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Revancha marginal

El atentado en Niza revela otra cara del terrorismo: la exclusión cultural. Y es que, tras el último ataque, Francia por fin ha comprendido algo fundamental: la amenaza viene de adentro, no de afuera, advierten especialistas.
Eduardo Bautista
18 julio 2016 21:17 Última actualización 20 julio 2016 20:3
Los especialistas coinciden en que los ataques terroristas continuarán en los próximos meses. (Reuters)

Los especialistas coinciden en que los ataques terroristas continuarán en los próximos meses. (Reuters)

Francia ha sido atacada por el yihadismo tres veces en 18 meses. Sin embargo, el último atentado en Niza tuvo un significado muy particular. En primer lugar, porque se realizó el día de la conmemoración de la Revolución Francesa.

“Es un golpe muy claro a lo que significa ser francés”, observa la antropóloga del CIDE Camila Pastor. Pero también porque revela que el terrorismo se encuentra íntimamente relacionado con la violencia doméstica, y no siempre tiene que ver con una planeación a gran escala, advierte el escritor Alberto Ruy Sánchez.

Mohamed Lahouaiej-Bouhlel, autor del atentado del pasado jueves en el que murieron 84 personas, no encaja en el estereotipo del fanático religioso. Su padre asegura que bebía alcohol en exceso, comía carne de cerdo y ni siquiera iba a la mezquita. Su radicalización islámica fue tardía y misteriosa. Tenía tres hijos y golpeaba a su esposa.

“No se ha puesto el énfasis suficiente en que este hombre ejercía la violencia como norma de vida. Lo que cometía en su hogar es una reproducción más de la violencia social en la que caben todos los irracionalismos, desde la locura hasta el yihadismo”, destaca Ruy Sánchez.

Y es que, tras el ataque en Niza, Francia por fin ha comprendido algo fundamental: la amenaza viene de adentro, no de afuera, señala Pastor. Éste, dice, no es un problema que vaya a resolverse con bombardeos o técnicas contrainsurgentes. Se trata de una situación muy compleja en la que la sociedad francesa deberá enfrentarse a sus fobias y frustraciones.

“En el último año y medio hemos visto que el terrorismo no se planea de forma central e institucionalizada, como lo fue el ataque a las Torres Gemelas. Ahora son individuos solitarios los que cometen crímenes en nombre de ISIS. Esto ha generado un miedo distinto en la sociedad europea”, comenta Pastor.

Es justamente ese temor al terrorista salido de la nada el que ha radicalizado profundamente a la sociedad francesa. La presidente del Frente Nacional, Marine Le Pen, dijo hace un par de días: “la guerra contra la plaga del fundamentalismo islamista no ha comenzado; es urgente declararla”.

El ensayista francés Philippe Ollé-Laprune alerta sobre el surgimiento de una nueva cultura radical en Francia y el resto de Europa, que podría convertirse en un aliciente fundamental para los grupos extremistas de cualquier religión.

“El proceso de radicalización es un hecho. A lo que ahora estamos asistiendo es a una intolerancia muy desagradable en la que hay que poner especial atención a las declaraciones de la ultraderecha francesa, que han sido nefastas”, agrega.

El objetivo de los ataques terroristas no sólo es matar gente, sino radicalizar a la sociedad, considera Ruy Sánchez, doctor en Letras por la Universidad de París. “Que la derecha se vuelva más de derecha y la izquierda más de izquierda. El atentado en Niza demuestra que una situación personal y doméstica fue llevada al extremo del ataque social”.

El yihadismo actual ya no actúa contra una fuerza política determinada, sino contra una forma de organización social que se ha privilegiado en los países democráticos, advierte Pastor, quien observa que, desde los años 90, la Unión Europea apostó por una diversidad social, racial y cultural a través de la aceptación de migrantes de todas las latitudes.

"La asimilación de la población musulmana ha sido más fuerte en Francia que en otros países, pero esta integración nunca será total, porque antes tiene que pasar por un mestizaje de varios siglos, y eso es justo lo que está sucediendo ahora. Las primeras reacciones a esa fusión han sido de temor", señala Ruy Sánchez.

Muchos inmigrantes musulmanes no se sienten lo suficientemente asimilados por la cultura occidental. Muchos de ellos viven en las periferias de las grandes ciudades y tienen trabajos poco remunerados. “Miles de desplazados llegaron con una idea de ser franceses, pero no lo lograron. Ahora son sus hijos o sus nietos los que responden violentamente ante el fracaso de este proyecto con el que llegaron a Europa. Lo que estamos viendo es una reproducción de la marginalidad”, comenta Pastor.

"En Europa existe un miedo latente al mestizaje. El proyecto europeo se basa en la multiculturalidad, que consiste en la convivencia de dos culturas, para cada una en su propio camino. En Francia existen muy pocas parejas interraciales e interreligiosas. Es como querer estar juntos, pero no revueltos", abunda la experta.

Ollé-Laprune advierte además sobre el error de tomar como terroristas a los integrantes de la población musulmana. En Francia, dice, hay una gran cantidad de familias binacionales, sobre todo de aquellos países que fueron colonias francesas, como Argelia y Túnez. “El 99 por ciento de los musulmanes rechaza el islam radical”, acota Pastor.

Los especialistas coinciden en que los ataques terroristas continuarán en los próximos meses. Francia, hasta ahora, ha sido el país más maltratado, pero hay otros que corren un riesgo inminente, como Inglaterra o España.

“Francia ha sido víctima porque fue uno de los países más activos en la colonización del Norte de África y el reparto de territorios. Además, su sociedad ha sido más abierta a recibir poblaciones de diversos orígenes. Es la cuna de los derechos humanos desde la posguerra y la Revolución Francesa”, sintetiza Ruy Sánchez.