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Obra gráfica surrealista en el Munae

10 febrero 2014 5:6 Última actualización 12 agosto 2013 5:10

[Cuartoscuro]


 
 
Silvina Espinosa de los Monteros
 
 

Bajo el título Georges Visat / El ojo surrealista (París 1940-1990), en el Museo Nacional de la Estampa (Munae) se exhibe ya una muestra que reúne 164 obras gráficas y 13 libros de arte impresos por este sobresaliente artista y grabador de origen corso, a quien frecuentemente se alude como el 'editor de los surrealistas'.
 
 

Con una selección de grabados y litografías de artistas como Max Ernst, Dorothea Tanning, René Magritte, Man Ray, Salvador Dalí, Hans Bellmer, Unica Zürn, Wifredo Lam y Roberto Matta, entre otros, además del propio Visat, esta exposición constituye una oportunidad única de apreciar dichas piezas de forma conjunta, ya que muchas de ellas no habían sido prestadas a museos en más de 20 años. 
 
 

A lo largo de su trayectoria, Visat intercambió, compró o recibió como regalo decenas de obras de artistas que imprimieron sus trabajos con él.
 
 

Motivo por el cual integró una invaluable colección que hoy se encuentra bajo la custodia de su hija Armelle Visat, y de su esposo, Yannick Minous, quien además participa como curador de la muestra. De ahí nuestra charla con él.
 
 
—Georges Visat inició su labor como impresor a la edad de 14 años —nos cuenta Yannick Minous—.
 
 
Visat nació en Córcega y su mamá quedó embarazada sin haberse casado, lo cual era muy mal visto en ese lugar, por lo que la expulsaron del pueblo. Su padre era apostador y gastaba mucho dinero. Cuando Visat concluyó sus estudios elementales, le dijeron que se tenía que poner a trabajar.
 
 

El papá conocía a un señor que laboraba en una imprenta y así fue como se inició en el oficio.
 
 

Georges Visat (1910-2001) inició su carrera como aprendiz en el taller de León Isidoro, y más tarde en la Academia Colarossi y la Grande Chaumière. En 1937 fundó su primer taller de impresión, pero durante la ocupación nazi en París lo aprehendieron y lo llevaron preso a Alemania. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945, retomó su trabajo como artista e impresor.
 
 

—Cuando Visat se reinstala en la Ciudad Luz, uno de los trabajos más determinantes durante ese periodo fue el que hizo con el pintor Albert Decaris, ¿en qué consistió esta relación? —preguntamos a Minous.
 
 

—Fue un encuentro muy especial, ya que en esa época Decaris es el que hacía los timbres postales, los billetes de banco, además de ilustrar obras literarias, por lo que todo ese trabajo se lo dio a Visat para que él lo imprimiera.
 
 
—¿De qué modo fue estableciendo vínculos con otros artistas?
 
 
—A través de relaciones profesionales conoció a Braque. Justo después de la Segunda Guerra Mundial, la Galería Maeght de París buscó a alguien que imprimiera grabados, por lo que le recomendaron a Visat. Pero poco después se comenzó a hacer una red, porque los propios pintores llegaban a solicitar trabajos sin la intermediación de la galería, y su labor fue cobrando prestigio a través de recomendaciones.
 
 

En 1961, Visat estableció su taller de impresión en Saint-Germain des Prés, uno de los enclaves fundamentales de la vida intelectual y cultural parisiense, a donde acudían André Breton y buena parte del círculo surrealista.
 
 

A la par de los grabados mostrados de manera unitaria, pero que a su vez conforman diversos cuadernillos como los de la artista esquizofrénica Unica Zürn, los aguafuertes eróticos de Hans Bellmer o las sensuales mareas de Dorothea Tanning, en el Munae se exhiben 13 libros publicados por Ediciones Georges Visat, en los que se advierte cómo este hombre multifacético participó en todas las etapas de producción, al tiempo que logró conjuntar la plástica con la literatura en libros-objeto como Madame Edwarda (1965), de Georges Bataille, o Misticismo carnal (1976), de Rene Crevel.
 
 

—Desde su perspectiva, ¿cuáles son las aportaciones más sobresalientes de un artista tan completo como Georges Visat?
 
 
—Él fue quien creó la técnica del relieve y el primero en utilizarla —explica Minous—. Visat pasaba todos los fines de semana haciendo pruebas y experimentos con los materiales empleados en los grabados logrando copiar perfectamente obras de otros artistas, por lo que en ocasiones lo trataron de imitador. Quienes usaban técnicas convencionales no lograban ese nivel. De ahí que lo hayan escogido para representar las obras de Braque en el Museo de Louvre.
 
 
Durante el recorrido de prensa, Yannick Minous cuenta la anécdota de los grabados del chileno Roberto Matta, considerado uno de los últimos representantes del surrealismo. A Matta le llamaban 'el artista con prisa', porque siempre andaba de viaje y cuando hacía escala en París, le dejaba a Visat los trazos de sus obras, pero era el grabador e impresor quien les añadía los colores de fondo y los preparaba para llevarlos al papel.
 
 

—¿Uno de los valores fundamentales del trabajo de Visat radicó en su capacidad para reproducir obras idénticas a las originales o en el hecho de que él les imprimiera su sello particular?
 
 

—Eso es lo que buscaban los artistas, que él hiciera su aportación. A él le daban a grabar muchísimas obras y aunque Visat no quedaba muy satisfecho, a los artistas les encantaba que él les diera su toque personal.
 
 

—La colección gráfica de Georges Visat es enorme, al punto de que no se sabe de cuántas piezas consta. Tomado en cuenta lo anterior, ¿cuál fue el criterio de selección de las obras que actualmente se exhiben en el Munae?
 
 

—Casi todas las obras de esta muestra fueron impresas en Ediciones Georges Visat o editadas por él fuera de su imprenta. Todas se desprenden de una relación personal de los artistas con el impresor.
 
 
La exposición está centrada en el surrealismo pero Visat, como los espectadores podrán advertir, también trabajó con artistas de otros movimientos. Por ejemplo, con Pierre Alechinsky, fundador del movimiento artístico del llamado Grupo CoBrA; con Peter Klasen y Alain Jacquet, que forman parte del movimiento de la nueva figuración o figuración libre e, incluso, con exponentes del dadaísmo como es el caso de Hans Richter.
 
 

—¿Qué le atraía a Visat de esta clase de movimientos artísticos, particularmente del surrealismo?
 
 
—Pues no le sabría decir con exactitud. Él era un hombre muy generoso. Nunca le dio importancia a las cosas materiales y quizás el vínculo con ellos viene de la posibilidad de crear sólo por el gusto de hacerlo, sin tener ninguna clase de ataduras.