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CIENCIA

NASA, sin mujeres

La venezolana Evelyn Miralles, responsable del cuidado de los astronautas que la agencia manda al espacio, lamenta que el departamento de ingeniería tenga tantas bajas femeninas en operación.
Eduardo Bautista
09 enero 2018 22:39 Última actualización 10 enero 2018 5:0
NASA

(Especial)

Balzac creía que hay hombres que no nacieron para cosas mundanas. Evelyn Miralles se levanta todas las mañanas en su casa de Houston, Texas, pensando en cómo ayudará al próximo astronauta que la NASA enviará al espacio. Nada mundano, pues.

Es una de esas personas que vinieron al mundo a cumplir una sola misión. Mujer, venezolana y madre de dos adolescentes, ha navegado a contracorriente en un mar de machismo y leyes antinmigratorias durante más de 25 años. Hoy es pionera del área de realidad virtual de la agencia espacial de Estados Unidos. Es un ejemplo claro de la posibilidad del sueño americano; también la advertencia de que algo no anda bien en el país más poderoso del mundo.

“No hay mujeres suficientes en la NASA, menos en la parte de ingeniería. Es muy triste. En el área de ingeniería representamos el 10 o 12 por ciento del personal. No es justo. En toda la agencia quizás lleguemos al 30 o 40 por ciento. Muchas ocupan cargos de secretarias o relaciones públicas. Los obstáculos con los que me he encontrado casi siempre se han dado debido a mi condición femenina, no a mi origen hispano”, afirma.

Durante casi medio siglo fue la única mujer que integró y lideró el programa de realidad virtual del Johnson Space Center, en Houston. Hace cuatro meses, comparte, se integró al equipo una joven latina egresada de la Universidad de Florida.

Escribió Ortega y Gasset que al hombre lo determina su circunstancia.

El papel de Miralles en el teatro político de Estados Unidos radica en su rebeldía. Aunque se ufana de su sangre latina, minimiza la importancia de Donald Trump en los planes de la NASA y prefiere no generar polémicas cuando se le pregunta su opinión sobre el magnate republicano que ha llamado “violadores” a los mexicanos y “criminales” al resto de los latinos. “Trabajamos para el gobierno. En la NASA nos tenemos que preocupar por proyectos que puedan suceder en 10 años. No podemos depender de alguien: somos apolíticos”.

Evelyn Miralles, ingeniera
Nació en Caracas, Venezuela, en 1967, en el seno de una familia dedicada a la industria petrolera. Tiene estudios de gráficas en computación e informática en la Universidad Lamar y en la Universidad de Houston. Desde hace más de 25 años trabaja en el Johnson Space Center de la NASA, en las áreas de realidad virtual y desarrollo de software, donde se encarga de preparar a los astronautas para sus misiones en el espacio. En 2016 fue nombrada por la BBC como una de las 100 mujeres más influyentes del mundo; sólo nueve latinoamericanas figuraron en la lista.Al principio fue muy complicado entender la dinámica y la estructura de una institución tan importante para Estados Unidos”.


ORIGEN NO ES DESTINO
Nacida en Caracas y criada en el seno de una familia dedicada a la industria petrolera —cuando el oro negro era el verdadero motor de la economía venezolana—, cursó sus estudios básicos en una escuela privada y católica: el Colegio Santa Rosa de Lima. Decía Borges que todos los hombres tienen un instante que los cambia para siempre. El de ella llegó a los 19 años, cuando decidió tomar un vuelo hacia la capital texana para estudiar ciencias de la computación y experiencia en gráficas en la Universidad de Houston y en la Universidad Lamar, respectivamente.

Las grandes historias no siempre tienen inicios espectaculares. Evelyn ingresó a la NASA de la manera más burocrática posible: al concluir sus estudios, en algún lado de enteró que estaban solicitando jóvenes entusiastas para trabajar en la agencia, envió su solicitud, asistió a una entrevista y la contrataron. A veces el éxito -asegura- no es otra cosa que el resultado del orden y la disciplina.

“Les gustó mi background. No entendía en realidad en dónde me estaba metiendo, pero fue un trabajo sumamente arduo. Al comienzo fue muy complicado entender la dinámica y la estructura de una institución tan compleja e importante no sólo para Estados Unidos, sino para el resto del mundo”, recuerda.

