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libreta de apuntes

'Ratonesplatz'

El equipo de Osorio ha sido apabullado, paseado de la forma más vergonzosa posible por una juvenil versión de 'La Maquinaria' alemana. No tuvo manera de meter las manos; antes de diez minutos de partido el cuadro de Löw ya ganaba por dos.
Mauricio Mejía
29 junio 2017 19:3 Última actualización 29 junio 2017 19:9
Osorio desconoce la corrección en marcha. (AP)

Osorio desconoce la corrección en marcha. (AP)

Manuel Seyde acuñó el apodo cuando la Selección mexicana asistía a los mundiales “para agarrar fogueo”. También dio vida al mal del “Jamaicón”, ese que sufrían los integrantes del equipo cuando las giras mundialistas. Han cambiado las formas, pero el síntoma prevalece. El equipo de Osorio ha sido apabullado, paseado de la forma más vergonzosa posible por una juvenil versión de La Maquinaria alemana. No tuvo manera de meter las manos; antes de diez minutos de partido el cuadro de Löw ya ganaba por dos. Y sobrado. El manotazo de realidad fue letal, como el plomo. Inseguro, torpe, desorganizado el once verde era de una palidez de espanto: incapaz en la defensa, viejo en el medio campo y muy lento para fabricar llegadas.

El sistema alemán ventilo las averías mexicanas usando el clutch. Cuando el Audi quería velocidad la lograba con asombrosa rapidez; cuando bajaba a segunda, lo hacía con la naturalidad que tienen los gatos con sus presas; cuando quería atacar con potencia no encontraba respuesta alguna. Alemania se divertía con una de las peores formaciones del colombiano. Cuando Alemania entregó la pelota, los mexicanos dejaron ver su falta de imaginación e incompetencia: no se dieron cuenta de la estatura de los rivales y mandaron centros sin ton ni son, como las presas que no cobran dimensión del depredador. Fue terrible. Penosa actitud de la mejor oncena en años. La mexicana era una selección harapienta, vagabunda entre sus pasados y sus traumas. Por momentos pareció ver aquel juego del Mundial del 78, cuando los alemanes la arrollaron 6-0.

Ni con la pelota o sin ella, el míster parecía tener respuesta a la avalancha germana. También se evocó al 7-1 ante Chile. Osorio desconoce la corrección en marcha. Se juega los naipes sin pedir cambio en el pókar del azar. Sucumbe ante el abismo de sus barbaridades. Egoísta hasta el límite. No dirige a un cuadro de hombres talentosos; no. Intenta llevarlo al golpe de mandato simplón. Testarudo, solemne y enano cree estar por arriba de sus muchachos. Y echa a perder cualquier gracia. Alemania le ha echado en cara que en el futbol importan el conjunto y el orden. Con qué facilidad le tiró el esquema, con qué placer se burló de sus desplantes de genio, con qué desparpajo y picardía le puso en su lugar. Osorio cree que la rotación es un método, así de elemental su idea del balompié. Y así de frágiles sus pobres argumentos. Alemania ha hecho añicos al falso Moisés de pacotilla. Löw tiene una ascendencia entre sus jugadores porque los respeta. Osorio tiene como único reglamento el fomento de sus torpezas, va derecho y no se quita.