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Osseily Hanna: de banquero a músico

Osseily Hanna decidió abandonar su vida como hombre de negocios, viajó por el mundo y descubrió que la música tiene el poder de mitigar conflictos y unir personas contrarias, casi enemigas. Ahora el británico de 37 años se encuentra promoviendo su libro Música y coexistencia (La Cifra).
Eduardo Bautista
14 diciembre 2015 21:30 Última actualización 15 diciembre 2015 12:2
Osseily Hanna

Osseily Hanna (Alejandro Meléndez)

Osseily Hanna estaba cansado de los aeropuertos y las reuniones de trabajo. Era subdirector de HSBC en Londres. Su imagen encajaba perfectamente con la del típico hombre de negocios. Su vida transcurría entre las rutinas tics de banqueros: correos, juntas, estados financieros, llamadas sin parar. Pero en 2011 decidió abandonarlo todo. Renunció a su empleo y emprendió un viaje por el mundo. Y fue justamente en esta aventura donde descubrió que la música tiene el poder de mitigar conflictos y unir personas contrarias, casi enemigas. Este británico de 37 años no está detrás de un escritorio, sino promoviendo su libro Música y coexistencia (La Cifra), que fue presentado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y muy pronto será traducido al árabe, al italiano y al portugués.

“Estaba harto de mi trabajo y la vida es muy corta. Descubrí que hay cosas más importantes que estar encerrado en un banco. Soy una persona muy inquieta e interesada en lo que sucede a mi alrededor. Creo que el mundo es un hogar plagado de intolerancia y desigualdad social. Y creo que la música puede contribuir a tener una mejor civilización”, comparte Hanna en entrevista en un restaurante de la colonia Condesa. El autor radica en la Ciudad de México desde hace cinco años. Dice que se siente feliz en su nueva faceta como escritor y cineasta (también realizó un documental homónimo que se proyectó en el Festival de Cine de Amnistía Internacional, en Canadá).

Música y coexistencia es, básicamente, un libro de viajes. En sus páginas el lector encontrará una radiografía cultural del mundo a través de las distintas expresiones musicales. En 2013, Hanna visitó países de gran inestabilidad social y política, como Israel, Ruanda y Turquía, por citar algunos. Estos viajes le sirvieron para comprender cómo funcionan los sonidos en sociedades turbulentas y fragmentadas.

“Hoy más que nunca el mundo necesita esperanza. Y creo que mi libro la brinda de una u otra manera. No pretendo ocultar los problemas. De hecho los describo, pero siempre ofreciendo la posibilidad de la tolerancia. La música permite reconocer al otro y aceptar sus diferencias; es una de las herramientas más poderosas de cohesión social que existen. En un concierto no importa la religión, la raza o el color de piel. La música no conoce de semánticas”, comenta Hanna.

Desde que escuchó en vivo a la West-Eastern Divan Orchestra, el autor supo que este arte es una forma de coexistencia. En esta orquesta tocan juntos músicos palestinos, árabes e israelíes. La mayoría son jóvenes y son el ejemplo de cómo los conflictos pueden ser asimilados a través de la música.

“En Palestina me encontré con un dúo de rap que compone canciones muy catárticas. Los temas que abordan son sumamente fuertes. Y aunque sus letras son muy agresivas, lo único que quieren estos jóvenes es integrarse a la sociedad a través del amor, el respeto y la coexistencia”, asegura.

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En el libro también se abordan las tensiones entre serbios y albaneses en Kosovo; la represión cultural contra los kurdos en Turquía; la discriminación a los albinos en Tanzania y las guerrillas en Ruanda. Todo enmarcado en una narrativa que ayuda a entender el poder transformador de la música más allá de los límites políticos, sociales y económicos.

Música y coexistencia de Osseily Hanna

Hanna dedica un capítulo entero a México, particularmente al estado de Oaxaca. No puede creer que a pesar de que en el país se hablen más de 100 lenguas, en las tiendas sólo se vendan discos de un idioma. Por eso valora mucho el trabajo que realizan artistas como Susana Harp, quien por más de 30 años se ha dedicado a recuperar los géneros tradicionales mexicanos.

El exbanquero aún no termina de entender la obsesión de la sociedad mexicana por ser blanca. Cree que se trata de un problema endémico que muchas veces obstaculiza la conformación de una cultura plural y tolerante. Cuenta que en Oaxaca, durante La Guelaguetza, los extranjeros son colocados al lado del gobernador para que en las fotografías oficiales no aparezcan personas morenas. Sin embargo, dice, la xenofobia y el racismo no son problemas exclusivos de México.

“El mundo atraviesa por una situación muy complicada debido al Estado Islámico. Y en ese sentido creo que Europa ha vivido de la hipocresía durante muchísimos años. Por un lado, se queja de las atrocidades de los yihadistas, pero por otro les vende armas y decide en qué momento se derriba o se mantiene a un dictador. Yo espero que mis lectores en Europa entiendan por qué hay tanta gente huyendo de sus países. La comprensión siempre nos hará mejores personas”, concluye.