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Rick’s Café: El hombre visible

10 febrero 2014 5:19 Última actualización 02 julio 2013 6:2

[Cuartoscuro]


 
 
José Felipe Coria
 
Es 1924. Cuando el cine expresionista alemán era la vanguardia. Momento en que la cinematografía se concebía por completo en silencio.
 

Año en el que las estrellas dominaban, el arte fílmico no se consideraba como tal, y los experimentos globales estaban a la orden del día.
 
Ese 1924 el concepto Séptimo Arte, acuñado en 1911 por Ricciotto Canudo (1879-1923), comenzó a dar frutos en la teoría pura, en esa originalidad absoluta que era para ese entonces el pensamiento sobre cine.
 
Ese año el primer gran teórico del arte en movimiento Béla Balázs (1884-1949) dio a la imprenta 'El hombre visible, o la cultura del cine' (El Cuenco de Plata, 2013).
 

'El hombre visible' marca un antes y un después para el análisis fílmico. Aunque Canudo tuvo el privilegio de numerar al nuevo arte, pocas veces se había internado alguien al interior del fenómeno cinematográfico con tal profundidad como Balázs.
 

El reseñismo abundaba y la mayoría de las aproximaciones al cine se hacían desde una mesurada observación que sólo consideraba al argumento de la cinta como válido.
 
Ocasionalmente la imagen recibía ciertas menciones cuando se trataba de comedia. El auge del cine estaba en el naciente star system. Algo no tan local como podría parecer, puesto que los astros mundiales eran una realidad.
 
La constelación que encabezaban las divas italianas era inmensa ante la evidencia de que la estrella fílmica era una novedad absoluta al sostenerse sólo con su gestualidad, con sus rasgos faciales, con su contenida mímica. El imperio fílmico del primer plano creó toda una vía láctea de personalidades que alentaron la latría del espectador.
 
Por supuesto, había algo más y es lo que Balázs revela en este texto ya clásico.
 

Cada actor cinematográfico con sus gestos creó una dramaturgia y una mitología; fundó una forma de ser y de hacerse público.
 
Así fue desvelándose la sustancia fílmica basada en la poética del tipo, la fisionomía, la mímica, el primer plano y, por supuesto, el rostro. Esta teoría primordial no concebía al cine como algo que debiera hablar. De ahí su trascendencia.
 
Balázs estudia el fenómeno fílmico excluyendo al director como creador y responsable del filme. Sólo quien estaba frente a la cámara valía.
 

Es la concepción de que el filme crea una conducta pública a partir de la imagen de los actores y de sus expresiones. El concepto de cosmovisión cinematográfica en Balázs se inspira por supuesto en las estrellas.
 

Esto que podría pasar ahora como anacrónico y lleno de nostalgia, leído con la perspectiva de su tiempo revela que el cine estaba creando un hombre visible y una cultura inspirada en él. Ello devino en una exaltación del astro, pero también en una comprensión de esos iniciales géneros que se arraigaron: el melodrama y la comedia.
 
La edición actual de 'El hombre visible' incluye 2 retratos narrativos que Balázs hizo a Chaplin y Asta Nielsen. No son tanto una exaltación de los actores, sino una contemplación como iconos de la era. Balázs de alguna manera los presenta como signos y significantes de las escuelas dominantes de entonces. En este sentido, la cosmovisión de Balázs se basa no en lo épico sino en lo lírico.
 
El hallazgo fundamental de Balázs está en que en su sistema de análisis, siempre fragmentario y casi dado al aforismo, parte del rostro para desglosar lo que percibe alrededor del mismo.
 
Es así que crea un sistema que de lo específico pasa a lo general, condensando lo fílmico en el movimiento de la imagen y en las diversas analogías que le inspiran. Con ello deriva en una primitiva teoría del montaje en donde se combina personaje, paisaje, argumento y fotografía para presentar lo específico que es un filme.
 
No hay que olvidar que el ensayo fue escrito en 1924, cuando el cine ya había evolucionado sorprendentemente y articulaba discursos coherentes sin necesidad de diálogos. Así que las opiniones de Balázs cobran actualidad; sirven como herramienta para estudiar la tendencia contemporánea del hipervisualismo.
 
Esta atractiva edición que pone en circulación las ideas y reflexiones de un pionero se acompaña de un extenso posfacio de Helmut H. Diederichs, un epílogo del mismísimo Robert Musil que celebra la nueva estética fílmica desglosada y estudiada por Balázs, y la reseña que en su momento escribiera ese otro teórico pionero del cine que fue Siegfried Kracauer. Una joya para cualquier cineadicto.