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culturas

Núremberg, lugar del nacimiento

De la ocupación nazi a la capital de la Navidad. La bella ciudad alemana hace de la festividad un asunto cultural como pocas en el planeta. En estas fechas Núremberg recibe a más de 2 millones de personas que recorren su mercadillo de origen medieval.
Lizbeth Hernández
18 diciembre 2016 21:10 Última actualización 19 diciembre 2016 5:0
Por todo lo que representaba para Hitler, Núremberg fue el primer blanco de los Aliados. (Especial)

El Mercado de Navidad se pone desde inicios del mes de diciembre y se queda hasta el 24. (Especial)

De la destrucción al florecimiento. De la guerra a la paz. De la ocupación nazi a la capital de la Navidad. Núremberg fue elegida por Hitler como la sede del partido Nazi, pero se sobrepuso al horror. En estas fechas cada año recibe más de 2 millones de personas que recorren su mercadillo de origen medieval.

Ciudad de castillos y fortalezas. Ubicada en el centro de Alemania, su posición privilegió el comercio al convertirse en el centro de todas las rutas. Famosa por sus artesanías de madera, aquí creció la industria de autos, juguetes y la navideña.

Al respecto, Dámaso Morales, catedrático e investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, asegura que las festividades de la Navidad tienen otra particularidad, funcionan como una amalgama del cristianismo afincado en Europa. “El pueblo alemán es devoto”, subraya.

A esa devoción y a los orígenes de esta bella ciudad como la capital del Sacro Romano Imperio Germánico apeló Hitler para establecer ahí la sede del fascismo. “La admiraba, seducido por las historias de los antiguos héroes: rubios, altos y valerosos se convirtió en el ideal ario”, agrega Morales.

Es por ello que fue la sede de los congresos del Partido Nazi de 1927 a 1938. Por órdenes del Führer se comenzó con la construcción de una réplica del Coliseo Romano; los encargados de edificarlo fueron los judíos de los campos de concentración de Flossenburg.

Las juventudes hitlerianas se reunían en ese lugar, “gozaban de ciertas libertades, incluso sexuales, con la idea de procrear nuevas familias e hijos para la patria Alemana”.

Al concluir la Segunda Guerra Mundial varias ciudades germanas quedaron destrozadas. Por todo lo que representaba para Hitler, Núremberg fue el primer blanco de los aliados; el 90 por ciento de la ciudad simplemente desapareció.

La reconstrucción fue ardua, la Navidad y sus símbolos ayudaron al resurgimiento económico. Su mercado decembrino, con más de 400 años de historia, cimienta la tradición y el orgullo de la alta manufactura local. Localizado en el corazón del Casco Viejo ofrece lo mejor no sólo de artesanías y juguetes; también de su herencia culinaria.

Conservan la tradición medieval de hacer figuras humanas con frutas secas, ciruelas e higos. Las unen con un alambre y ponen una nuez como si fuera la cabeza; en el medioevo era lo que se les daba de regalo a los niños, hoy son estructuras mucho más creativas.

El ambiente se completa con el aroma y sabor de las salchichas alemanas a las brasas, las típicas galletas y el vino caliente.

El Mercado de Navidad se pone desde inicios del mes de diciembre y se queda hasta el 24. También se puede escuchar música de temporada con diversas bandas y solistas. Todo para disfrutar de esta época del año.

El resurgimiento y consolidación de esta plaza es una manera de responder al mundo lo que significa el espíritu alemán en el que impera la fuerza de la colectividad. La mayoría de las ciudades alemanas están afianzadas sobre una gran prosperidad y organización.

“Hamburgo, Berlín, Múnich y Núremberg lo lograron. Después de la guerra en todas las ciudades, el palacio de gobierno comparte el mismo edificio con las cámaras de comercio y manufactura, van a la par. Esa es la clave de su despegue; su raíz es netamente medieval”, ahonda Morales.

Para resurgir, Núremberg volvió a sus orígenes. No es casual que en la oferta de las artesanías destaque la elaboración de nacimientos los cuales se hacen de diversos materiales: madera, latón, cerámica, cera y cuero. Tienen gran demanda. Representan la historia viva de la ciudad. A mediados del siglo XX y tras la guerra, la urbe volvió a nacer.