“No programaré para cancelar”: Alonso Escalante
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“No programaré para cancelar”: Alonso Escalante

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“No programaré para cancelar”: Alonso Escalante

El nuevo director de la Ópera de Bellas Artes, además de recibir el reto de dirigir una de las áreas más difíciles de la cultura en México, planea montar siete títulos en 2018.

María Eugenia Sevilla
31/01/2018
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Después de una hora de conversación con el director entrante de la Compañía Nacional de Ópera u Ópera de Bellas Artes, Alonso Escalante, el panorama para los siguientes dos años queda aún borroso. Recién tomó el cargo el 15 de enero pasado, y no puede divulgar al 100 por ciento el programa de de este año hasta que quede aprobado del por el Consejo de Ópera, que aún no se reúne.

La expectativa también se vive dentro del foso del Palacio de Bellas Artes: músicos de la Orquesta del teatro afirmaron a este diario, en entrevista aparte, que apenas el 14 de diciembre pasado hubo una reunión en la que se habló de producciones y fechas de realización.
El dato duro es que Alonso Escalante espera presentar este año siete títulos, entre otras actividades concertísticas.

Cantante de formación, Escalante ocupa este cargo por segunda ocasión. En la primera (2009 -2010) no tuvo tiempo para operar, ya que el Palacio de Bellas Artes se encontraba bajo remozamiento.
Ahora su meta es más ambiciosa:

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Los sistemas de trabajo en el medio cultural a veces se soslayan, pero si los procesos están bien planeados resultan en improvisación. Y si no trabajamos sobre rieles muy bien montados,
la locomotora se puede descarrilar”

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“Esta es la Compañía Nacional de Ópera, lo que supone un carácter emblemático: aunque esté en la Ciudad de México debe representar lo mejor que en el arte lírico se hace en este país”.

Una búsqueda que también han manifestado cada uno de sus antecesores, incluso quien le entrega el cargo, la soprano Lourdes Ambriz, quien dejó la OBA para retomar su carrera artística. Lo hizo en medio de un ambiente de inconformidad, en el que músicos de la orquesta acusaron “amiguismos” en la contratación de cantantes de dudosa aptitud. Las quejas percutieron en la sustitución del tenor turco Efe Kislali por Kristian Benedikt, de Lituania, en el montaje de Otello, de Giuseppe Verdi, que se escenificó en noviembre pasado.

El colmo: el último capítulo de la administración de Ambriz fue la cancelación de El murciélago, de Johann Strauss hijo. La explicación oficial de la baja fue que los temblores de septiembre impidieron llevar a cabo los ensayos necesarios para su realización.Una fuente, que pidió el anonimato, sostiene que los cantantes contratados para la obra no tenían la calidad suficiente para estar en el escenario. Las tres de las cuatro funciones de La fanciulla del West, de Giacomo Puccini, si fueron afectadas por los sismos. No se llevaron a cabo.

Los males que Ramón Vargas acusó largamente antes de tomar la silla en 2013, no cambiaron cuando la dejó en 2015, en medio de un fuerte recorte financiero. “Las restricciones presupuestales dificultaron que los recursos fluyeran al ritmo que las condiciones de contratación internacional exigen”, explicó entonces en el comunicado que dio a conocer su salida. La OBA había tocado fondo, sentenció entonces la crítica especializada.

Es así es como Alonso Escalante recibe el reto de dirigir una de las áreas más difíciles de la cultura en México.
La conversación sigue...

LO QUE VIENE
Escalante vuelve a la CDMX después de encabezar, durante siete años, el Teatro del Bicentenario de León. Un proyecto que -dice- recibió en obra negra, para el cual diseñó el proyecto total desde cero: en una ciudad que sólo tenía actividades culturales esporádicas, había que formar públicos en diversas disciplinas. “Y la ópera se volvió prácticamente la estrella”. Allá programó 14 producciones propias -en promedio 2 por año-, además de títulos entre otros montajes operisticos.

Programar ópera para el máximo escenario de México, que cuenta con su propia orquesta y uno de los mejores coros operísticos del mundo, es otro cantar, admite.

“La premisa de carácter artístico es la más importante: qué es lo que se quiere ofrecer al público en términos del corpus de una temporada. Aquí hay un público que tiene un conocimiento profundo y una experiencia de muchos años como espectador, que hay que conservar, y hay un público al que queremos llegar, más amplio, más joven, al que hay que atraer desde la imagen con la que que se hace la difusión”, observa.

En ese sentido, adelanta, la temporada deberá atender los títulos de repertorio que introduzcan al público nuevo, y que a la vez mantienen a la orquesta en forma, pero también deberá haber “rarezas” que atraigan a los conocedores, ópera contemporánea y, por supuesto, autores mexicanos.

También, dice, se mantendrá la presentación de cantantes extranjeros y el impulso a las voces jóvenes, como se ha hecho con la participación de becarios del Estudio de Ópera de Bellas Artes que fundó Ramón Vargas durante su gestión frente a la OBA.

El programa de 2018 dará comienzo el 11 y 13 de febrero próximos con una gala de Coros de ópera para celebrar los 80 años del Coro del Teatro de Bellas Artes.

El festejo del 150 aniversario luctuoso del Gioacchino Rossini permitirá escenificar un título bufo, poco montado, del compositor de Pesaro, que prefiere reservarse, y otro en concierto.

También contempla la puesta de El murciélago que fue cancelada días antes de su estreno en diciembre pasado y será finalmente montada para el cierre del año, aseguró.

Otro de los objetivos es dejar trazada la programación con al menos un año de antelación. La idea, dice, es evitar las improvisaciones –que tanto han caracterizado a administraciones anteriores-, aunque aún no sepa con qué presupuesto vaya a contar. Esta incertidumbre financiera es uno de los grandes obstáculos que han aquejado desde hace lustros a la Ópera del INBA y que resultan en cancelaciones.

“No programaré para cancelar”, señala con firmeza. “La temporada de 2019 debe quedar lista para el segundo semestre de este año, esa es la instrucción (de la directora del INBA, Lidia Camacho). Sí se puede. Tenemos que hacerlo. Si te esperas a saber el presupuesto del ejercicio en curso acabas trabajando al vapor y no sólo es más difícil mostrar una programación propositiva, sino todo sale más caro”.

LA RIFA DEL TIGRE
No es el primer titular de la Compañía Nacional de Ópera que expresa en entrevista el deseo de una buena planeación. Pero –amén de otros problemas– la realidad del aparato burocrático siempre termina superando los buenos deseos. En este caso, Alonso Escalante se siente confiado: “Veo que hay una voluntad de que la ópera tenga un lugar importante en el Teatro de Bellas Artes”, señala en referencia a la Dirección General del INBA.

“Hay que trabajar en la agenda y pulir las áreas de oportunidad”. Para eso, dice, debe implementar una metodología de coordinación del trabajo artístico, que requiere tiempo. “Lo ideal debe ser no menos de un año. Los sistemas de trabajo en el medio cultural a veces se soslayan, pero los procesos, si no están bien planeados, resultan en improvisación. Y si no trabajamos sobre rieles muy bien montados, la locomotora se puede descarrilar”.

Alonso Escalante admite que dada su naturaleza, el espectáculo operístico siempre implica riesgos. Admite también que al regresar a la silla de la OBA se ganó “la rifa del tigre”.

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