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CULTURAS

Ese organillo que escuchas seguramente
es guatemalteco

Los organilleros tienen más de un siglo de historia. Su imagen es clave en la estampa cultural del DF. Desde hace 10 años, se han importado cilindros de Guatemala y Chile, los cuales, según trabajadores, poseen menos calidad que los viejos instrumentos alemanes. 
Eduardo Bautista
25 septiembre 2014 21:18 Última actualización 28 septiembre 2014 14:40
Don Carmelo es uno de los 327 organilleros del país. (Foto: Édgar López)

Don Carmelo es uno de los 327 organilleros del país. (Foto: Édgar López)

Casi 50 kilos debe cargar don Carmelo durante más de 8 horas para llevar “100 pesitos pa’la casa”. A veces, dice el anciano de 65 años, tiene que trabajar los siete días de la semana. Su organillo, un original Harmonipan Frati fabricado en Berlín a principios del siglo XX, que renta por 200 pesos diarios, tiene grabada la canción que más le gusta: Caminos de Michoacán.

Un cigarro ocasional y un sorbo de refresco son los pequeños placeres que disfruta bajo el sol que cae a plomo en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Ya cercano el ocaso, don Carmelo –uno de los 327 cilindreros que trabajan en el país, según la Unión de Organilleros del Distrito Federal y la República Mexicana– guarda su instrumento en una vecindad de Donceles, tal y como lo ha venido haciendo desde hace 10 años. No piensa dejar el oficio. Está ahí porque a su edad ya no lo admite ninguna empresa. “Si no me encomiendo a Dios, ¿entonces a quién?”.

Con más de 10 años en el oficio, es uno de los pocos trabajadores que toca un cilindro alemán: de los 150 que hay en el país, más del 80 por ciento son de reciente fabricación; la mayoría de origen guatemalteco, chileno o mexicano, afirman Román Dichi y Víctor Maya, secretario general y secretario de relaciones públicas de la Unión de Organilleros, respectivamente. De ese universo, alrededor de 80 piezas se concentran en el DF.

“En la década de los 90 muchos organillos quedaron inservibles. El paso del tiempo los desgastó y la gente que era capaz de repararlos comenzó a morir”, refiere Maya.

La mayor parte de los viejos artefactos alemanes –que fueron importados a México entre 1884 y 1909 por la empresa alemana A. Wagner & Levien Sucs– hoy sólo son chatarra que se resguarda en una vecindad en Tepito, o bien, codiciados objetos de colección.

“Sin embargo, la llegada de nuevos instrumentos en 2002, fortaleció al gremio. Gracias a eso ahora podemos trabajar dos turnos”, comenta Maya. En los últimos dos años, las calles de México han sumado 66 organillos y 100 operadores.

MALA FACTURA


Pero la voz de la experiencia no está de acuerdo con la calidad de estos nuevos cilindros, más baratos, a los que don Bernardo Trejo llama “hechizos” sin dudarlo un sólo segundo. “Nada que ver con el sonido de los originales alemanes. Estos están todos desafinados”, dice apostado sobre las calles del Centro de Coyoacán quien es cilindrero desde hace más de 22 años. 

La dislocación del tono es ya casi una característica del sonido de estos instrumentos. Y es que repararlos es complicado: “en México sólo existen cinco personas capaces de arreglar un organillo al 100 por ciento, y son muy poco unidos; cada uno obedece al grupo al que pertenece”, explica Maya. En buena medida, el mantenimiento depende de que vengan técnicos guatemaltecos o chilenos, lo que encarece los costos.

REPERTORIO DE MUSEO


El de organillero es un oficio con más de un siglo de historia. Desde el Porfiriato sus notas han forjado una narrativa histórica de la Ciudad de México.

Las primeras presentaciones del cilindro se llevaron a cabo en ferias, circos y carruseles, con lo que fueron tomando un carácter popular, de acuerdo con lo que refiere el sociólogo Víctor Inzúa, en su libro La vida de los organilleros. Tradición que se pierde (Conaculta).

Desde entonces, las tonadas de Las mañanitas y Cielito lindo han estado en sus rollos.

En los años 40, estas máquinas musicales amenizaban fiestas populares y consolaban borrachos de cantina con las melodías de Son de Mariachi, María bonita y otros boleros de la época que aún forman parte de un repertorio que ha permanecido intacto por décadas.

Así lo inmortalizó Javier Solís en sus versos:

Amigo organillero, arranca con tus notas pedazos de mi alma, no importa que el recuerdo destroce mis entrañas

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Organilleros


Más allá de canciones como Somos novios (1968), de Armando Manzanero, lo más actual que se ha propuesto incluir en estos instrumentos es música de los Los Beatles, un plan que existe desde 2012, a decir de Román Dichi, quien posee el organillo más viejo del país, una pieza alemana de 126 años de antigüedad.

Sin embargo, el plan de traer el cuarteto de Liverpool a las cajas cilindreras no ha podido concretarse. El dirigente sindical lo achaca a la decidia de los técnicos guatemaltecos. “Esperemos que para este mes de noviembre quede todo listo”.

Pero no es el único esfuerzo que existe por saltar a la modernidad. Maya administra la página de Facebook, Organilleros de México, y el twitter, @OrganillerosMex, donde se comparten pintorescas fotografías de la cotidianidad cilindrera.

Roco Pachucote, vocalista de La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, y habitante del DF desde siempre, no puede recordar su infancia sin la presencia de estos hombres ataviados en trajes color beige.

“El organillero es el ambiente sonoro de mi infancia. Recuerdo cuando mi padre y yo íbamos a las luchas en el centro, salíamos de madrugada y el organillero siempre tocaba afuera de los Caldos Plata”, comparte en entrevista. Dichos recuerdos, dice, fueron los que lo llevaron a componer, en 1996, Vuelta tras vuelta, “una canción dedicada a todos esos cilindreros que me provocan una lluvia de recuerdos”.

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Organilleros