AFTEROFFICE
DEPORTES

Resurge Roberto Aguayo

Con un mal arranque en su temporada como novato, y a pesar de la presión y las complicaciones mismas del estadio de Tampa Bay, el pateador mexico-estadounidense se sobrepone gracias a su fuerza y precisión de golpeo.
Alaín Arenas
14 diciembre 2016 23:21 Última actualización 15 diciembre 2016 4:50
(buccaneers.com)

El mexico-americano llegó a Tampa Bay tras egresar de la Universidad de Florida State. (buccaneers.com)

Roberto Aguayo egresó de la Universidad de Florida State como el segundo mejor pateador en cuanto a goles de campo acertados en la historia de la institución, al completar 69 de 78 intentos. La estadística llamó la atención de los Bucaneros de Tampa Bay, que en el Draft de abril pasado cambiaron su tercera y cuarta ronda para elegir al mexicoamericano con la selección global 59; la franquicia nunca había escalado tan alto en el selectivo para elegir a un pateador.

“Llegó con mucha presión a la NFL por el canje que hizo el equipo. En el campamento de entrenamiento, todas las miradas de entrenadores, medios de comunicación y aficionados estaban sobre de él”, comenta Raúl Alegre, ex pateador que jugó entre 1986 y 1991 con los Gigantes de Nueva York, a El Financiero.

Cuando inició la pretemporada falló dos goles de campo y un punto extra. En el inicio de la campaña regular, su rendimiento no se modificó y su efectividad empeoró, al errar cuatro goles de campo y un punto extra.

“Su problema no fue por poca potencia en su pierna o por ser impreciso, su debilidad fue mental. La confianza en algunos pateadores es endeble si se presenta un error, que puede desencadenar en más fallas. También le afectó el cambio de normas del futbol americano colegial a la NFL.

El punto extra se patea más lejos en el profesional que en el universitario, ese fue un factor al que le costó adaptarse. Proviene de una generación en Florida State que tenía una ofensiva muy potente y que sus intentos de goles de campo no definían regularmente los partidos. En Tampa Bay hay más probabilidades de que sus patadas definan el rumbo del juego”, añade Allegre.

Desde que registró sus intentos fallidos en pretemporada buscó asesoría, según una nota publicada en el portal de la NFL en agosto pasado, con el ex pateador de Minnesota y Green Bay Ryan Longwell, quien lo ayudó a mejorar su técnica de pateo. La ayuda parece que funcionó, debido a que desde que el equipo tuvo su semana de descanso en la fecha 6, ha completado 14 de 17 goles de campo y sólo falló uno de 18 puntos extra.

“Mucha gente piensa que ser pateador en los equipos de Florida es fácil por el clima, pero es muy complicado al menos en el de los Bucaneros, porque los vientos cambian constantemente la dirección del ovoide. Hay ocasiones que te guías por las banderas para ver en qué dirección sopla el viento, pateas en esa orientación y luego una ráfaga lo desvía para que falles la patada”, explica Martin Gramática, ex pateador de Tampa Bay entre 1999 y 2005.

“La forma en que está construido el inmueble también afecta a los pateadores. No tiene las gradas parejas, porque en las cabeceras tiene el marcador electrónico y en la otra un barco que funciona como zona VIP para los aficionados; eso produce que se presenten ráfagas de aire en múltiples direcciones”.

El balón que se utiliza en la NFL mide 72 centímetros de ancho, dos más que el del futbol americano colegial. En peso, el profesional pesa 425 gramos, 12 menos que el universitario. “El ovoide que se utiliza en el profesional tiene mucho menos agarre al del colegial, lo cual incrementa las posibilidades de que no se produzca un buen centro, que el detenedor no coloque bien el balón o que el pateador no le dé de lleno cuando intente su patada. Aguayo poco a poco se adaptó a los cambios y se notó en el emparrilado”, agrega el argentino, campeón del Super Bowl XXVII con los Bucaneros.

Sigue su ejemplo

Roberto no es el único de los Aguayo que practica futbol americano. Su hermano menor, Ricky, también lo hace como pateador. El más joven aprovechó que su familiar se fue a la NFL para ganarse un puesto en el roster de Florida State. Posteriormente, convenció al coach Jimbo Fisher y se ganó la titularidad. En 12 juegos que disputó en 2016, anotó 17 de sus 24 goles de campo y no falló ninguno de sus 48 puntos extras.

“Tuvo la misma fortuna de Roberto en ser titular desde su año como novato. Se le parece en la potencia que tiene en la pierna, aunque es menos preciso.

La complicación que tiene Ricky es que el equipo no es tan potente como fue el que le tocó a su hermano, en donde incluso se coronó campeón nacional. Si hace un buen papel podrá dar el salto a la NFL.

Se encuentra en una universidad y en una conferencia de las más potentes en el futbol americano colegial”, explica Pablo Viruega, analista de futbol americano de la cadena ESPN.