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Phil Collins y su lado académico

Autoridad en estudios sobre la independencia de Texas, Phil Collins deja la historia, su segunda gran pasión, para volver a los escenarios desde su retiro en 2011. El exbaterista de Genesis es un estudioso. Más que eso: es uno de los grandes investigadores de la batalla en la que México perdió Texas.
Eduardo Bautista
25 octubre 2016 21:13 Última actualización 26 octubre 2016 5:0
Se dice que no hay mayor privilegio que ser un historiador millonario. Algo así es Phil Collins. (Alejandro Gómez)

Se dice que no hay mayor privilegio que ser un historiador millonario. Algo así es Phil Collins. (Alejandro Gómez)

Phil Collins viste suéteres caqui y cuando está deprimido, sus excesos consisten en ver partidos de cricket, leer libros sobre El Álamo de manera obsesiva y beber. Vino. Pulcro, educado y alejado de toda zafiedad, el exbaterista de Genesis luce como un profesor de la Universidad de Cambridge. Hasta hace no mucho tiempo, podían pasar semanas sin que el señor no saliera de su cabaña de Lausana, donde hurgaba en libros y documentos antiguos para hallar lo que los historiadores nunca pudieron encontrar.

No es broma. Phil Collins es un estudioso. Más que eso: es uno de los grandes investigadores de la batalla en la que México perdió Texas. Un título honorario en la Universidad de McMurry y un libro –The Alamo and Beyond: A Collector’s Journey (2012)– lo avalan como una autoridad en el tema.

Su pasión por aquel conflicto histórico entre México y Estados Unidos está muy lejos de ser una afición de medio tiempo. Phil Collins no es un hombre de pasatiempos; cuando se propone algo, se lo propone en serio. Influido por la serie de Disney, Davy Crockett, King of the Wild Frontier, que veía por televisión cuando era niño en un suburbio londinense, imaginaba ser el Rey de la frontera salvaje, el gran héroe de la independencia texana -quien murió en la histórica contienda, en El Álamo. Años después descubriría que la realidad siempre es más sangrienta que los cuentos.

Se dice que no hay mayor privilegio que ser un historiador millonario. Algo así es Phil Collins. Su prolífica carrera como músico –ocho álbumes de estudio y más de 150 millones de copias vendidas– le ha permitido amasar una fortuna de 260 millones de dólares, según Forbes. Sólo así puede explicarse su abundante colección sobre El Álamo, una de las más importantes del mundo, entre cuyas piezas más codiciadas (alrededor de 200) se encuentra una espada que perteneció a Antonio López de Santa Anna.

CUADRO DE HONOR
-Doctorado honorario en Bellas Artes, Universidad Fairleigh Dickinson (1987)
-Doctorado de la Música, Berklee College of Music (1991).
-Doctorado honorario de Historia, Universidad McMurry (Abilene, Texas, 2012)

“Algo tan simple como una hebilla de un soldado mexicano se ha convertido en una obsesión para mí”, declaró el cantante en 2012, e incluso dibujó la posibilidad de abandonar su carrera artística para convertirse en académico de tiempo completo.

Pero su vocación por el pasado, evidentemente, no se limita a la Historia. En su música también hay un constante interés por rescatar lo perdido. El crítico musical Octavio Echávarri asegura que fue él quien recuperó el soul en el pop. El resultado, dice, fue un trabajo sumamente refinado con vena jazzística y avant-garde. “Sin duda yo lo colocaría entre los compositores más influyentes de los últimos 40 años”, asegura.

EL LADO B
Muchos observan en el autor de canciones como 'Another Day in Paradise' o 'Sussudio' una figura enteramente prescindible. La película Sing Street (2016) contiene una sentencia demoledora: “Ninguna mujer puede amar a un hombre que le guste Phil Collins”. La frase amolda perfectamente con la idea general que se tiene sobre este hombre de 65 años, que algo quiere decir con el inquietante título de su autobiografía: Aún estoy vivo.

EL COLLINS HISTORIADOR
The Alamo and Beyond: A Collector’s Journey
Sello: State House Press
Año: 2012
Precio: $49.95 USD (Amazon)

Las cosas no han sido sencillas para él en las últimas cuatro décadas. Según Echávarri, el músico carga con la culpa de haber ablandado el terreno de Genesis a partir de Duke (1980), el álbum que abrió la puerta para que uno de los grupos más emblemáticos en la historia del rock progresivo se transformara en una banda de éxitos, ideal para las listas de Universal Stereo.

“Sin duda fue un gran baterista, pero su capacidad quedó opacada cuando tomó el liderazgo del grupo tras la salida de Peter Gabriel. Por eso mucha gente ya no lo quiso como solista, pues sintieron que traicionó el espíritu de Genesis. En los 80 tuvo una sobreexposición que acabó por generarle múltiples críticas, muchas de ellas bastante injustas”, abunda.

Harto de vivir bajo el estereotipo de popstar, Collins optó por alejarse lentamente del mundo artístico. En los 90 sólo grabó un par de discos, en 2000 perdió la audición en uno de sus oídos y en 2009 lo atacó una enfermedad en las cervicales, que lo llevó a anunciar su retiro en 2011. Tocar batería le resultaba cada vez más complicado. Y el divorcio de su tercera esposa lo condujo a refugiarse en sus obsesiones.

“He llegado a un momento en el que no me gusta aquello en lo que me he convertido. Estoy harto de ser Phil Collins”, declaró el músico a El País en 2010. Sin embargo, motivado por sus dos hijos más pequeños –Nicholas, de 15, y Matthew, de 11– hoy ha decidido regresar al mundo que le pertenece. Londres, Colonia y París ya esperan su retorno el próximo verano.

Sobre el historiador, muchos creen que ya fue enterrado. El acta de defunción indica que el deceso ocurrió el 28 de junio de 2014, fecha en la que un hombre de edad avanzada se deshizo de su valiosa colección sobre la Batalla de El Álamo.

El gobierno de Texas se quedó con la espada de Santa Anna: Phil Collins ha vuelto a tomar las baquetas.

¿Y GENESIS?
Todo es posible... El regreso de Collins ha generado expectativas sobre un reencuentro de su antigua banda -cuyo último disco data de 1997-. En una entrevista con Rolling Stone, aseguró que aún se lleva de maravilla con Tony Banks y Mark Rutherford, y dijo que no tendría problemas en llamar a Peter Gabriel –con quien tuvo ciertas diferencias– para proponérselo.