Todo esto ocurrió en 1992, mismo año en que Bill Clinton ganó las presidenciales a George H.W. Bush y Ross Perot. Evelyn, como muchos otros jóvenes hispanos, era una estudiante con anhelos de probar las mieles de la vida americana. No lo sabía, pero el demócrata que acababa de entrar a la Casa Blanca —esposo de la ex candidata Hillary Clinton— firmaría las primeras dos grandes legislaciones contra los inmigrantes en la Unión Americana: las leyes AEDPA e IIRAIRA, que provocaron decenas de miles de deportaciones rápidas y separaciones de familias.

También en ese mismo año, un empresario con pinta de showman llamado Donald Trump comentaba —en una entrevista con el periodista Charlie Rose— que no tenía las mínimas intenciones de postularse a la presidencia...

Al principio fue muy complicado entender la dinámica y la estructura de una institución tan importante para Estados Unidos


¿CÓMO ENTRENAR PARA ADENTRARSE EN LA NADA?
“Yo en realidad quería ser arquitecta... Pero bueno, acabé construyendo en tres dimensiones para la NASA”. Sus palabras son sinceras, pero muestran decepción. Frente a una computadora, Miralles es como una arquitecta. Sólo que en vez de madera, aleaciones o concreto utiliza números. Datos que construyen realidades virtuales para que los astronautas sepan a qué van al espacio, a qué se van a enfrentar, qué van a ver, qué van a sentir, qué protocolo tendrán que seguir en caso de una emergencia.

Evelyn representa, de cierta manera, los sentidos de los astronautas. Utiliza sistemas gráficos, simulaciones matemáticas, diseños complejos y cascos con tecnología de punta para entrenar a los astronautas en sus diferentes misiones. Algunos, los más experimentados, pasan entre 30 o 40 horas en diferentes etapas de realidad virtual. Otros requieren 50 horas o más. Todos ellos coinciden en que lanzarse al espacio es como lanzarse hacia la nada. Por eso se requiere tanta preparación psicológica previa, algo que sólo la realidad virtual puede satisfacer, asegura Miralles.

Hace 18 años, refiere, las computadoras grandes de las que disponía la NASA no eran tan poderosas ni eficaces. Lo que se necesitaba entonces eran dispositivos ligeros y móviles que permitieran a los astronautas sentirse, verdaderamente, en el espacio. Los primeros cascos tenían delays y todo tipo de defectos. “La eficacia de la virtualidad depende del hardware. Con el tiempo, nos dimos cuenta que para lanzar a una persona al espacio, es necesario proveerla previamente de sensaciones similares en las que, por ejemplo, tuviera que ver directamente hacia la Tierra, lo cual representa un golpe psicológico importante. Nuestra labor es brindarle seguridad y confianza a los astronautas. La experiencia virtual se ha convertido en una parte trascendental de su formación”.

En los años 90 trabajó en un proyecto llamado Lunar Habitats. Consistió en construir prototipos de “casas” o “ecosistemas” para que los seres humanos habitaran la Luna. “Nunca se aplicó, pero recientemente se ha hablado otra vez sobre ir a la Luna, así que esos diseños podrían ver la luz muy pronto”, comenta.

Sobre la posibilidad de que el hombre viva en Marte, asegura que es una idea altamente factible. “El hombre puede vivir en el espacio. Tenemos una nave especial que orbita la Tierra todo el tiempo. No hay ninguna razón por la cual no puedan vivir en la Luna o en Marte. Y digo la Luna porque el tiempo de llegar allá es más rápido. Sólo es cuestión de hacerlo. Trabajar en la NASA tiene una recompensa que va más allá de la económico. Imagínate levantarte y poder impactar directamente en la caminata espacial que va a hacer un astronauta en un mes”.

En tiempos de Trump, una venezolana es la encargada de enviar a los estadounidenses al espacio. El poeta Whitman tuvo razón al afirmar que América, pese a todo, nunca dejará de ser esa tierra sentada en el diamante del tiempo, siempre fuerte, enorme, justa, imperecedera, poderosa y fértil. Una vez más el arte tuvo razón.

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