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ENTREVISTA
Javier Sierra, periodista y escritor

Obras del Museo del Prado, vistas desde los ojos del alma

El escritor e investigador español tiene otra perspectiva del arte, la cual puede ver gracias a una "mirada heterodoxa que nos muestra un mundo a la inversa”. En esta ocasión, Sierra revela en su libro "El Maestro del Prado" los misterios de este recinto cultural español. 
Ruth Martín
06 mayo 2014 21:41 Última actualización 07 mayo 2014 5:0
Javier Sierra trabaja en su próxima obra "El secreto egipcio de Napoleón".

Javier Sierra trabaja en su próxima obra "El secreto egipcio de Napoleón".

Es domingo de primavera en Madrid, quizá el día en el que el Museo del Prado, una de las pinacotecas más importantes del mundo, recibe el mayor número de visitantes. En la puerta de Los Jerónimos espera Javier Sierra, periodista y escritor, de sonrisa amable, voz cálida y pausada, como los pasos que llevan hasta el interior de un espacio que alberga la historia en imágenes.

Recorrer el museo de su mano, reconvertido en el personaje de su libro "El Maestro del Prado", es descubrir un espacio en el que el arte se mira con otros ojos, “desde el alma”. Su obra, una de las de mayor éxito en los últimos tiempos, ha conseguido que algunas de las grandes obras de la pintura universal transiten de los muros a ser protagonistas de una historia de palabras.

La primera parada de este improvisado recorrido en el que se funden arte y literatura es El jardín de las delicias, de El Bosco, uno de los cuadros protagonistas en "El Maestro del Prado" que esconde un significado que se oculta de la vista. “Más allá de la mirada ortodoxa con la que el tríptico se ha observado desde siempre, existe también una mirada heterodoxa que nos muestra un mundo a la inversa”, explica con entusiasmo frente al cuadro, entre la multitud.

___¿De dónde partió la idea de escribir un libro como El Maestro del Prado?

___Llegué a la obra de manera natural tras publicar "La cena secreta", basado en La Última Cena, de Leonardo Da Vinci, en Milán. Gracias al éxito internacional que obtuvo, pronto comenzaron a preguntarme si en España no había suficiente arte para hacer algo similar. Y por supuesto, lo había. Siempre me ha pesado la falta de didactismo con la que nos han acercado al arte: muy poco a través de la simbología, de lo profundo que emana de las obras. Trato de responder a una pregunta que muy pocos nos hacemos cuando visitamos el museo: ¿por qué el artista ha pintado esa obra con esa aproximación y no otra?

Fueron las pinturas rupestres del Paleolítico, en el norte de la Península Ibérica, las que le orientaron su trabajo, al descubrir que su misión principal era cultivar el alma de quien lo contemplaba. Es así como Javier Sierra descubrió que algunos de los cuadros estrella del Museo del Prado fueron concebidos por sus autores como puertas al más allá.

___ La Gloria, de Tiziano, El jardín de las delicias, de El Bosco; La Perla, de Rafael, entre otras obras, ¿por qué esas y no otras?


___Una de las grandes críticas que recibí fue haber dejado fuera las obras de Goya y Velázquez, pero quería que el lector también mirara con otros ojos el Museo del Prado, que se parara en sus rincones y descubriera las historias que se esconden más allá de los recorridos oficiales. Estas obras que hacen visible lo invisible, cuyos autores formaban parte de sectas como los adamitas y familistas, fueron utilizadas por monarcas como una guía hacia el más allá. El jardín de las delicias, por ejemplo, sirvió a Felipe II para aliviar su agonía en el lecho de muerte, porque creía que esas imágenes le acompañarían en el tránsito: cuando te fijas en el centro geométrico del tríptico, encuentras la figura de un búho, que en la Grecia clásica representaba al animal que acompañaba a los difuntos.

Javier Sierra avanza por los pasillos del museo que conoce a la perfección, para llegar a la siguiente parada: La Gloria, de Tiziano, una obra que pusieron a los pies de Carlos V con el propósito de que éste meditara sobre su propia muerte.

___¿Fue difícil trasladar el arte a las palabras?

___Lo fue, de ahí que una de mis condiciones fuera que la edición incluyera las láminas a color. El libro siempre pretendió acercar el arte a ese lector que no conoce los códigos para analizarlo y, de una manera didáctica, conseguir que miren los cuadros con el alma. He conseguido que ciertas pinturas que no son las más famosas dentro del museo, adquieran sentido total.

___¿Por qué cree que no todos los títulos españoles llegan a México?


___Creo que una de las razones por las que el público en México me es fiel es porque en mis obras hay una recurrencia a la muerte, uno de los grandes temas del país; pero también habría que preguntarse por qué las obras de autores mexicanos no llegan a España. Soy de la opinión de que el libro debe viajar físicamente y, además, creo que tenemos un gran problema de provincianismo importante en el mundo hispano. Aunque sea políticamente incorrecto decirlo, hemos sufrido un retroceso porque de un tiempo a esta parte España decidió mirar a Europa y no a América, y eso además de un error es un pecado. Hacia donde debemos mirar es a América Latina que es nuestro futuro, porque España decidió ser hija de Europa y no madre de América.

Mientras las puertas del museo cierran, este particular Maestro del Prado regresa a trabajar en la reescritura de una de sus antiguas obras: "El secreto egipcio de Napoleón".

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El Jardín de las Delicias de El Bosco, vista como portal 'del más allá'

 

El Bosco