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Raquel Tibol deja un vacío en el ámbito del arte

Con esa voz firme que la distinguió siempre, Raquel Tibol contestó el teléfono: "No puedo darle mi opinión porque no he visto la exposición", dijo rigurosa. Se le buscaba para pedirle, como siempre, una luz para una nota de prensa, en agosto pasado.
Redacción
23 febrero 2015 22:10 Última actualización 24 febrero 2015 5:0
Sin adioses. La crítica de origen argentino pidió prescindir de exequias. (Cuartoscuro)

Sin adioses. La crítica de origen argentino pidió prescindir de exequias. (Cuartoscuro)

Con esa voz firme que la distinguió siempre, Raquel Tibol contestó el teléfono: “No puedo darle mi opinión porque no he visto la exposición”, dijo rigurosa. Se le buscaba para pedirle, como siempre, una luz para una nota de prensa, en agosto pasado. “Estoy en cama. Tengo 91 años y un cáncer en fase terminal”.

Directa, como era, se despedía. Ya se anunciaba el vacío que la crítica e historiadora del arte dejaría y que, a su partida, el pasado domingo, envuelve a la comunidad artística y académica de México.

“Se pierde la ética extraordinaria que tenía. Tenía una preparación intelectual envidiable que la hacía ser precisa en sus opiniones; su legado es la búsqueda por la preparación crítica y del trasfondo de las lecturas”, dice Gabriel Weisz, artista plástico, al igual que su madre Leonora Carrington.

Para Juan Carlos Pereda, subdirector de Colecciones del Museo Tamayo, la investigadora de origen argentino fue un baluarte nacional. “No podríamos entender el proceso creativo de la primera mitad del siglo XX en México sin ella. Su lugar en la crítica y análisis del arte moderno mexicano durante la segunda mitad del siglo también fue determinante”, considera quien trabajó con ella en la curaduría de una muestra del pintor oaxaqueño.

Enrique Franco Calvo, autor del libro Nueva plástica mexicana, para el cual entrevistó a la investigadora, recuerda su disciplina. “Ella veía la crítica con una posición intelectual desde la cual hay que observar el quehacer de otros con un rigor que no permitía el cantinfleo, que no se dijera algo de manera gratuita, sin tener un sustento”.

Para los artistas también fue un referente y un apoyo. “Con una enorme generosidad, Raquel Tibol tocó, analizó y ayudó a todos los pintores emergentes, dándonos un lugar, centrándonos en nuestras capacidades aún ambiguas. Lo hizo con precisiones de valor así como con críticas devastadoras, al grado de generar por un lado un sentir de ser expulsado del Parnaso, y por otro lado, una confianza al buscar su honesta opinión”, comenta el pintor Manuel Marín. “Además de ser uno de los grandes pilares de la historia del arte mexicano, fue una excelente amiga, con un gran sentido del humor”.