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Muere Ramón Valdiosera, genio mexicano de la historieta y la moda

Su trayectoria estuvo impregnada de un infinito amor a México y la constante búsqueda de la identidad nacional, que comenzó en las páginas de historietas. Ramón Valdiosera falleció este martes en la Ciudad de México a los 98 años de edad. 
AP
11 abril 2017 14:47 Última actualización 11 abril 2017 15:18
Ramón Valdiosera se volvió sello de distinción. (AP)

Ramón Valdiosera se volvió sello de distinción. (AP)

CIUDAD DE MEXICO.- A lo largo de casi un siglo, el mexicano Ramón Valdiosera desarrolló una carrera en la que transitó con éxito por terrenos como la historieta, el diseño de modas, la ilustración, el cine y hasta las corridas de toros.

Valdiosera, a quien se le atribuye haber nombrado el color rosa mexicano, falleció la madrugada del martes en la Ciudad de México a los 98 años, confirmaron a AP representantes de la fundación que llevaba su nombre, sin precisar la causa de la muerte.

El artista nació en el estado de Veracruz el 28 de abril de 1918 y continuaba trabajando como nonagenario. Entre sus últimas obras destaca una serie de murales para la línea 12 del metro de la Ciudad de México, que completó en diciembre de 2012.

Su trayectoria estuvo impregnada de un infinito amor a México y la constante búsqueda de la identidad nacional, que comenzó en las páginas de historietas. Tenía apenas unos 15 años cuando buscó sumarse a Paquito, la publicación de tiras cómicas más importante de la época fundada por Francisco Sayrols.

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Ramón Valdiosera (AP)

"Claro que mi historieta era muy primitiva comparada con los servicios que publicaba", dijo a AP en una entrevista en mayo de 2012, con la camisa salpicada de pintura en la Academia Mexicana de Arte Secuencial (AMAS), que fundó y en la que aún impartía clases. "Quise hacer una historieta de tipo mexicano y lógicamente a él (Sayrols) le pareció una base cuyo éxito estaba muy dudoso".

Creador de títulos exitosos como Medio Litro y El diamante negro de Fu Man Chú, abandonó su vocación de novillero ante los pedidos de su madre, aunque le dio continuidad a esta pasión con la historieta "Oreja y rabo" y como cronista taurino.

Llegó a ser director de Chamaco Chico, publicación que convirtió en un diario. "Fue el primer diario de historietas en el mundo. Se dice fácil, pero un tiraje de 400 mil era realmente avasallador", presumió con plena lucidez Valdiosera, quien aún era objeto de homenajes en las convenciones locales de cómics a las que acudía para promover su escuela, atrayendo a adolescentes que con entusiasmo se referían a él como El maestro.

Formó además los Estudios América, donde reunió a un equipo de nóveles dibujantes con la intención de emular a la poderosa industria del cómic estadounidense, y donde con el tiempo se formaron grandes dibujantes como Ángel Mora, creador de Chanoc, y Antonio Gutiérrez, de Risas y lágrimas. Ambos títulos serían adaptados décadas más tarde al cine y la televisión.

Sus años como dibujante le permitieron ver que los historietistas son "unos directores de cine en potencia", dijo en 2012. "Sabemos manejar los personajes de diferentes ángulos, pero manejamos una cosa que el cine tenía poco: manejamos el suspenso, pero el suspenso continuado".

Décadas más tarde, esa visión le llevaría a ganar dos veces el premio Ariel, equivalente mexicano del Oscar, por sus documentales Himno nacional (1948) y Los hombres pájaro (1949).

A mediados de la década de 1940 Valdio, como le conocían sus amigos, comenzó a esbozar un prolífico camino en el mundo de la moda, teniendo como consigna la búsqueda de la identidad nacional.

La escena entonces estaba dominada por Christian Dior, cuyas creaciones eran las predilectas de las damas de sociedad mexicana, que también vestían de mexicanos como Armando Valdez Peza y del francés Henri de Chatillón.

Valdiosera incorporó en sus creaciones telas comúnmente usada por indígenas mexicanos como la manta y la tela de rebozo y adaptó prendas como los huipiles mayas a las siluetas de la época.

En 1949 el hotel Waldorf-Astoria de Nueva York albergó la presentación del mexicano, quien creó una línea de vestidos que mezclaban con maestría la indumentaria indígena de México con nuevas siluetas.

La colección, escribió la reseñista del New York Times Virginia Pope en 1949, "fue distinta" a las que comúnmente se presentaban en el hotel y capturó a la perfección el espíritu mexicano.

"Su creador, Valdiosera, se ha inspirado espléndidamente en el pasado cultural de su tierra natal, adaptando frecuentemente motivos que saltan de las civilizaciones Tolteca y Maya ... Fue deslumbrante en color e inusual en diseño", destacó sobre la colección, en donde imperó un rosa tan intenso como la flor de bugambilia.

Al término del desfile, la prensa estadounidense le increpó por aquel color, cuestionando si se trataba de un Mexican pink, rosa mexicano en inglés. Valdiosera respondió afirmativamente, pues consideró que el tono sintetizaba la identidad nacional. Valdiosera logró demostrar a sus detractores extranjeros que en México se hacía moda.

"Para ellos es una locura, piensan que no voy a hacer nombre con eso. Cuando les explico que está en los candeleros de la vida, que se usa en los juguetes populares, en las telas y vieron el rosa, pues quedó en la lista de la moda como un color clásico", relató.

La moda mexicana se tiñó de rosa y un nuevo capítulo en la historia de la indumentaria se escribió con R, de Ramón y de su rosa mexicano, que décadas más tarde sería el predilecto del arquitecto Luis Barragán y común en el trabajo de la española Agatha Ruiz de la Prada.

Valdiosera se volvió sello de distinción. Sus vestidos elaborados con telas pintadas a mano, inspirados en indumentaria indígena y con bordados artesanales atraían a las grandes divas de Hollywood.

"Eran cosas muy costosas, pero me daba el lujo de venderle a Rita Hayworth, a la esposa de (Charlie) Chaplin, Paulette Goddard", expresó Valdiosera, quien además vistió a la mítica María Félix en la cinta Tizoc (1957), en la que también aparecieron algunas de sus pinturas.

En 1960 Valdiosera se asoció con un empresario para crear Maya de México, su línea de ropa comercial. "Logramos 14 tiendas en la República (Mexicana) y una en Beverly Hills. Se ganaba mucho dinero", recordó.

Su trabajo dejó una huella peculiar. En 2009 fue objeto de la muestra Rosa Mexicano. Moda e identidad: la mirada de dos generaciones en la Casa del Lago de la capital mexicana, una retrospectiva del creativo que exploró la posibilidad de la identidad nacional en la indumentaria a través del trabajo de una nueva generación de creadores como Alejandra Quesada, la firma Malafacha y la marca Trista.

Ese mismo año el Fashion Group International México le rindió un homenaje en el Mercedes-Benz Fashion Week Mexico recordando su trayectoria y a través de un reconocimiento.