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París ya no es la fiesta de los sueños: Wong

En noviembre del año pasado, Roberto Wong ganó el Premio Dos Passos, dotado con 12 mil euros y la publicación de su novela, "París D.F.". "Yo siempre he pensado que hay un fallo entre realidad y deseo. Los sueños pueden ser la salvación o la destrucción de una persona", dice el escritor tamaulipeco.
Eduardo Bautista
08 febrero 2015 22:25 Última actualización 09 febrero 2015 5:0
Wong revela que seguirá escribiendo sobre la misma línea temática: el hartazgo, la rutina, el acto de rebeldía contra la realidad. (Braulio Tenorio)

Wong revela que seguirá escribiendo sobre la misma línea temática: el hartazgo, la rutina, el acto de rebeldía contra la realidad. (Braulio Tenorio)

Hay sueños imposibles para determinadas clases sociales. Pero mucha gente no lo entiende porque vive en una especie de meritocracia donde se cree –erróneamente– que gana el que más trabaja o el que más voluntad tiene. Eso es lo que piensa el joven escritor tamaulipeco Roberto Wong, quien acaba de publicar su primera novela, París D.F., editada por Galaxia Gutenberg.

El protagonista de la historia se llama Arturo. Tiene 33 años, estudió literatura y trabaja en la Farmacia París del Centro Histórico. Su vida es gris y rutinaria: transcurre entre borracheras, encuentros sexuales y delirios de poeta. Arturo está obsesionado con la idea de visitar París, pero su sueldo no le permite viajar ni siquiera a Acapulco.

Entonces comienza a imaginarlo todo. “La ficción es siempre una salida. Arturo es el ejemplo de cómo los sueños pueden configurar la realidad de un individuo”, comenta Wong, feliz porque su obra ya está a la venta en todas las librerías del país. En noviembre del año pasado ganó el Premio Dos Passos, dotado con 12 mil euros y la publicación de su libro.

“Yo siempre he pensado que hay un fallo entre realidad y deseo. Los sueños pueden ser la salvación o la destrucción de una persona”.
Frente a una humeante taza de café, Roberto Wong confiesa que París D.F. es el resultado de sus preocupaciones. La monotonía es una de ellas. “Me aterra la rutina, pero por fortuna he encontrado en la creación artística una manera de justificar el paso de los días”, dice.

Otra lectura de esta novela es la gran dificultad que hoy enfrentan muchos jóvenes que tienen la inquietud de escribir, pero pocas oportunidades para publicar. “Recordemos a los escritores del boom latinoamericano. París era su punto de encuentro. Eso se ha acabado. ¿Qué pasa ahora? Luis Eduardo Rivera tiene una novela maravillosa que se llama Velador de noche, soñador de día, en la que cuenta cómo toda esa bohème parisina ya no existe”.

Wong asegura que su primer acercamiento a la literatura se dio en la infancia a través de los cómics. Incluso creaba los propios, aunque admite que era “muy mal dibujante”. Ya en su adolescencia, viajó a la capital para estudiar ingeniería mecánica. Pero no le gustó y acabó estudiando comunicación. En 2004 comenzó a escribir. Y fue hasta 2012 que inició con París D.F., un libro que –dice– tardó más de dos años en terminar.

Ávido lector de Julio Cortázar y Roberto Bolaño, Wong revela que seguirá escribiendo sobre la misma línea temática: el hartazgo, la rutina, el acto de rebeldía contra la realidad. “Creer que la vida siempre va en orden ascendente es una gran mentira que nos ha contado el sistema capitalista. Yo creo que los seres humanos somos ciclos de procesos y retrocesos. La superación personal es un gran engaño”.