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culturas

Preparan diccionario de las palabras "prohibidas" del español de México

Falta poco para que un proyecto de tal envergadura salga a la luz: Georgina Barraza, profesora de la licenciatura en Letras Hispánicas de la UNAM, está en proceso de elaborar el "Diccionario de léxico tabú". Estima que le falta un año para concluirlo, y está en busca de editorial para publicarlo.
Redacción
18 mayo 2015 22:17 Última actualización 19 mayo 2015 5:0
El análisis de las expresiones permite identificar rasgos culturales de los mexicanos, dice Georgina Barraza, profesora en Letras Hispánicas. (Alejandro Gómez)

El análisis de las expresiones permite identificar rasgos culturales de los mexicanos, dice Georgina Barraza, profesora en Letras Hispánicas. (Alejandro Gómez)

Si el lenguaje es la casa del ser, como sentenció Heidegger, que a alguien le guste el arroz con popote o que decida algo por sus tanates, más que expresiones floridas del decir popular son una manera muy mexicana de habitar el mundo, de construirlo e iluminar sus intersticios más oscuros sin pudor alguno.

En el español de México, los giros con que el habla se las arregla para referirse a lo prohibido, lo picaresco o lo vergonzoso aún no se han cuantificado. Esta tradición -a la que se vincula el albur desde tiempos coloniales- tiene su más exegético glosario en la Picardía Mexicana de Armando Jiménez, pero hasta ahora no existe ningún diccionario que desde la perspectiva académica reúna, ordene y proporcione significados del acervo lexicográfico de los temas que se consideran clandestinos, como el sexo, la muerte, la escatología y ciertas enfermedades mentales o discapacidades físicas.

Falta poco para que un proyecto de tal envergadura salga a la luz: Georgina Barraza, profesora de la licenciatura en Letras Hispánicas de la UNAM, está en proceso de elaborar el Diccionario de léxico tabú, que permitirá a cualquiera que entienda español saber cómo reaccionar cuando alguien le invite a asolearse de noche.

“Incluye todo el léxico que se habla en México, que puede o no ser compartido con algunos países de América, pero no con España”, explica la lingüista.

La docente del Colegio de Letras Hispánicas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM sostiene que todas las actividades vedadas generan su propio vocabulario, pero buena parte de este universo existe sólo en la oralidad. Por esta razón, reunirlo para su estudio no ha sido tarea sencilla; conformar el compendio, que hasta ahora da cuenta de 872 vocablos y expresiones con sus significados precisos, le ha requerido consultar infinidad de libros, revistas y -la mejor aportación- 200 películas de ficheras de los años 70. Un trabajo exhaustivo que ha realizado desde 2011 con la ayuda de estudiantes de la facultad.

El análisis de las expresiones permite identificar rasgos culturales de los mexicanos, dice, como el machismo, que se evidencia incluso en la homosexualidad. “Hay palabras para señalar a los varones, pero casi no las hay para referirse a a las mujeres”, ejemplifica.

La creciente igualdad sexual entre las nuevas generaciones también se ve reflejada en el uso del lenguaje, ya que el léxico que en otro tiempo era empleado exclusivamente por los hombres, ahora es compartido por las jóvenes, y lejos de considerarlo inapropiado, resulta de uso común.

“Tenemos palabras que por sí mismas son tabú, como verga. En nuestras generaciones las mujeres ni la pensábamos, ahora las muchachas dicen con una facilidad que algo está de la verga, como interjección: te cayó de la verga; este léxico se ha ido extendiendo”.

Y es que el miembro sexual masculino es uno de los conceptos más prolíficos para el español. Naturalmente, el Diccionario de léxico tabú reservará buen espacio a tales palabras para explicar su correcto uso y evitar que un mal hablante, en su ignorancia, pueda herir susceptibilidades: “la cosita, el tilín se usan para referirse al pene del niño; ¡nunca vayas a decirle eso al marido porque tendrías un problema enorme!”. La risa surge espontánea, pero recupera la seriedad: “yo creo en lo que decía Freud, que detrás de una broma siempre hay una realidad. El chiste siempre oculta una realidad que nos incomoda y la aminoramos para poder hablar de ella”.

En ese sentido no sería muy amable decirle a alguien que la tiene chiquita. Si el hombre no se toma las cosas tan a pecho responderá: sí, chiquita, pero braguetera. Claro, la referencia tendrá que ver con la virilidad masculina, es decir: el cara de haba, el chóstomo o la de hacer niños.

Este proyecto, explica Barraza, surgió después de que, como consultora gramática de la Academia Mexicana, participó en la elaboración del Diccionario de mexicanismos que la institución publicó en 2010, y en el de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española.

“En principio lo hice porque me interesaba comprender cómo se manejaba mi propia cultura. Está pensado para que los mexicanos se identifiquen a sí mismos, pero también para que los otros hablantes del español encuentren en él una manera de compararse o incluso de reflejarse con los mexicanos”.

El diccionario, que no es etimológico, contará con los marcajes de rigor e identificará sustantivos, adjetivos, verbos y adverbios; si una palabra es de uso vulgar, popular, coloquial o si se puede decir en cualquier contexto.

Sobre su organización, explica: “Va a estar dividido en dos partes, la primera será alfabética y la otra va a ser desde el punto de vista semántico. Entonces si buscas ano (chimuelo, por decir) o tanates (los que soplas, diría el albur), te va a decir todas las palabras que hacen referencia, de manera que se pueda regresar a la primera parte del diccionario y se obtenga toda la información”. Barraza estima que le falta un año para concluirlo, y está en busca de editorial para publicarlo.