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CULTURAS

Plossu, el francés que retrató a México

Fundación Televisa y Turner lanzan "¡Vámonos!", una obra que reúne el trabajo que realizó el fotógrafo francés Bernard Plossu en México, quien con su cámara ha retratado cada rincón del mundo.
Mauricio Mejía
03 marzo 2014 21:36 Última actualización 04 marzo 2014 5:0
El francés Bernard Plossu fotografió la selva lacandona en 1965. (Archivo)

El francés Bernard Plossu fotografió la selva lacandona en 1965. (Archivo)

Si el periodismo es el oficio de revelar, la fotografía es la tarea de la rebelión.

Hay un acto de sublevación en el momento de capturar una imagen: ese trozo de realidad es sacado, para siempre, de la secuencia apremiante del tiempo.

“La fotografía permite tomar momentos sin importancia aparente, ¡pero que de hecho tienen ya tanta importancia!”, sostiene Bernard Plossu en una entrevista que juega de introducción a una obra novedosísima (y misteriosa) que lanza al mercado Fundación Televisa, en coedición con Turner: "¡Vámonos!", en la que se reúne, por fin, todo el trabajo del francés (nacido en Vietnam en 1945) en sus viajes a México entre 1965 y 1981.

Como bien escribe Salvador Albiñana, editor del libro, parece increíble la fugaz presencia de Plossu en el relato de la fotografía mexicana.

Claudio Magris considera que al viajar todo puede suceder. Al francés Plossu comenzaron a sucederle todas las cosas cuando decidió hacer su primer viaje, justo a México, en 1965. Tenía, apenas, 20 años.

Le dice a Mauricio Maillé, director de artes visuales de Fundación Televisa, en la entrevista que da cara al volumen de 336 páginas y 330 imágenes: “Descubrí el país andando sus caminos”. Al mismo tiempo, el viajero fue revelándose hacia sí mismo, como si al descubrir se descubriese, lo de afuera contra lo de adentro: “Siempre estaba viajando, así que me encontraba en un estado fotográfico constante, ¡sin imaginar para nada que un día sería fotógrafo!. En ese entonces se trataba de fijar esos momentos que fluían, de atrapar los paisajes mágicos y grandiosos de este país sublime”.

El tiempo era, en aquellos años, un decorado que el lente de 50 mm se encargaba de desmenuzar entre instante e instante.

Plossu se enteró, entonces, de la libertad. Y también de la sed y de la alegría. “Andábamos por las nubes y dormíamos en la naturaleza”, exclama con cierta nostalgia por aquellos años “en los que la cultura estaba en la vida de todos los días”. Esos “todos los días” en los que el beatnik le cambió la vida para siempre y llevó a conocer otros horizontes on the road.

En la conversación con Maillé, preparada para el lanzamiento de "¡Vámonos!", Plossu escribe: “Mexico sigue siendo una verdadera y gran pasión para mí. ¡Tantos lugares de México me marcaron para toda la vida! Los tres meses en el Marqués de Comillas con los lacandones, la subida a la punta de El Tajín y de Monte Albán, la llegada a las aguas salvajes de Zipolite, las brechas en el trópico, los tacos en los mercados, ¡y también las canciones de amor de Agustín Lara que me gustaron tanto.”

En 1979 las “fotografías mexicanas” (Plossu estuvo cuatro veces aquí: en 1965, 70, 74 y 81) comenzaron a publicarse en libro en 1979. Pero las noticias de regreso, todo viaje es un ida y vuelta, de aquel joven que comenzó una reconocida carrera internacional a mediados de los sesenta tardaron en llegar, mucho más que una simple tardanza poética.

Albiñana, en El viaje y su retorno, asegura que "Le voyage mexicain", editado por Claude Nori, es el primero de sus libros importantes, del que se habló casi nada (nada, mejor dicho) en este país. El editor de "¡Vámonos!" cuenta que la primera mención a Plossu se le debe a Aurelio Asiain, quien publicó un texto, entre poesía y prosa, titulado Instantáneas, los paisajes intermediarios de Bernard Plossu en la revista Luna Córnea. Las contadas menciones posteriores se pueden seguir puntualmente de tan escasas. El libro -escribe Albiñana- aspira a a tenuar esa precariedad.

Todo libro es una historia de un libro. La de éste comenzó en 2010 cuando Fundación Televisa adquirió un primer grupo de fotografías del primer viaje de Plossu. Un año después, Maillé se reunión con él cerca de Arlés. En 2012 el fotógrafo propuso como curador y editor a Albiñana y en el año pasado se trazó la ruta crítica que debía llegar justamente a este mes: el lanzamiento al mercado de la obra.

Hay algo de filosófico en la obra de Plossu. Se dice adepto total del lente, que no deforma la visión, es decir: “¡El pensamiento!”.

Cita a Gauguin: los efectos se ven bien, pero sólo son efectos.

La rebelión sobre la revelación:

“Si el viaje es un rito iniciático, la fotografía resalta todavía más esa odisea interna porque permite ir al encuentro del otro, más aún si no se comparte una lengua común. El camino es la última metáfora del viaje. ¿Será que lo imprevisto permite descubrir el misterio de un lugar? Siempre hay que ir ahí donde el camino se interrumpe en el mapa, donde ya no hay nada”.