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culturas

¿Quién que es mexicano no es guadalupano?

México, en estos días, es guadalupano. No importan los credos, las filias ideológicas o incluso filosóficas, México es un país guadalupano, precisamente porque ríos de fieles siguen sus propios pasos, año con año, década a década, hacia la Basílica.
Gonzalo Valdés Medellín*
12 diciembre 2014 11:50 Última actualización 12 diciembre 2014 12:2
Peregrino en la Basílica de Guadalupe

Peregrino en la Basílica de Guadalupe. (Cuartoscuro)

Desde los primeros días de diciembre –y quizá desde los últimos de noviembre- los fieles devotos de la Virgen de Guadalupe van llegando hacia el día de la Adoración en la Basílica de Guadalupe: el 12 de diciembre, en que, empezando por cantarle las Mañanitas a la Morena del Tepeyac, podrán dar rienda suelta a sus ruegos, a sus rezos, esperando que sus plegarias sean atendidas por la divinidad, por la Madre Eterna de todos los mexicanos.

Porque México, en estos días, es guadalupano. No importan los credos, las filias ideológicas o incluso filosóficas, México es un país guadalupano, precisamente porque ríos de fieles siguen sus propios pasos, año con año, década a década y desde tiempos inmemoriales; van a agradecer también la vida, y el que se tenga –o se haya tenido- casa, comida y sustento.

Por Avenida de los Misterios, por Cien Metros, por Insurgentes Norte, los peregrinos vuelven a aparecer con la fe a cuestas y es entonces que en muchas calles del Distrito Federal la imagen de la guadalupana aparece a la menor provocación. Va la gente deambulando por Misterios y son pocas las ventanas de las casas y departamentos que no muestren aunque sea un cuadro de la Virgen de Guadalupe, e incluso también de Juan Diego, ya San Juan Diego, santo canonizado en el Vaticano, para que sepan los enterados que se ha reconocido el derecho de los indígenas a ser fidedignamente representados en el santoral.

Porque la Guadalupana es de todos los mexicanos, pero San Juan Diego dicen que es nomás de los inditos como él, de los que hay muchos en el país y que, han dicho los gobiernos una y otra y otra vez: “son una de las preocupaciones más fuertes del Estado mexicano”.

“La Guadalupana, La Guadalupana bajó al Tepeyac…”, se oye el pregón continuamente en esa Calzada de los Misterios que anida –o quiere anidar- todavía hoy los misterios de las apariciones de la Morena al indio Juan Diego. Y es tan universal esa fehaciente manifestación del misterio sacro, que aún el pop no ha podido escapar de él y entre los pregones del pueblo auténtico, del fidedigno peregrino, se cuela con luz de reflectores la voz del cantante Emmanuel que ha hecho una versión muy suya, popera, del pregón para agradecer a la virgencita morena…

¿Y qué puede agradecer un cantante como Emmanuel? Ahí está sonando su versión de “La Guadalupana”, como suena la canción rockera del Tri “Virgen Morena”,compuesta e interpretada por Alex Lora, que cuando fundó su conjunto musical era ya bastante espiritualizado, porque antes que simplemente Tri, era el Three souls in my mind (Tres almas en mi mente); ahora con esta canción a la Lupita Santa que vela por el bien de los mexicanos, Lora hace que el rock se impregne de fervor guadalupano, ése del pueblo que, llegando a los alrededores de la Basílica de Guadalupe, lo hace enterado de que habrá de entrarle a la vendimia.

Porque no se puede ir sin varo a la Basílica, y menos el mero día 12 de diciembre en que hay que ir a perderse entre la turba y matar el hambre con alguna gordita de chicharrón, una quesadilla de flor de calabaza, un pambacito, una tostada de pata, unos cueritos en vinagre o quizá, mejor, con una hamburguesa al carbón, unas banderillas de salchicha bañadas en cátsup y mostaza, como pa’ sentirse un poquito gringos… Y tacos de canasta, tamales y atole, postres de todo tipo… Y en los establecimientos todo sube, porque la vida está muy cara, porque las rentas están muy altas y pues sólo así sale pa’ pagar, poniendo todo más caro… Pero también hay que entrarle a la compra de estampitas, no sólo de la virgencita, sino del San Juan Dieguito, y de tantos santos que se apuntan a salir a la venta, entre ellos nada menos que San Juan Pablo I, el llamado Papa Bueno, del que ya fabrican en serie estatuillas de yeso, y botellitas de plástico con agua bendita, acompañando a la festejada Virgen…

Llegar hasta la Basílica es una tentación continua. Tanto se vende por ahí y por allá que algo se tiene que mercar, aunque sea una crucecita de paja con una mal pegada estampita, al tiempo en que los danzantes concheros acometen con ese rito fascinante del espectáculo de sus vestimentas autóctonas y de reminiscencias aztecas para incentivar la luz de Tonantzin… Y cuando se llega al templo, todo debe ser rápido, expedito: santiguarse frente a la virgen, hacer una oración compacta casi como un telegrama mental, te pido esto, ayúdame a l’otro, gracias por curarme, por curarnos, por curar y te rogamos que haya justicia en México y vuelvan con vida los 43 estudiantes de Ayotzinapa porque vivos se los llevaron y vivos los queremos (no en dos pedacitos como el que ya hallaron)…

Y al salir de ahí, los puestos de películas pirata en dvd y blue-ray ofrecen la variedad de cintas mexicanas sobre el tema, por si el peregrino quiere regresar a su casa a seguir metido en la fiesta de Guadalupe viendo La virgen que forjó una patria, con José Luis Jiménez como Juan Diego, o La virgen de Guadalupe, con Fernando Allende como Juan Diego, o Guadalupe, con José Carlos Ruiz como Juan Diego…

Porque siempre al retornar al hogar, el influjo de la adoración a la Morena del Tepeyac habrá de convertirse ¡en pachangón!, oyendo las Mañanitas -cantadas por las estrellas del Canal de las Estrellas-, entrándole sabroso a los tamales, tortas, sángüiches, con su ponche, su chela, su tequilazo, jolgorio organizado todo por los vecinos en los edificios de apartamentos (como en las viejas vecindades de los años 50 del siglo pasado que tanto se ven en las películas que también pasan por televisión a cada rato) y bailando con Los Ángeles Azules esa rola que desde los 90 es un éxito y que bien se le puede dedicar a la Virgencita de Guadalupe, madre bondadosa, porque le queda, le queda: “Si besando la cruz estás tú/rezando una oración estás tú/cómo te a olvidar… Si en una rosa estás tú/ si en cada respirar estás tú/cómo te voy a olvidar…” Y al ritmo del bailongo cumbanchero y sentimental sentirse bien, pero rete bien guadalupano, porque parafraseando a Rubén Darío: ¿quién que es mexicano, no es guadalupano?

*Escritor y editor