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fiesta brava

Ponce retoma su romance con La México

Siempre existe la posibilidad de la reconciliación, que hasta tiene un sabor más dulce aún, por aquello de haber podido solventar las dificultades. Y hoy pasó algo así entre Enrique Ponce y la afición de La México, ésa que tantas tardes se ha rendido a los guiños amorosos de este maestro consumado.
Juan Antonio de Labra
18 enero 2015 22:9 Última actualización 18 enero 2015 22:11
Ponce se sublimó como en sus mejores tiempo para retomar este romance del “consentido”. (Alejandro Meléndez)

Ponce se sublimó como en sus mejores tiempo para retomar este romance del “consentido”. (Alejandro Meléndez)

Como en cualquier relación amorosa, hay ocasiones en que las cosas no salen bien. Sin embargo, siempre existe la posibilidad de la reconciliación, que hasta tiene un sabor más dulce aún, por aquello de haber podido solventar las dificultades. Y hoy pasó algo así entre Enrique Ponce y la afición de La México, ésa que tantas tardes se ha rendido a los guiños amorosos de este maestro consumado.

Más de dos años de ausencia del valenciano el coso capitalino se vieron compensados con una faena de mucho fondo técnico y artístico, en la que Ponce se sublimó como en sus mejores tiempo para retomar este romance del “consentido”, un torero por el que el público de esta plaza siente un cariño muy especial.

Y la entrega del torero fue proporcional y recíproca a la de la gente, que se deleitó con una lidia completa ante un toro de Teófilo Gómez que prometía poco de salida. La cualidad de Enrique fue mantener siempre la claridad de ideas; de dar al toro su tiempo; de llevarlo tapado de la cara para someterlo y, luego, echar mano de esos recursos estilísticos de su coreográfica expresión.

Así que como puso en pie en varias ocasiones al público, que disfrutó mucho este reencuentro con “su torero”, el que desde hace 22 años ha dejado una huella muy profunda en el corazón de La México, ahora con una faena de alto interés que culminó con el merecido corte de dos orejas.

Ya no pudo Enrique redondear su brillante actuación delante del complicado quinto, pero ahí dejó, sobre la arena, la impronta de figura de época, con este desenlace feliz del triunfo, y la conciencia tranquila.
El listón que dejó el maestro a los dos Juan Pablos del cartel no fue fácil, y cada uno, con sus argumentos, buscó estar al nivel del compromiso. Mayor partido sacó Juan Pablo Sánchez, ante tres toros, pues regaló un sobrero lidiado en octavo lugar, al que le tumbó una oreja de ley tras una faena de excelente acabado, fundamentada en el temple y el pulso, dos de las mejores cualidades que posee el de Aguascalientes.

Porque poco había podido hacer con el primer ejemplar de su lote, que se vino a menos muy pronto, y algo más con el segundo, que no terminó de romper del todo. De cualquier manera, ya había bosquejado pasajes de mucho temple y fue así como no podía marcharse sin un triunfo en las manos lo que lo obligó a obsequiar un ejemplar de la misma ganadería con el que volvió a disfrutar del inconfundible olé de La México.

Por su parte, Juan Pablo Llaguno hizo una primera faena concisa y torera, con ribetes de sevillanía que agradó a la concurrencia. A pesar de que es un torero muy nuevo, pues apenas recibió la alternativa hace dos meses, dejó entrever esa “difícil facilidad” para hacer el toreo bueno, de planta relajada y sentimiento a flor de piel. De haber estado fino con la espada hubiera podido cortar un apéndice con ese toro de su confirmación. No obstante, ahí quedan esas buenas sensaciones que avizoran un halagüeño panorama.

Porque si bien es cierto que la corrida giró alrededor de la figura de Enrique Ponce, tampoco desentonó, ni mucho menos, la valiente y personal actuación del rejoneador Emiliano Gamero, que abrió el festejo.

Haciendo gala de sello y de exposición, el caballista capitalino fue haciéndose de un toro distraído de Rancho Seco al que terminó clavando banderillas yendo siempre de frente, y tanto la preparación como el remate de la suertes, mantuvo el equilibrio de lo bien hecho, que se fundió con los adornos de las reverencias, los balanceos y las templadas piruetas, que sumaron gracia a una comparecencia destacada. Lo malo fue que no pudo rematar de mejor manera su labor con el rejón de muerte y dejó escapar la oreja que tenía ganada.

Para el próximo domingo ya se anuncia la presencia de Morante de la Puebla como base de un cartel para el que suenan los nombres de Eulalio López Zotoluco y Diego Silveti, aunque la empresa aún no hace oficial el cartel.

FICHA
México, D.F.- Plaza México. Decimotercera corrida de la Temporada Grande. Poco menos de media entrada (unas 20 mil personas) en tarde agradable, con algunas ráfagas de viento. Un toro de Rancho Seco para rejones, distraído, y siete de Teófilo Gómez (el 8o. como regalo), parejos en hechuras y juego desigual, de los que destacó el 2o. por su transmisión y el 1o. por su nobleza. Pesos: 500, 485, 497, 490, 510, 530, 505 y 498 kilos. El rejoneador Emiliano Gamero: Ovación. Enrique Ponce (tabaco y oro): Dos orejas y silencio. Juan Pablo Sánchez (nazareno y oro): Palmas, ovación y oreja en el de regalo. Juan Pablo Llaguno (azul marino y plata), que confirmó la alternativa: Ovación tras aviso y ovación. Incidencias: Llaguno confirmó con el toro Pirulero, número 87, con 485 kilos.

http://www.altoromexico.com/2010/index.php?acc=noticiad&id=21521