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Paulina Abascal, la embajadora de la pastelería mexicana

Sus llamativos dulces le han ganado un lugar muy especial en las recepciones más importantes de México con sus mesas de postres. A lo largo de 20 años ha ido puliendo esta propuesta, que ha atraído a clientes como Carlos Slim y el Papa Benedicto.
Sandra Aguilar Loya
28 abril 2014 23:50 Última actualización 29 abril 2014 5:0
Su repostería Dulces besos le ha ganado fama internacional.

Su repostería Dulces besos le ha ganado fama internacional.

No sólo es la embajadora de la pastelería mexicana alrededor del mundo, también fue elegida como la imagen que promoverá la marca Cacao Barry en México. Ella es Paulina Abascal, una de las chefs reposteras más influyentes y solicitadas del mundo de la gastronomía en el país.

Con más de 20 años de experiencia, ha escrito cuatro libros -dos de ellos reconocidos a nivel internacional- y lleva ocho años en la televisión. Sus llamativos dulces le han ganado un lugar muy especial en las recepciones más importantes de la sociedad mexicana con sus mesas de postres.

“La comida es un enorme placer y los postres más. Yo creo que con medida se puede todo en la vida”, dice la chef, considerada la reina de las mesas de postres.

Pero la historia de esta repostera no siempre fue “color de rosa”, como todos los implementos que vende en su tienda Dulces besos, en donde sobresalen sus filipinas, ésas que la han distinguido durante su vida profesional y que son parte de su imagen.

“Detrás de un gran error, siempre hay un gran acierto. Eso siempre lo entendí porque yo no tuve escuela, a mi no me llevaron de la manita para aprender de repostería. Cuando yo entendí que quería ser chef, no existía ninguna escuela de gastronomía en México, entonces estudié hotelería, donde tenía clases de pastelería y repostería pero eran muy básicas”. Su enseñanza se basó en leer, meterse a la cocina y hacer experimentos.

“Había postres que me quedaban de la patada y de ellos aprendí; otros me quedaban bien y también aprendí. Por eso decidí hacer libros, porque no hay una literatura que te explique muchas cosas”.

Ahora hace pastelería de autor, con toques mexicanos, mismos que quedan de manifiesto en sus ya famosas mesas de dulces, que aprendió a montar hace más de dos décadas en Ambrosía, y cuyos conocimientos se nutren de tianguis, mercados y de las tradiciones mexicanas que afianzó luego de viajar a Europa a estudiar pastelería. A su regreso se percata de que los gustos no son los mismos.

“El tener productos tan maravillosos como las frutas, las flores, la canela, la vainilla, me lleva a mi escuela y a una combinación de lo que a los mexicanos nos gusta; es ahí donde empiezo a hacer mis creaciones”. Con ellas, la chef ha marcado tendencia en el mundo de las fiestas.

Sin importar si se trata de una reunión entre amigos, un baby shower, un bautizo, un cumpleaños o una boda, donde las mesas de dulces no pueden faltar. A lo largo de 20 años ha ido puliendo esta propuesta, que ha atraído a clientes como Carlos Slim, para cuya boda dio un servicio para 2 mil 500 personas, o el Vaticano, donde puso una mesa de dulces mexicanos para el Papa Benedicto XVI.

De acuerdo con el concepto de cada fiesta, Abascal da vida a creaciones únicas protagonizadas por galletas, sorbitos, mousses, pastelitos bombón, polvorones, bocaditos de limón, brownies, blondies, fondants, tartas, profiteroles, trufas, florentinas, soufflés o macarrones. Sus consentidos, todos los postres que tengan chocolate, dice, pero especiales son el cremoso de mango, pastel de chocolate de metate, con sabores muy mexicanos.

“Tratamos de darle gusto a la gente. Finalmente, mi profesión es ser chef pastelera y mi objetivo es hacer lo que más me gusta que es cocinar, preparar pasteles y contagiar mi amor por la pastelería y la chocolatería a la gente”, finalizó.