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culturas

Pablo Boullosa, entre libros y lectura

Los libros lo acompañaron durante su infancia. El escritor y periodista Pablo Boullosa está convencido de que leer, junto a todas las actividades del día a día, forman parte de la educación. Así lo confirma su libro 'El corazón es un resorte'.
Rosario Reyes
09 febrero 2017 21:24 Última actualización 10 febrero 2017 5:0
Pablo Boullosa

Pablo Boullosa

Los libros lo acompañaron durante su infancia. Como su madre murió cuando él era muy pequeño, le tocó crecer bajo la custodia de “una madrastra de cuento”. Lector voraz, su padre tenía desde bestsellers, hasta clásicos como El Quijote, que Pablo Boullosa leyó a muy temprana edad.

En la lectura encuentra, confiesa, más preguntas que respuestas y está convencido de que leer, junto a todas las actividades que se hacen día a día, forman parte de la educación. Así lo confirma su libro El corazón es un resorte.

“La educación requiere de, al menos, cierta dosis de optimismo”, escribe en su obra Dilemas clásicos para mexicanos y otros supervivientes, publicada en 2011. Es un tema recurrente en el trabajo de este escritor y periodista, quien en su nueva entrega recuerda que la inteligencia y las aptitudes son mejorables y expansibles. Es un elogio al optimismo, la profundidad y la memoria. Sin los recursos de los dispositivos digitales.

Protagonista de la vida nocturna y contracultural de la década de 1990, abrió junto con su hermana Carmen y su cuñado, el poeta Alejandro Aura, los foros El Cuervo y El Hijo del Cuervo en el centro de Coyoacán.

Su dichosa palabra
Lupina. Es el nombre de mi mujer.

El libro que lo marcó
El Quijote. En mi casa había muchos; católicos y ateos, como de Rius y cosas así. Era un contraste muy marcado, los dos extremos por los que intelectualmente pasó mi padre y creo que eso me ayudó a entender que no hay que creer todo lo que dicen los libros. No tuve infancia feliz, pero sí tuve la suerte de que hubiera muchos libros en mi casa. Tuve una madrastra de cuento y una familia destruida. He trabajado en muchas cosas, no tengo ninguna carrera terminada, pero los libros siempre me han acompañado y uno termina convirtiéndose en el resultado de sus lecturas. El Quijote habla de eso también.

Sus lecturas indispensables
Tengo muchas que frecuento. Mis Obras completas, de Borges, mi Ilíada, mi Odisea; libros a los que he vuelto muchísimas veces y están o totalmente desgastados o he vuelto a comprar. De Homero tengo ediciones diferentes. Me acompañan siempre y lo más increíble es que nunca me dicen lo mismo, me van diciendo cosas nuevas y me van iluminando. Uno va cambiando y los libros también, empiezan a decir cosas diferentes. Me gusta leer para ampliar un poco el alcance de mi visión, los buenos libros te ayudan a ir más lejos o más profundo.

La contracultura de los 90
Lo hicimos sin planearlo. Era una época en la que Coyoacán no era muy visitado en las noches; hoy nadie lo cree, pero así era. Nuestra ventaja fue que no sabíamos hacer negocio y los que tenían experiencia de restauranteros hacían todos lo mismo: cobrar un cover, tratar de meter consumos altos a los clientes, tener guaruras en la puerta, una cultura de vida nocturna que el propio Alejandro Aura había denunciado en su obra Salón Calavera, sobre un incendio en un centro nocturno, que sucedió en realidad. Él tenía muy claro lo que no quería hacer.

Trajimos otro tipo de noches que sucedían en ciudades de otros países. En el local pasabas sin ninguna aduana de guaruras ni de discriminación, podías entrar a tomarte una cerveza y platicar con tus amigos, y se volvió un lugar acogedor para mucha gente. Al principio sólo se presentaban espectáculos; el bar era un área muy pequeña, pero cuando la delegación nos prohibió tener espectáculos lo convertimos sólo en bar. Tiempo después me tocó venderlo, porque estaba en quiebra. Ahí hicimos otras cosas, como El Club de las Aureolas, el círculo de lectura que hasta la fecha funciona -en el mismo edificio- cada semana sin ningún tipo de subsidio y sin requisitos o inscripciones, completamente libre.

Su último hallazgo intelectual
Tiene que ver con la educación. El título de mi nuevo libro (El corazón es un resorte), es una metáfora de El Leviatán, de Thomas Hobbes, que me gusta porque nos recuerda que para avanzar no basta la razón, lo que necesitamos es también avanzar con el corazón. Baltasar Gracián decía: “de poco sirve que la razón se adelante, si el corazón se queda atrás”. Si hubiera algo que no debemos de perder de vista en la educación es eso que se dice que Platón les enseñaba a sus alumnos: desear lo deseable. En eso es donde estamos fracasando, decía Spinoza, “la esencia del hombre no está en la razón”; es el deseo. Somos seres de deseo, pero lo importante es no enseñarnos a seguir todos nuestros deseos, sino a desear lo deseable, ¿qué es eso?, pues desear ser bueno, noble, inteligente, ayudar a los demás, crear prosperidad. Y para todo eso hace falta el corazón, tanto como la razón.

LO QUE VIENE
Seguirá con la promoción de El corazón es un resorte (Taurus, 2016), que presentó en la pasada edición de la FIL de Guadalajara. En este libro propone que el acervo de palabras y emociones, así como la imaginación, son los mejores recursos para educarnos. Así, expone cómo las metáforas son medios excelentes para comprender la realidad y compartirla; las historias hacen las veces de laboratorios existenciales, y el diálogo interior nos ayuda a fortalecer nuestra voluntad.

Es uno de los conductores del programa La dichosa palabra, de Canal 22, que explora otro de sus temas centrales, el lenguaje. Continuará como columnista tanto de publicaciones literarias como de revistas de moda y en la dirección de la revista Este País. La vida de un lector nunca se acaba, de alguna manera es lo que quiere decir Boullosa sobre su futuro.