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Buena vida

Muertos que quieren seguir vivos, al menos en apariencia

Charbonnet-Labat Funeral Home recibe las peticiones más raras de clientes cuyos familiares ya han fallecido e incluso de personas que aún viven, sobre como quieren que sea su funeral, los hay desde cuerpos parados, sentados con cigarrillos o montados en sus motos, ambulancia o en un Cadillac Seville. 
New York Times
05 julio 2014 17:16 Última actualización 06 julio 2014 16:14
Louis Charbonnet, negocio de funeraría en EU, (Foto: NYT)

Charbonnet-Labat Funeral Home realiza los funerales más raros en Estados Unidos. Foto: NYT)

NUEVA ORLEÁNS.- El pasado junio la gente estuvo llamando a Louis Charbonnet para saber cómo podrían evitar yacer en su funeral. Han llamado directores fúnebres, así como personas con sus propias solicitudes, como la mujer que quería ser vista por última vez de pie ante su cacerola.

Las llamadas empezaron a llegar a Charbonnet-Labat Funeral Home durante su exposición el 12 de junio de Miriam Burbank, quien murió a los 53 años y pasó su servicio fúnebre sentada ante una mesa en medio de cascos miniatura de los Santos de Nueva Orleáns, con una lata de cerveza Busch en una mano y un cigarrillo mentolado entre sus dedos, como había pasado un buen número de sus días en vida.

La noticia de la disposición del cuerpo de Burbank empezó a propagarse, cientos de personas acudieron, se propagó en línea, y ahora aquí estaba Charbonnet recibiendo una llamada de un director fúnebre en Australia.








El servicio de Burbank fue el segundo de su tipo que Charbonnet había realizado, y el tercero en Nueva Orleáns en dos años. Pero ha habido otros en otras partes, más notablemente en San Juan, Puerto Rico. Las exposiciones ahí en los últimos años han incluido a un paramédico mostrado detrás del volante de su ambulancia y, en 2011, un hombre vestido para su velorio como el Che Guevara, con un habano en una mano y sentado al estilo indio.

"Nunca dije que fuera el primero”, dijo Charbonnet, quien mencionó el funeral en 1984 de Willie Stokes Jr., un apostador de Chicago conocido como el Flojo, quien estuvo sentado durante su servicio fúnebre detrás del volante de un ataúd modificado para que pareciera un Cadillac Seville.

Nueva Orleáns, que desde hace tiempo se ha jactado de su habilidad para incluir la “diversión” en los funerales, parece el lugar donde este tipo de cosas pegaría, y Charbonnet se jacta de que su casa funeraria de 132 años de antigüedad es bien conocida por sus desfiles funerarios.

“Hace un par de semanas incluso tuvimos un mariachi aquí”, dijo, mientras revisaba los mensajes de texto de personas a las que se refirió casi alegremente como “quienes le odian”, aparentemente otros directores fúnebres. Criticaban sus exposiciones como impropias o incluso sacrílegas, una preocupación que Charbonnet admitió era compartida por su esposa. Pero dijo que había recibido el visto bueno de un sacerdote local y que, además, estaba cumpliendo los deseos de la familia.

El fenómeno apareció por primera vez en Puerto Rico en 2008, cuatro años antes del primero de esos funerales en Nueva Orleáns, con una víctima de asesinato de 24 años de edad cuya exposición tuvo lugar en la sala de estar de su familia, con el cuerpo atado a una pared. El funeral de Ángel Luis Pantojas – llamado el “muerto parao” – se convirtió instantáneamente en una sensación.


Le siguió otra víctima de asesinato en una motocicleta, junto con el paramédico y el hombre vestido como Guevara. Este año, el cuerpo de un boxeador fue expuesto de pie en un cuadrilátero, y una anciana fue acomodada en su mecedora.

El mismo director fúnebre, de la Casa Funeraria Marín, en San Juan, los expuso a todos.

