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Natalie Portman, la ‘Maga de Oz’

La mirada de Natalie Portman sobre el escritor Amos Oz, llega a México el viernes próximo con 'Una historia de amor y oscuridad'. El autor se imaginó objeto. No escritor, no letra y, menos, palabra. El israelí universal quería crecer y ser... libro.
Mauricio Mejía
17 enero 2017 21:37 Última actualización 18 enero 2017 5:0
La multipremiada ópera prima de la actriz Natalie Portman, basada en la novela autobiográfica de Amos Oz, llega a México. (Especial)

La multipremiada ópera prima de la actriz Natalie Portman, basada en la novela autobiográfica de Amos Oz, llega a México. (Especial)

Arthur Schopenhauer pasa un romance con la desdicha en sus penosos días de Berlín. Llega a la duda de los desamparados. “Entonces –se pregunta con áspera sinceridad-, ¿quién soy yo de verdad?”. Y se responde, a botepronto: “el que ha dado una solución al problema de la existencia tal que deja obsoletas todas las precedentes, y que en cualquier caso habrá de ocupar a los pensadores futuros durante los siglos venideros”.

Cuenta el filósofo que conforme maduraba se volvió sistemáticamente insociable y se propuso dedicar la vida a sí mismo. Y algo más: desperdiciarla lo menos posible con esas criaturas a las que sólo la circunstancia de que caminan con dos piernas les da derecho a creerse sus iguales.

En Schopenhauer –como se llamaba el gato de una pareja muy cercana a los padres de Amos Oz- todo es sufrimiento. El pesimismo, sin embargo, empuja a la voluntad, al Ser. Arthur (quien dijo que tuvo el mejor de los padres) soñó en ser filosofía pura. Oz, en cambio, se imaginó objeto. No escritor, no letra y, menos, palabra. El israelí universal quería crecer y ser... libro.

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(Especial)

“A las personas –escribe en su biografía- se las puede matar como hormigas. Tampoco es difícil matar a los escritores. Pero un libro, aunque se lo elimine sistemáticamente (y piensa y hace pensar en aquella fatídica noche en la que amaneció la intolerancia nazi, cuando fueron llevados a la hoguera los tomos de los enemigos del Caudillo), tiene la posibilidad de que un ejemplar se salve y siga viviendo eterna y silenciosamente en una estantería olvidada de cualquier biblioteca perdida en Reikiavik, Valladolid o Vancouver”.

Natalie Portman ha quedado, como todos los que han discurrido por las páginas de Una historia de amor y oscuridad, uno de los libros (sueño, cosa, Ser) más encantadores de la literatura universal, la de antes, la que viene y la que vivirá eternamente en el silencio, en lo oscuro, en el aire y en la conmovedora certeza de la vida.

¿POR QUÉ, ENTONCES, AMOS?
El autor de Quizá en otro lugar (fascinante debut en la novela) cuenta que cuando era niño sucedían cosas paradójicas en casa. Cuando no había lo suficiente para comprar las viandas para el Sabbat, su madre miraba a su padre y éste comprendía, con dolor, que había llegado el momento del sacrificio (Abraham aprehendía a Isaac). Se acercaba a la vitrina (persona de principios, el pan era más importante que los libros y el niño estaba por encima de la biblioteca) y tomaba tres o cuatro queridos ejemplares y se dirigía a la tienda del señor Meyer a vender los apreciados volúmenes. Eran pedazos de su propia carne, detalla Oz. A lo lejos el lector visualiza el monte Moriah.

Una historia de amor y oscuridad
Directora: Natalie Portman
Año: 2015
País: Israel-Estados Unidos
Guion: Natalie Portman / Amos Oz
Idioma: Hebreo
Duración: 95 mins.
Cines: Consulte el circuito en ficjm.org

Así, amoroso, entrañable, Amos se va volviendo libro. Y el lector queda estupefacto ante la metamorfosis de la cual es un genuino y privilegiado testigo. Portman padeció ese encanto: aquel niño va cumpliendo su sueño renglón por renglón. Amos Oz, como Schopenhauer, será un libro para los siglos venideros. Una historia de amor y oscuridad es, en efecto, un libro, callado y profundamente dicharachero. Pero también es un filme (sin lo chocante del arrebato de las palabrerías). Podría escribirse cinta o película. Pero el anglicismo es pertinente: es guion, es fotografía, es producción y es, sobre todo, una cámara que registra todo, todo el movimiento de una vida. Un filme.

El niño quiere ser dolor (Schopenhauer) que alivie el hueco del despojo paterno. Octavio Paz llegó a la conclusión de que El Laberinto de la Soledad fue el relleno de un vacío infantil. El Señor Oz tenía una relación sensual con los libros: los tocaba, los escudriñaba, los acariciaba y los olía. Lo excitaban y no podía contenerse. Y, en seguida, les metía mano. Dice el guionista del filme: “es cierto que los libros de antes eran mucho más sexis que los de ahora: tenían qué oler y qué acariciar y tocar”.

Cámara detrás de la mesa del comedor. Tonos sepias y música de fondo, tal vez Mahler. El niño se conmueve: el padre ha vuelto de la tienda del señor Meyer con bolsas de papel marrón que contienen pan, huevos y, esta vez, una lata de carne en conserva. Final de la escena.

Misma toma. El padre no regresa a casa con pan, huevos ni la lata. Está feliz. Ha vendido los libros para comprar otros, pues en la librería de viejo ha encontrado, de pronto, tesoros maravillosos. La madre le perdona, después de todo. Final de la escena.

El guion –a criterio del espectador- llega a los seis años de Amos Oz. Día épico. El padre concede un hueco (otra vez llenar) en la vitrina sagrada. Para que el niño traslade allí sus libros. Precisión: 30 centímetros. No hay filme digno sin palabras; todo es lenguaje. “Abracé todos mis libros, que hasta ese día habían estado tendidos en una banqueta junto a mi cama, los llevé en brazos a la vitrina de mi padre y los puse de pie, como es debido, de espaldas al mundo exterior y de cara a la pared”, relata el escritor que soñó con ser uno de esos eternos testigos de la metafísica de la palabra.

Cuenta Amos Oz que aquella fue toda una ceremonia de iniciación: una persona cuyos libros están de pie ya no es un niño, sino un hombre. “Yo ya era como mi padre. Mis libros estaban de pie”. Un error para llenar (otra vez) el punto dramático. El niño ordenó los libros del más alto al más bajo para que su pedazo de estantería se pareciera al del padre. Cuando éste se dio cuenta lo miró con una cara de reprobación que el muchacho nunca olvidaría. Le reprendió: “¿Te has vuelto completamente loco? ¿Por tamaño? ¿Acaso los libros son soldados? ¿Un desfile de la banda de bomberos?”. Amoz Oz aprendió, como Schopenhauer un siglo y pico antes, los secretos de la variedad: la vida, sostiene, está hecha de diversos caminos.

El otro gato de los amigos de sus padres se llamó Chopin.

EL NIÑO QUE ERA PÁLIDO POR DENTRO
Basada en la novela autobiográfica y homónima de Amos Oz, Una historia de amor y oscuridad construye el relato del suicidio materno a través de los ojos infantiles del hijo. La multipremiada ópera prima de la actriz Natalie Portman tiene su premiere en México el viernes próximo, dentro del 14 Festival Internacional de Cine Judío que se llevará a cabo hasta el 9 de febrero en 14 ciudades del país.