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deportes

No cambia París por su aldea, roja y partidaria

No hay entidad deportiva con mayor arraigo en su política local que el Toluca. El centenario del emblema futbolero sucede en medio de las elecciones internas de los partidos para la gubernatura estatal. 
Mauricio Mejía
09 febrero 2017 22:16 Última actualización 10 febrero 2017 5:0
El centenario del emblema futbolero sucede en medio de las elecciones internas de los partidos para la gubernatura estatal. (Cuartoscuro)

El centenario del emblema futbolero sucede en medio de las elecciones internas de los partidos para la gubernatura estatal. (Cuartoscuro)

No hay entidad deportiva con mayor arraigo en su política local que el Toluca. “Yo soy de Zacazonapan, donde crecí”, dice la letra de Rubén Méndez del Castillo que popularizó la voz de Antonio Zamora en los años 70, en los que el club rojo se hizo de un título de la mano de Ricardo de León y su candado. En aquellos días, cuando a la entrada de la ciudad se podía leer: “Aquí comienza la provincia mexicana”, era frecuente que una banda tocara las notas antes del inicio de los partidos en La Bombonera, como se le llamaba al estadio Luis Gutiérrez Dosal (hoy Nemesio Diez).

La Bombonera es, aún, un estadio chico en el que el Grupo Atlacomulco podía darse a notar aprovechando el piso legítimo del futbol. La historia gráfica del cuadro no esconde al Carlos Hank González, Alfredo del Mazo, Arturo Montiel o Emilio Chuayffet y otros gobernadores del Estado de México; todos priistas. Los Diablos Rojos son brazo deportivo del establishment mexiquense, los hombres de los usos del poder del más poblado de los estados de la República Mexicana (un “país” de casi 17 milones de personas) han presumido el colorado de la camisa del Club Deportivo Toluca, un 11 de 10 títulos de liga; siete de ellos en torneos cortos. El plantel no conoce una relación sentimental con gobernadores de otro partido.

El centenario del emblema futbolero sucede en medio de las elecciones internas de los partidos para la gubernatura estatal. Y en la cancha electoral el PRI enfrenta, quizá, el juego más intenso de su larga carrera en el poder. Pocas veces ha llegado tan diezmado, tan incierto en el pase y tan lejos de la pelota como en este 2017. El análisis previo indica que le han dejado de funcionar el 4-4-2 y la línea de cinco atrás. Los volantes carecen de ideas y la zaga hace agua por los laterales. No es buen indicio la ausencia de un ariete y un creativo. Los idus de marzo juegan en casa contra la Historia. ¿Estreno de partido en julio?