“Ha habido un verdadero auge en Puerto Rico”, dijo Elsie Rodríguez, vicepresidenta de la casa funeraria. “La gente ha solicitado todo tipo de funeral que pudiera venir a la mente. Hemos realizado seis hasta ahora, porque la gente que ha solicitado los funerales no ha muerto todavía”.

Rodríguez dijo que la idea surgió del propio Pantojas. Su familia ha dicho que desde que asistió al funeral de su padre cuando tenía seis años de edad, Pantojas había dicho a sus parientes que quería que lo vieran de pie.

“Esto no es una diversión o un acontecimiento divertido; la familia está pasando por mucho dolor”, dijo Rodríguez. Con este tipo de exposiciones, “la familia literalmente sufre menos, porque ven a su ser querido de una manera que los habría hecho felices; los ven de una forma en la cual parecen seguir vivos”.

Al principio, algunos en Puerto Rico criticaron los servicios – que empiezan en unos 1,700 dólares _, una oposición que Rodríguez atribuyó a los “celos profesionales”. La Legislatura puertorriqueña celebró audiencias en las cuales intervinieron el Departamento de Salud y otros directores fúnebres.

“Pensaba que propagaría competencias para el funeral más exótico”, dijo Jorge Lugo, presidente de la Asociación de Casas Funerarias de Puerto Rico. “Estas personas – no todas ellas, pero algunas de estas personas que tuvieron estos funerales – pertenecían al submundo y tuvieron una vida de dinero rápido. Me parecía que el hecho de que este tipo de personas hicieran esto podía tener consecuencias negativas”.

Como resultó, dijo Lugo, la única otra vez en que una casa funeraria intentó algo inusual – el velorio de un perro – fue un fiasco, porque el perro no había sido embalsamado. Una ley aprobada en 2012 volvió oficialmente legales en 2012 los velorios con cadáveres en poses, “en tanto la posición no sea inmoral”, dijo Lugo.

Esos funerales siguen siendo bastante raros en Estados Unidos, aunque no desconocidos: Este año, un motociclista muerto en Mechanicsburg, Ohio, fue remolcado hasta un cementerio en un ataúd de plexiglás de fabricación casera, con su cuerpo montado en su motocicleta Harley-Davidson. Ahí, de acuerdo con su propia solicitud, fue sepultado, con todo y motocicleta.

Los servicios empezaron en Nueva Orleáns en 2012 con la muerte de Lionel Batiste, líder de una banda y hombre elegante conocido en la ciudad. Batiste dijo que no quería que la gente lo viera tendido en su funeral, así que su servicio en la casa funeraria de Charbonnet, Batiste estuvo de pie con las manos sobre su bastón y su sombrero hongo inclinado de lado.

Luego, en abril de ese año, se celebró el servicio de Mickey Easterling, una socialité y aclamada anfitriona de fiestas.

“Lo que mi madre me dijo hace unos años fue: 'Quiero estar en mi propio funeral con una copa de champán en una mano y un cigarrillo en la otra’”, dijo la hija de Easterling, Nanci. Y así estuvo, saludando a sus invitados al funeral desde una elegante banca en el vestíbulo del histórico teatro del centro de la ciudad.

En junio, Zymora Kimball llegó a la casa funeraria de Charbonnet para pedir la exposición para Burbank, quien había criado a Kimball como una hija. Burbank no había sido ni rica ni ampliamente conocida fuera del vecindario al cual presidía desde una mesa en su pórtico frontal.

Kimball quería algo “extraordinario”, dijo Lyelle Bellard, el director funerario interino, y cuando él sugirió su plan, ella pensó que captaba de manera brillante el estilo de Burbank. Bellard dijo que no terminó costeando más que un funeral típico.

Pese al interés reciente, organizaciones que representan a los directores de casas funerarias dicen que este tipo de exposición sigue siendo raro, y simplemente todos, incluida Kimball, reconocen que no es para todos.

Incluso Rodríguez en San Juan dijo que ha tenido que rechazar algunas sugerencias que encontró desagradables o que “no tenían sentido”. Por ejemplo, no hará un velorio con alguien en traje de baño, dijo.