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Popole Misenga, de la guerra al sueño olímpico

Creció huérfano en la República Democrática del Congo, asolada por la guerra. Popole Misenga nunca imaginó que competiría en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. El judoca de 24 años es parte del equipo de refugiados que marchará en la ceremonia de inauguración de la justa veraniega. 
Reuters
07 junio 2016 19:38 Última actualización 07 junio 2016 20:31
"Para mí, esto es increíble", dijo Misenga, de 24 años. "El mundo entero estará mirando". (Reuters)

"Para mí, esto es increíble", dijo Misenga, de 24 años. "El mundo entero estará mirando". (Reuters)

RÍO DE JANEIRO.- Por primera vez, uno de los equipos que competirá en los Juegos Olímpicos estará formado por refugiados procedentes de diversos países de los que huyeron para pedir asilo en otras naciones. Este es el caso de Popole Misenga.

Mientras crecía huérfano en la República Democrática del Congo, asolada por la guerra, Misenga nunca imaginó que competiría en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro y menos para un equipo de refugiados.

Pero el 5 de agosto, el judoca de 24 años marchará junto a otros nueve refugiados de Siria, Sudán del Sur, Etiopía y su país en la ceremonia de inauguración de los Juegos. Luego competirá bajo la bandera olímpica, una iniciativa del Comité Olímpico Internacional (COI) para generar atención sobre la situación que viven los refugiados.

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Popole Misenga
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Popole Misenga

"Nunca me esperé esto", dijo Misenga a Reuters en el gimnasio de un barrio pobre de Río donde entrena. "En Congo hay mucha violencia, mucha guerra, mucha confusión (...) Decidí quedarme en Brasil para encontrar una vida mejor", agregó.

Misenga llegó a Brasil en el 2013 para competir en un torneo de judo. El viaje fue una oportunidad para dejar su país natal, donde décadas de guerra han costado millones de vidas. Su propia madre murió cuando él tenía 8 años.

Junto con su compatriota Yolanda Mabika, que también competirá en judo con el equipo olímpico de refugiados, Misenga huyó del hotel donde se hospedaban. Sin conocer a nadie ni hablar el idioma, el atleta vivió un tiempo en la calle antes de hallar refugio en una pequeña comunidad de congoleños en una favela del norte de Río.

Tras sobrevivir con la ayuda de vecinos y algunos trabajos ocasionales, Misenga se registró como refugiado y reanudó sus prácticas de judo, un deporte que aprendió como parte de un programa para huérfanos en el Congo.

Ahora tiene una esposa brasileña, Fabiana, y un hijo. Aún tiene problemas con el idioma pero dice que Brasil es ahora su hogar.

"Encontré una buena vida aquí y estoy feliz de quedarme", dijo, aunque admitió que aún sueña con volver algún día a su país.

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Popole Misenga