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Ópera se vuelca en las muertas de México

A propuestas como "Únicamente la verdad: La auténtica historia de Camelia la Texana", de Gabriela Ortiz, o "Cuatro Corridos", con texto de Jorge Volpi, se suma un estreno: "Marea roja", de Alejandro Román, que narra tres casos de feminicidio.
Rosario Reyes
20 julio 2016 20:44 Última actualización 21 julio 2016 5:0
La violencia que azota al país es tema de los libretos operísticos que se escriben en México. (Braulio Tenorio)

La violencia que azota al país es tema de los libretos operísticos que se escriben en México. (Braulio Tenorio)

La obra está inspirada en tres casos criminales: el de Nadia Vera, la activista que fue asesinada el año pasado junto a otras tres mujeres y el periodista Rubén Espinosa en un departamento de la colonia Narvarte; Kassandra Bravo, joven enfermera que fue violada por su padrastro y desaparecida en Michoacán; y Blanca Montiel, una mujer que fue alcanzada por una bala perdida de aquellos que perseguían a los 43 estudiantes de Ayotzinapa, el 26 de septiembre de 2014.

“La intención del proyecto es relatar los hechos cruentos, pero al mismo tiempo hablar de estas tres mujeres y de las miles de desaparecidas y asesinadas en este país, para rendirles un homenaje”, dice Lucía Olmos, soprano y directora del grupo vocal Túumben Paax, que con su participación en esta puesta celebra 10 años de trayectoria.

El sexteto de voces femeninas encargó a Alejandro Román un texto sobre violencia de género y él decidió llevar a escena las tres historias que dan testimonio de la descomposición social que crece en México. Con música de la joven compositora Diana Syrse y dirección de Oscar Tapia, Marea roja se presentará el 20 y 21 de agosto en el Teatro de las Artes del Cenart.

A través de cada uno de los casos, la trama ilustra diferentes situaciones que se viven en el país: los feminicidios, en el de Kassandra Bravo; las llamadas víctimas colaterales, a partir de la muerte de Blanca Montiel; y la avanzada de la violencia en todo el territorio con el asesinato de la activista y antropóloga Nadia Vera, quien huyó de Veracruz, donde trabajaba, a la Ciudad de México, tras recibir amenazas de muerte.

“Cuando estábamos trabajando en el texto, sucedió el multihomicidio de la Narvarte, donde murió Nadia, y nos impactó muchísimo, porque fue a unas calles de nuestras casas”, dice Lucía Olmos. “Traducir esas palabras a la música impacta los sentidos. Nuestra intención es generar una reflexión, porque nos hemos acostumbrado a oír sobre los hechos violentos y ya no nos asombran”.

LA POTENCIA DE LA POESÍA
El reto para el director era no reproducir la violencia en el escenario de una manera explícita. “No es nada sencillo tratar en escena algo tan delicado. Lo que estamos buscando es honrar a estas víctimas y hacer un espectáculo poético, que la poesía se refleje en lo visual y nos deje algo para reflexionar”, explica Oscar Tapia. “Los pasajes de violencia los estamos resolviendo con teatro de sombras, con imágenes alusivas. No vamos a meter sangre en el escenario”.

Tratar estos casos artísticamente es una oportunidad de cambio, agrega. “Creo que necesitamos abrir un poco la conciencia; estamos como adormecidos. Marea roja habla de la necesidad de despertar como sociedad”.

El director comprobó los alcances del arte cuando estuvo a cargo de un programa de ópera en Chihuahua de 2008 a 2013, creado por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez y el productor Carlos García Ruiz, el mismo que en su momento le dio su primer papel a cantantes como Rolando Villazón y María Katzarava.

“Hicimos prácticamente todo el repertorio clásico, fueron por lo menos 30 puestas. En una ocasión hubo un narcollamado para que la gente no saliera de sus casas porque se iban a ajustar cuentas y coincidía con el estreno de Caballería rusticana; parecía un pueblo fantasma, pero la concurrencia ocupó el teatro a la mitad. La gente llegó con la idea de recuperar su ciudad y no permitir que la violencia se apoderara de ellos”, recuerda Tapia.

“Es lo que hace el arte, sí puede propiciar un cambio, simplemente al enunciar las atrocidades que suceden, es un primer paso”, destaca. “Es tiempo de que levantemos la voz, que la sociedad empiece a hablar”.