lados”.

Danza al filo, como ha llamado al espectáculo con el que celebra sus años de creación, es un guiño a su forma de trabajo y a las dificultades que tiene que sortear la danza en México. “Yo siempre pongo a los bailarines en riesgo, al límite, trabajamos tomando riesgos emocionales. Danza al filo tiene el juego de mi apellido: a mí los amigos me dicen La Filo, pero también es la idea de estar al borde y con peligro, porque esa es la trayectoria de DramaDanza, siempre estar al filo de la navaja y al filo de la danza”.

La creadora reconoce que ha tenido muchos apoyos del Fonca. “Pero creo que todos me los he merecido”, dice. “Gracias a ellos ha podido ser menos difícil, que no más fácil, la permanencia en la escena. Igual lo hubiera hecho, pero a lo mejor con menos obras; no sé, no puedo saber lo que hubiera sido y no fue, como dice el bolero”.

El público de la danza es indescifrable, reflexiona quien está por estrenar su montaje número 74.

“Hace unos años DramaDanza tenía su público y sabía lo que iba a ver, pero como las funciones se han separado tanto, ya no son tan seguidas para nadie, el público también se pierde”.

Filomariono se detiene a pensar en la manera en que se ha explayado con otros seres a lo largo de tantos años. “Eso es lo que realmente me da mucha satisfacción. Todos los bailarines, los que he formado, los que han participado en DramaDanza, los compañeros con los que he bailado en el Ballet Nacional, los músicos, las vestuaristas, los iluminadores, la costurera, el productor, es un ejército con el cual he compartido las cosas más bellas de la vida”.

Ella es ya una pieza fundamental en la cultura mexicana.