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¡Oh, Yoko! Lejos del pop... pero cerca del avant-garde

El reconocimiento de Yoko Ono como coautora de 'Imagine' tardó 45 años. Quizás la industria musical lo hizo en un acto de redención a su figura, pues siempre ha sido señalada como la principal causante de la separación de los Beatles.
Eduardo Bautista
27 junio 2017 22:44 Última actualización 28 junio 2017 5:0
Tan amada como odiada, a sus 84 años Yoko Ono ha escrito su propia historia. (Óscar Castro)

Tan amada como odiada, a sus 84 años Yoko Ono ha escrito su propia historia. (Óscar Castro)

A Yoko Ono le dijeron que nunca sería compositora. Que su vida estaba destinada a la rutina propia de una dama de la alta sociedad japonesa. Y que si le gustaba la música, se dedicara al canto, porque la composición era materia de hombres. Eso fue antes de la Segunda Guerra Mundial. Hoy, lejos de tierras niponas, es reconocida como coautora de la gran canción del siglo XX.

Después de 45 años y una carrera de escaso éxito comercial, la National Music Publishers Association (NMPA) le otorgó el pasado 15 de junio el crédito como compositora de 'Imagine'. No lo había hecho antes pese a que John Lennon admitió en una entrevista realizada en 1980 que Yoko había sido “influencia e inspiración” para componerla. “Cuando lanzamos la canción (en 1971) yo era un poco más egoísta y macho”, se justificó el exbeatle en aquella conversación.

No sólo se trata de un hecho comercial, sino de un logro profundo en la vida de Yoko, quien creció entre la aristocracia más conservadora. Su padre, Eisuke Ono, era descendiente de una línea de samuráis cuyos orígenes se remontan al siglo IX. Su madre, Isoko, era heredera de la fortuna de los Yasuda, uno de los clanes de banqueros más poderosos del Japón imperial, y antecesores de lo que hoy es Mizuho Financial, el banco más grande por activos del mundo, según The Wall Street Journal.

Estudió en el Colegio Gakushuin, donde tuvo como compañero de clase a Akihito, el actual emperador del Japón. Tenía prohibido reírse sin taparse la boca. A los 2 años comenzó a tocar el piano. Aprendió a interpretar a Brahms y Mozart, pero también fue instruida en los 12 tonos de Schönberg, una auténtica revolución para la época.

— Papá, quiero ser compositora.

— Imposible. Dime una sola mujer que haya destacado en la historia como compositora.

Yoko guardó silencio. Decepcionada, ingresó a la licenciatura en filosofía a los 18 años. No la concluyó. Sus compañeros la criticaron por ser la única mujer matriculada en esa carrera. La convulsa situación política del Japón después de la Segunda Guerra Mundial la obligó a trasladarse constantemente a Nueva York durante la década de 1950.

Todo ello es narrado por la periodista Sheryl Garratt en un artículo publicado en The Telegraph en septiembre de 2009. Los biógrafos de Lennon coinciden en que Yoko siempre fue hermética sobre su pasado. Fue hasta 2014 —en su exposición One Woman Show, en el MoMA— cuando reveló que, de niña, vivió por semanas en un búnker para protegerse de los bombardeos estadounidenses. En ese periodo recurrió a la poesía para provocar en su hermano menor la ilusión de que estaba comiendo un banquete.

El hambre quedó atrás cuando arribó a Estados Unidos de manera definitiva, pero las palabras de su padre aún reverberaban en su cabeza. Para olvidarse de su familia, se inscribió en el Sarah Lawrence College —una escuela de corte liberal— para realizar investigaciones sobre el haiku -un género poético japonés de esencia contemplativa, cuya brevedad (17 sílabas) potencia el asombro y la emoción contenidos en sus imágenes-. Una de sus piezas poéticas-musicales se llamaba 'Secret Peace' y daba una instrucción para ser interpretada de una manera poco convencional: “Elije una nota musical. Ahora tócala con el siguiente acompañamiento: el sonido que hacen los árboles desde las 5 hasta las 8 de la mañana en verano”.

Un maestro del colegio le dijo que buscara a un compositor llamado John Cage para que la ayudara con sus proyectos. Lo conoció a los 25 años. Desde entonces, toda su obra musical corrió por la línea contemporánea y el avant-garde. Su matrimonio con el compositor Toshi Ichiyanagi la acercó a artistas como Max Ernst, Peggy Guggenheim, Marcel Duchamp y Edgar Varèse, entre quienes sus happenings, performances y conciertos era bien recibidos.

“La música que hacía no encajaba en los estándares de la industria. Antes de conocer a Lennon estuvo inmersa en el avant-garde, y no fue hasta la muerte de éste que comenzó a componer música más accesible. Y ni siquiera así tuvo éxito comercial”, observa el crítico musical Octavio Echávarri.

A principios de los 60, mientras Yoko se rozaba con la crema y nata del arte contemporáneo de Manhattan, un chico de la clase obrera que respondía al nombre de John Lennon tocaba en el Cavern Club de Liverpool con la esperanza de que su talento —y el de sus amigos Paul y George— fuera captado por algún agente discográfico. Ese hombre fue Brian Epstein y, en dos años, convirtió a los Beatles en el primer mercado musical enfocado a los jóvenes, según Ron Howard.

Pero a Yoko nunca le interesó el mainstream. En 2007, en una entrevista con Pitchfork, dijo: “hay una gran diferencia entre la industria musical y la música. Mi relación es con la música, no con la industria. Creo que el negocio seguirá cambiando, pero la música no lo hará. La música permanecerá”.

Su primer álbum, Yoko Ono/Plastic Ono Band (1970) —lanzado un año antes que Imagine— no fue bien recibido. Después grabó otros 12, siempre experimentales.

“Dicen que fue la pionera del punk y el new wave, pero también decían que su voz era ridícula. Su presentación en Toronto con Lennon fue muy criticada”, recuerda Echávarri. “Sus convicciones siempre fueron vanguardistas; nunca pudo transcribir, por ejemplo, el canto de un pájaro a una partitura. Hasta cierto punto fue incomprendida por haber sido la esposa de Lennon. Quizás si hubiera sido la mujer de Cage habría sido más apreciada”.

Para Echávarri, la influencia artística de Yoko en Lennon es insoslayable. Prueba de ello, dice, es uno de los álbumes más comprometidos del exbeatle: Some Time in New York City (1972), en cuyas versiones en vivo participó Frank Zappa. “Eso hubiera sido imposible sin ella”, asegura.

Quizás la industria —reflexiona— la ha reconocido en un acto de redención a su figura, pues siempre ha sido señalada como la principal causante de la separación de los Beatles.

Tan amada como odiada, a sus 84 años Yoko Ono ha escrito su propia historia. Ahora disfruta de la coautoría de 'Imagine' y de los 12 millones de dólares que, según Forbes, sigue generando la marca de Lennon cada año.