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Ramón Xirau y su eterna relación con lo divino

El filósofo recibirá este viernes un homenaje de cuerpo presente en El Colegio Nacional; sus colegas Ernesto Priani, Teresa Padilla, Renato Sales y el historiador Javier Garciadiego lo recuerdan.
Eduardo Bautista
27 julio 2017 22:26 Última actualización 28 julio 2017 5:0
Ramón Xirau

Ramón Xirau

Octavio Paz lo definió como “el eterno joven”, porque nunca perdió su capacidad de asombro. Fue justamente esa curiosidad nata la que llevó a Ramón Xirau —fallecido ayer en la Ciudad de México a los 93 años por causas naturales— a buscar en la filosofía la respuesta a la pregunta esencial: ¿quiénes somos?

Su inquebrantable camino de filósofo, poeta y profesor lo llevaron a descubrir que, como diría Nietszche, el hombre es un ser inacabado, asegura en entrevista su colega y exalumna Teresa Padilla. Sólo que él no lo atribuyó a la voluntad de poder, como el pensador alemán, sino a la conexión con la divinidad.

Xirau creía que un hombre no puede estar completo si no tiene una relación profunda con lo sagrado. La pérdida de la noción de Dios era uno de sus ejes temáticos fundamentales. Si lo divino ha perdido su debida dimensión, decía, los seres humanos difícilmente podrán encontrar paz en su civilización”, dice Padilla.

El filósofo y académico de la UNAM, Ernesto Priani, recuerda a quien fue distinguido -entre otros reconocimientos- como Caballero de las Artes y de las Letras de Francia, como un pensador en toda regla. Alejado de toda burocracia. Un pensador libre que iba al encuentro de las ideas donde quiera que éstas estuvieran: en místicos, poetas, filósofos. “Su saber era verdaderamente enciclopédico”.

Ramón Xirau llegó a México en marzo de 1939. Años antes su familia lo envió a Marsella para protegerlo de los horrores de la Guerra Civil Española. Su padre, el filósofo catalán Joaquín Xirau Palau, jugó del lado de los republicanos. Los Xirau —escribe José de la Colina, otro exiliado español en México, en un artículo para Letras Libres en 2014— pertenecían a una estirpe grande y luminosa que celebraba la libertad.

“Sólo para darnos cuenta de su magnitud intelectual, la persona que dio las referencias necesarias al gobierno mexicano para que los dejaran ingresar al país fue Alfonso Reyes”, refiere el historiador y director de la Capilla Alfonsina, Javier Garciadiego.

“Era un hombre comprometido con las instituciones mexicanas, profundamente vinculado a la UNAM, a la Academia Mexicana de la Lengua y al Colegio Nacional. Fue una columna vertebral para la cultura mexicana”.

El autor de Palabra y silencio fue un maestro en sentido amplio, que formó a decenas de generaciones en la Facultad de Filosofía y Letras, donde enseñó por más de medio siglo e impartió la materia de Historia de las Ideas. Priani recuerda que no hablaba: murmuraba. Era, dice, de un ingenio particular, culto, educado y ligero; hacía mofa de todo y de todos.

El filósofo Renato Sales recuerda sus seminarios sobre San Juan de la Cruz, Quevedo y Heidegger, o los que reflexionaban sobre Rilke y Trakl. “Son el ejemplo de la síntesis posible entre poesía y pensamiento”.

Padilla sostiene que, hoy más que nunca, México precisa de pensadores tan cabales como Xirau, quien creía que el hombre nunca alcanzaría la paz social mientras no gozara de paz interior. “En estos momentos de terrible violencia y caos resulta fundamental regresar a los estudios que hizo sobre pensadores como Teilhard de Chardin, Heidegger, Wittgenstein o Simone Weil. O sobre místicos como San Juan de la Cruz, Maestro Eckhart y Edith Stein. Xirau consideraba que el ser humano vale en la medida de sus capacidades para relacionarse con los otros”, señala.

La trascendencia de Xirau, opina Garciadiego, es inconmensurable. Con su partida, dice, México pierde a uno de los últimos protagonistas del Exilio Español, a un gran poeta, un valorador de la lengua catalana, un agudo filósofo y un enorme crítico literario.

Fiel a la tradición sofista, dice Padilla, Xirau luchó por difundir la filosofía y la poesía como vocaciones esenciales; no útiles. Viajó por el mundo para rescatar las diferentes místicas, y luego relacionarlas con el conocimiento y la poesía. Pero también -apunta Priani- encarnó el vínculo entre la cultura europea —sobre todo española— y la mexicana, observa Priani.

Su libro Introducción a la Historia de la Filosofía (1964), considera Padilla, es un clásico que ha guiado a miles de estudiantes de preparatoria o universidad, con quienes siempre estuvo dispuesto a sorprenderse y asombrarse.

Ramón Xirau recibirá este viernes un homenaje de cuerpo presente en El Colegio Nacional y será enterrado en el Panteón Español. Su legado permanecerá en el mundo de las ideas, aunque en el mundo de los hombres su pérdida sea irremediable.