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Preguntas sobre la vida de un tal Anton Chéjov

El legado del dramaturgo ruso revela su actualidad en la confrontación que plantea sobre el fracaso social y en la que sus
personajes no se enfrentan a los dioses, sino a sí mismos.
Rosario Reyes
07 noviembre 2017 23:20 Última actualización 08 noviembre 2017 5:0
chejov

(Especial)

¿Qué tan vigente es Chéjov?
“Muchos de sus personajes están sobreviviendo, ven el tiempo pasar porque no están dotados de herramientas para afrontar la realidad. Eso, como espectador, te sacude”, explica el director escénico Diego del Río, quien inició en 2012 el Proyecto Chéjov, que se propone montar las cuatro obras maestras del autor. “La sociedad contemporánea sigue sin brindar esas herramientas para hacer en la vida algo más que ver el tiempo pasar”.

Enfermo de tuberculosis, en los últimos días del zarismo, Antón Chéjov escribió sus cuatro obras maestras, que se estrenaron entre 1898 y 1904 en el Teatro del Arte de Moscú: La gaviota, Tío Vania, Las tres hermanas y El jardín de los cerezos.

Con su dramaturgia, Chéjov exhibió el fracaso de una sociedad que entonces estaba próxima a vivir una de las revoluciones más importantes del siglo XX, hace un siglo.

Sus personajes, siempre indefensos ante su circunstancia, viven con la nostalgia por lo que pudo haber sido y no fue: el joven director de teatro, opacado por su madre (La gaviota), o las mujeres que contemplan el paso de la vida sin animarse a cumplir su deseo de viajar a una idílica ciudad (Las tres hermanas).

Parte del anhelo de sus personajes parece sacado de su propia vida, dice Del Río, quien ha llevado a escena Tío Vania, La gaviota, y montará en el transcurso de los próximos dos años El jardín de los cerezos, así como una obra de Ximena Escalante basada en la vida del escritor y médico ruso.

Aparentemente, en el teatro de Chéjov no pasa nada, pero pasa todo, abunda Del Río.

“Él sabía que estaba desahuciado y que iba a morir joven; por su enfermedad, pasaba los inviernos en París, alejado de su gran amor (la actriz Olga Knipper), que se quedaba en Moscú. Creo que por esas circunstancias, él pudo descubrir el sentido de la vida a través de la escritura”, afirma.


PREGUNTAS EXISTENCIALES

Gema Aparicio es la directora adjunta del montaje de José Sanchís Sinisterra Éramos tres hermanas, que forma parte del repertorio de la Compañía Nacional de Teatro del INBA. El dramaturgo y director español hizo su versión de Tres hermanas, que ubica la trama 50 años después. Las jóvenes ya no lo son más, pero siguen soñando con viajar a Moscú para encontrarse con su felicidad.

Aparicio está de acuerdo en que en el teatro de Chéjov se dice más con lo que no se expresa en palabras. “En muchas de sus obras pasan más cosas afuera que adentro de la escena, y lo que está pasando afuera influye en las decisiones de los personajes”.

Para la directora, estas obras siguen vigentes porque Chéjov fue un crítico de su sociedad.

“Quería que el público reflexionara sobre el fracaso social, contra la idea optimista de que el mundo va a cambiar y los seres humanos nos volveremos mejores. Eso no sucedió, no ha sucedido, ni sucederá”, dice Aparicio.

Con todo, agrega, el dramaturgo ruso no era un pesimista. “José Sanchís Sinisterra me explicó que Chéjov no quería que el público sufriera, sino que realmente se viera reflejado y se riera de eso que eran, sin dejar de plantear preguntas existenciales como: ¿por qué tenemos la idea de que todo va a mejorar, pero nunca ocurre? ¿Eso tiene sentido? ¡Pues, sí, por supuesto! Creo que Chéjov es realista, más que pesimista, y un convencido de que la vida vale la pena”.


UN TAL ANTÓN
El autor de cuentos como La mujer del boticario o De la memoria de un idealista es tan actual que incluso generaciones jóvenes lo interpretan. La compañía Eutheria Teatro estrenó el año pasado Vine a Rusia porque me dijeron que acá vivía un tal Antón Chejov, una obra que plasma su mirada ante el futuro incierto.

En esta puesta de Talía Yahel, dirigida por Luis Ángel Gómez, se expone de forma irónica la tendencia humana a permanecer inmóviles, a no arriesgarse por temor a fracasar, explica el director.

“La obra cuenta la historia de seres ordinarios que viven sus problemas y su cotidianidad como si fuera el fin del universo. Trata de la belleza de la vida diaria, de quienes sueñan en grande, pero la realidad y su misma sicología los pone en aprietos para poder llevar a cabo sus sueños. Tal como sucede con los personajes de Chéjov”, comenta Gómez.


Para el actor y director Víctor Carpinteiro, al crear la pieza como un nuevo género dramático, Chéjov plantea otros conflictos. “Los personajes tienen un deseo latente que no se cumple y un sentimiento de frustración y limitación”.

Gran parte de la vida de los personajes chejovianos transcurre dentro de su propia imaginación, advierte Carpinteiro, director de la puesta Moscú, basada en Tres hermanas. En sus textos, dice, el autor revela ese proceso mental que puede ser capaz de liberarlos
o aniquilarlos.

“Se dan cuenta que entre su deseo y la acción hay una gran distancia, un abismo, y la incapacidad de conciliar esos dos puntos hace que los personajes sean trágicos, desde el punto de vista existencial, no de género dramático”, destaca.

A diferencia de la tragedia griega, en la obra de Chéjov los personajes no se enfrentan a los dioses, sino a sí mismos, observa el director.
“Tiene un punto de vista sicoanalítico, otro tipo complejidad más cercana al individuo terrenal. Los dioses del Olimpo están en la mente de los personajes, donde podrían encontrar la aniquilación, vencidos por las emociones humanas”, finaliza.