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Nada contra la Revolución: la política cultural en Cuba

La censura a la cinta 'PM' en 1961 marcó el inicio del control del Estado sobre la creación artística, un debate que aún sigue vigente en Cuba.
Vivian Núñez | corresponsal
27 noviembre 2016 21:42 Última actualización 28 noviembre 2016 5:0
El debate sobre hasta dónde el Estado debe controlar la creación artística sigue vigente. (Óscar Castro)

El debate sobre hasta dónde el Estado debe controlar la creación artística sigue vigente. (Óscar Castro)

LA HABANA.- Las palabras de Fidel Castro a los intelectuales cubanos, en junio de 1961, continúan siendo hoy un texto difícil; clarividente para algunos y sectario para otros, polémica que de seguro continuará tras la muerte del líder cubano, este 25 de noviembre.

“¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas, revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho”, fue exactamente lo que dijo Castro aquel verano en la Biblioteca Nacional, sólo dos meses después de la derrotada invasión mercenaria por Bahía de Cochinos, organizada por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos.

Fueron debates intensos, en momentos críticos y cruciales para el joven gobierno, que expresaban las contradicciones internas entre las diferentes fuerzas políticas que actuaban en el país y que tenían su expresión y seguidores en el mundo cultural.

El fantasma del llamado “realismo socialista” estaba en el aire, al tiempo que se temía por censuras impuestas sobre la base de criterios que trascendieran el panorama intelectual.

El propio Fidel Castro resumió así el objetivo central de aquellas discusiones: “En el fondo, si no nos hemos equivocado, el problema fundamental que flotaba aquí en el ambiente era el problema de la libertad para la creación artística”.

Y más adelante dejó en claro las prioridades de su gobierno: “¿Cuál debe ser hoy la primera preocupación de todo ciudadano? ¿La preocupación de que la Revolución vaya a desbordar sus medidas, de que la Revolución vaya a asfixiar el arte, de que la Revolución vaya a asfixiar el genio creador de nuestros ciudadanos, o la preocupación por parte de todos debe ser la Revolución misma? ¿Los peligros reales o imaginarios que puedan amenazar el espíritu creador, o los peligros que puedan amenazar a la Revolución misma?”.

En aquel encuentro, el escritor Virgilio Piñera (1912-1979) –hoy reivindicado, pero por años censurado por homosexual- aseguró: “Hay un miedo que podíamos calificar de virtual, que corre en todos los círculos literarios de La Habana, y artísticos en general, sobre que el gobierno va a dirigir la cultura. Yo no sé qué cosa es cultura dirigida, pero supongo que ustedes lo sabrán. La cultura es nada más que una”.

PM, ¿DETONANTE REAL?
La prohibición de un documental de 14 minutos, PM (1961), realizado por Orlando Jiménez Leal y Sabá Cabrera Infante, hermano de Guillermo Cabrera Infante, y las discusiones que provocaron esa decisión fueron la causa aparente de estas reuniones, aunque en opinión del académico Elier Ramírez Cañedo, de lo que se trataba realmente era de definir la política cultural de su país.

“En la superficie estaban las pugnas por el ejercicio de la hegemonía cultural por parte de los más notorios actores de la escena intelectual cubana de la época”, precisó.

Alfredo Guevara, quien entonces dirigía la comisión que prohibió la película, rememoró el acontecimiento 30 años después: “PM no es PM. PM es (la revista) Lunes de Revolución, es Carlos Franqui, es una época convulsa y de extremas contradicciones en que participaban múltiples fuerzas. No creo que PM merecía tanto revuelo”.

Franqui y Guillermo Cabrera Infante eran las cabezas visibles de una tendencia que, en opinión de Guevara, “estaba en contra del socialismo”. Para ambos, sin embargo, se trataba de enfrentar una incipiente censura que se haría omnipresente años más tarde, en el llamado quinquenio gris (1971-1975).

“A pesar de la plataforma estratégica que trazó Fidel para los intelectuales (en esos debates), hubo importantes desviaciones de esa política en los años 70, que algunos estudiosos han llamado quinquenio y otros decenio gris”, opina el viceministro de cultura, Fernando Rojas.

“Esas distorsiones –añade- provocaron daños significativos a una parte de los escritores y artistas. Las consecuencias de tales normas dejarían una huella duradera en la población, que se perdería por un buen tiempo una parte importante de la producción cultural de vanguardia”.

Aunque todos esos antiguos censurados fueron rehabilitados tiempo después y muchos premiados por la calidad de su obra, el debate sobre hasta dónde el Estado debe controlar la creación artística sigue vigente y, de seguro, trascenderá el fallecimiento de Fidel Castro.