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DEPORTES

Muhammad Ali a medio siglo de lucha y ego

El verdadero nombre del mejor boxeador de la historia era Cassius Marcellus Clay. Pero hace 50 años, después de la pelea con el campeón mundial Sonny Liston, cambió su nombre a Muhammad Ali, el gran ego que luchó contra el racismo de todo un país. 
Mauricio Mejía
24 febrero 2014 21:25 Última actualización 25 febrero 2014 5:0
Muhammad Ali vs. Sonny Liston, en 1964. (Archivo)

Muhammad Ali vs. Sonny Liston, en 1964. (Archivo)

Entonces era Clay X. Poco antes de aquel 25 de febrero, fecha pactada para el combate contra Sonny Liston, al que llamaron “La pelea del siglo”, Cassius Marcellus Clay -cuyo bisabuelo fue liberado por su amo después de que éste tomara parte en la Invasión a México- hizo un viaje a Nueva York para visitar la mezquita de la Nación del Islam. Clay no lo ocultó, en absoluto. Incluso se brindó a la prensa y los reporteros estuvieron especialmente inquietos en conocer sus planes personales. Para el campeón olímpico de Roma 60, las cosas no iban bien con su país desde el incidente de la medalla.

Cuando fue presumido por el alcalde de Louisville, Kentucky, el lugar en el que nació el 17 de enero de 1942, como hijo célebre de una ranchería que apenas comenzaba a cobrar fama en el resto de la unión, en mucho por la carismática figura del campeón, Clay sintió que en efecto estaba haciendo algo por la igualdad de la raza negra en un estado especialmente violento contra la gente de color. Después de la ceremonia fue con un amigo a una tienda de hamburguesas. Llevaba la medalla colgada al cuello. Sus ilusiones se derrumbaron como un costal de papas cuando se negaron a despacharle la orden por ser negro. “No Niggers”, escuchó como un recto en la mandíbula. Clay salió del lugar enfurecido y tiró la presea de los semipesados al río.

No era blanco, sencillo. Sucederían muchos años hasta que, en los Olímpicos de Atlanta 96, el Comité Olímpico Internacional le devolviera simbólicamente aquel trofeo perdido por el orgullo. Doce años después, en 2008, Barak Obama asumiría la presidencia de los Estados Unidos como el primer afroamericano elegido en las urnas. Obama nunca escondió tampoco su profunda admiración a Muhammad Ali, de quien tenía un cuadro en su cuartel de campaña, el cual llevó a la Casa Blanca apenas después de tomar el cargo.

Antes de la pelea contra Liston, al que llamaba “Oso feo y grandote”, Clay recibió en el gimnasio en el que se entrenaba en Miami a Macolm X.

Angelo Dondee, su entrenador y su “único amigo blanco”, como lo llama en su biografía, le advirtió que de seguir con ese coqueteo con la Nación Musulmana, sería muy probable que la pelea se cancelara. La revista Sports Illustrated lo había llamado “un atleta íntegramente americano”. Definición que chocaba con la nueva ideología del futuro campeón de los pesados, ariete de la lucha negra y del Islam.

Clay, muy pronto Muhammad Ali, había creado una canción con la que intimidó por todos los costados a Liston: “Es grande, pero caerá en el ocho”. Daba a entender con esa sicología muy suya que el campeón defensor besaría la lona en el octavo asalto. En el equipo de Liston no supieron cómo hacer frente a la molesta e hiriente campaña de Clay. La verdad era que los 10 años que separaban al muchacho del defensor hacían suponer que la victoria caería en la esquina de Ali incluso antes de ese episodio. Pero el verdadero combate que libraba el medallista olímpico era de dimensiones más grandes: su afiliación a la Nación del Islam le traería graves consecuencias. Era un hecho que el enfrentamiento contra Liston se llevaría a cabo. No había tiempo para cancelar el cartel, quizá el último de una brillante carrera.

Sonny murió en el penúltimo día de 1970. La vida no le dio tiempo de reconocer que en aquel 25 de febrero de 1964 no se jugó un simple cinturón mundial de los pesados. Liston fue una pieza clave en la conformación del más grande sustantivo del deporte americano. Su caída en el séptimo round convirtió de pronto a Clay en la resonancia de una época intensa de los Estados Unidos a la que acompañan Martin Luther King y Robert F. Kennedy, entre muchos otros.

Desde luego que Ali sufrió las consecuencias de sus actos, se le marginó del deporte profesional por evadirse a Vietnam aunque años después se le permitió volver a las cuerdas de paga en las que volvió a coronarse como campeón de los pesados. Hace 50 años nació el gran emblema americano: Muhammad Ali, el gran ego de un mundo plagado de estatuas sin ojos.