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Oficio en el que va la vida

En su libro más reciente, Fernando García revela las vicisitudes de vivir a la caza de entrevistas con los monstruos del rock. A los rockstars no les gustan los reporteros. Lo sabe bien el afortunado periodista argentino que debió sortear los arranques furiosos de algunos rockeros.
Eduardo Bautista
06 junio 2016 21:57 Última actualización 07 junio 2016 5:0
Ozzy Osbourne, hastiado, paró la entrevista por haberle preguntando sobre el murciélago que descabezó con los dientes. (Cortesía)

Ozzy Osbourne, hastiado, paró la entrevista por haberle preguntando sobre el murciélago que descabezó con los dientes. (Cortesía)

Decía Frank Zappa que los periodistas de rock son gente que no sabe escribir, que entrevista a gente que no sabe hablar, para gente que no sabe leer.

A los rockstars no les gustan los reporteros. Lo sabe bien Fernando García, un afortunado periodista argentino que debió sortear los arranques furiosos del John Lydon más ególatra y la actitud arrogante de un Lou Reed obsesionado con los ceniceros y el tai chi.

Entrevistar a las voces protagónicas de un siglo es una empresa temeraria. Frente al rockstar no existen esquemas. En un minuto, dice García, el personaje hace trizas cualquier plan. Como cuando el ex vocalista de los Sex Pistols le aventó el dinero para que fuera a comprar cigarros. O cuando Ozzy Osbourne, hastiado, paró la entrevista por haberle preguntando sobre el murciélago que descabezó con los dientes en pleno concierto.

Estas anécdotas –y muchas otras– se encuentran en Cómo entrevistar a una estrella de rock y no morir en el intento (Jus), un banquete de 177 páginas en el que se compila, mediante una íntima narrativa de entrevistas y crónicas, buena parte de la historia del rock: Neil Young, David Bowie, Paul McCartney, Lou Reed, Phill Collins, Malcom McLaren, Dee Dee Ramone, Kiss, Bee Gees, Bon Jovi, Bono, Damon Albarn, Noel Gallagher, Regina Spektor...

“No hay que contribuir a la canonización de la estrella de rock ni a su desmitificación. Hay que buscar el punto intermedio”, asegura el periodista, quien describe su oficio como “montar a un toro mecánico, aguantar y no dejar que te tire”.

Una de las dificultades a las que se enfrentó fue su condición de latinoamericano. Los rockstars, dice, menosprecian a los medios que no son anglosajones. Aunque muchas veces esto ayuda para que el entrevistado se sienta más libre. Quizás esa fue una de las razones por las cuales Lou Reed le dijo que “Dios ayuda a los borrachos y a los tontos”. O David Bowie, quien le sentenció: “Prefiero morir antes que convertirme en un clásico”.

“Algunos son arrogantes e incluso varios llegan a rayar en mal educados. En el caso de la entrevista con Lydon hubo mucha persistencia y paciencia. No es fácil estar frente a un tipo que te insulta “, comenta García, quien se acercó al líder de PiL como un fan cualquiera. Pero cuando éste descubrió su mentira, se puso tan furioso que por momentos García creyó que le iba a lanzar un golpe.

“No hay que pensar en las estrellas de rock como entrevistados normales. No se parecen en nada a los intelectuales o los políticos. Debemos estar preparados para cualquier eventualidad y tener la capacidad de domar la situación”, agrega el reportero, en referencia, sobre todo, a la entrevista que le hizo al ex vocalista de The Velvet Underground, quien por varios minutos se negó a contestarle repitiéndole una sola pregunta: “¿Qué es lo que quieres saber?”.

Hoy Lou Reed está muerto y García aún recuerda su risa inexpresiva. Un ja, ja, ja gris, irónico, casi sarcástico. “El poeta oscuro”, prefiere llamarlo. Su personalidad, dice, aplastaba cualquier cuestionario previo. Apenas le respondió unas cuantas preguntas.

“Siempre existe el miedo de no lograr la entrevista. Sabes que es un momento que jamás se va a repetir. Los nervios te consumen. Y más cuando alguien te está fulminando con la mirada. Estás sólo frente a ellos, los ídolos de millones de personas. La carga física que expresan es muy fuerte. Por algo son lo que son. La energía del ambiente cambia rotundamente”, afirma García.

Juan Villoro –el prologuista de este libro– asegura que los músicos de rock se han liberado de la posibilidad de ser normales y han ejercido su diferencia hasta crear su propio folclor.

La intención de García es encontrar lo mundano en medio de ese universo de vanidades. “Buscar el misterio de la persona que vive dentro del mito”, dice Villoro.

El autor sostiene que en este trabajo no hay secretos o reglas: sólo la ambición por una historia. “Trato de liberarme del espíritu del fan. Ningún periodista puede llegar en esas condiciones a una entrevista”.
El momento relevante, dice, llega frente a la hoja en blanco. “El rock no puede escribirse como cualquier otra noticia. Creo que los periodistas de mi generación somos más independientes que nuestros antecesores. En Argentina, muchos reporteros eran cercanos a la industria musical”.

“Me he llegado a preguntar: ¿yo quién soy para escribir esto sobre Lou Reed? Pero después sé que puedo escribir lo que quiera”, asegura García, quien cree que la clave estriba en no ser humilde ni ególara: sólo observador.

Finalmente, contar historias es su oficio, el mismo que criticó Frank Zappa hace 30 años, y que existirá hasta que el rock deleite al mundo con su último acorde.

FICHA DEL AUTOR
Fernando García
(Buenos Aires, 1967)
Autor de los libros: Sex Pistols y el punk inglés (1995), Los Ojos, vida y pasión de Antonio Berni (2005, 2009, 2013), Conversaciones con León Ferrari (2008), 100 veces Pappo (2011), 100 veces Redondos (2014), 100 veces Stones (2015), Marta Minujin: Los años psicodélicos (2015) y 100 veces Charly (2016). Escribe de artes visuales y cultura pop en el diario La Nación (Buenos Aires) y El País (Montevideo) y el sitio Informe Escaleno. Es asesor literario de Editorial Planeta.