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cultura

Samperio, punto final

Muere Guillermo Samperio, el escritor que hizo del periodismo una plataforma para promover el gusto literario, considerado por sus amigos como un personaje excéntrico de las letras mexicanas.
Rosario Reyes
14 diciembre 2016 22:18 Última actualización 15 diciembre 2016 5:0
Guillermo Samperio falleció este miércoles. (Especial)

Guillermo Samperio falleció este miércoles. (Especial)

Era un loco. Así recuerda a Guillermo Samperio el filósofo Óscar de la Borbolla, quien compartía la misma página con el fallecido escritor en el suplemento cultural de El Nacional a mediados de 1980. Ahí también publicaron sus primeros textos periodísticos Jorge Meléndez y Humberto Musacchio, jóvenes escritores a quienes años más tarde Gerardo de la Torre incluyó en su novela La línea dura, como el grupo Honor, prejuicio, trago y cultura. Samperio fue el más excéntrico de ellos.

“Tenía una locura divertida, creativa. Recuerdo una vez, hace no mucho tiempo, que me lo encontré en una cafetería, con los pelos pintados de rosa, y me señaló el último centímetro cuadrado de piel en el cuello donde le faltaba hacerse un tatuaje”, comparte De la Borbolla.

Lo conoció cuando publicaban sus columnas Reflexiones en el sueño y Los cuadernos del muñeco, respectivamente, en El Nacional. El rostro de Lennon en su antebrazo izquierdo era uno de los tatuajes más visibles con los que Samperio fue cubriendo su cuerpo a lo largo de los años.

Su talento como cuentista alimentó el oficio de reportero, dice el periodista Jorge Meléndez. “Aparte de ser literato, toda su vida estuvo en medios; la última vez que vi sus colaboraciones fue en el portal Sin Embargo. Sin dedicarse a la política, en sus escritos anticipó algo del ambiente terrible que vivimos ahora. Hace muchos años, él venía advirtiendo del avance de la derecha”, asegura.

“En Lenin y el futbol mezcla la fantasía con la enseñanza marxista; si bien no fue un periodista político, en su literatura sí trataba asuntos políticos. A pesar de que se alejó, como muchos, de una izquierda que se quedó anquilosada, ponía en acento en criticar a los poderosos, sobre todo a aquellos que asumiéndose como izquierda, en realidad iban al centro o incluso estaban en la derecha. Fue un periodista joven muy adelantado, que pudo hacer lo que Alfonso Reyes llamó periodismo literario”.

Para el editor Humberto Musacchio –con quien Samperio coincidió en las páginas culturales de El Financiero, en el que el autor de Historia de un vestido negro colaboró a finales de los 90 y principios de los 2000, el fallecido escritor era “un personaje del ámbito literario de este país”, que colaboró en periódicos y revistas como reportero cultural, hasta hace un par de años.

Curiosamente, tanto Óscar de la Borbolla como Jorge Meléndez y Humberto Musacchio dejaron de ver a Guillermo Samperio hace dos años. Se debe quizá, dice Musacchio, a que él mismo decidió alejarse a la vida pública por el problema de pérdida de memoria que enfrentaba. Los tres coinciden en que siempre platicaron de los mismos temas con quien recuerdan como un hombre extremadamente amable y divertido.

“Hablábamos de literatura, de la mierda que es la intelectualidad mexicana, nos quejábamos de todo. Fuimos cuates con temas en común”, cuenta De la Borbolla, quien a pesar de no encontrarse con Samperio, desde que coincidieron en la FIL de Guadalajara en 2014, mantuvo contacto con el escritor.

“Me daba la impresión de que se pasaba la noche entera escribiendo desesperado, porque me enviaba textos larguísimos, a las tres, cinco de la mañana. Eran textos un tanto desquiciados, a la manera de los monólogos de El sonido y la furia, de William Faulkner; bien redactados, con ritmo, pero era muy difícil seguirles el concepto o la anécdota”.

Samperio descubrió, dice De la Borbolla, que el periodismo es una forma de ejercitar el músculo. “Eso te va soltando la mano, porque no estás al contentillo de las musas, sino con la hora de cierre encima. Tiene cosas muy sólidas, seguramente la mano de periodista le permitió saber retener la atención del lector”.

En la sección cultural de este diario, la cual Víctor Roura dirigió por más de dos décadas, publicó su columna Tékstos de la kómoda, de reseña literaria. Ese binomio marcó su quehacer: el periodismo y la literatura. Escribió cuento, novela, ensayo, poesía y crónica, en títulos como Gente de la ciudad (1985), Cuando el tacto toma la palabra (1999) o Sueños de escarabajo (2011).

“Era un tipo muy agradable, amiguero. Él practicó boxeo, pero era tan amable que no me explico cómo es que pudo ser boxeador, si era tan buena persona”, comenta Musacchio. “Tenía una hermana que era vedette, entonces, todos los amigos hacíamos bromas, pero por supuesto nunca la conocimos. No era sólo un escritor, sino un personaje del ámbito literario, una de esas presencias que siempre estaban ahí, por eso creo que lo extrañaremos, es una pérdida lamentable”.

Aquí puedes leer el último artículo publicado por el autor en El Financiero en 2012: