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Muere Ángel García Cook, investigador emérito mexicano

El arqueólogo Ángel García Cook, investigador emérito del INAH, reconocido por su trabajo en la región de Tehuacán-Cuicatlán, desarrollado desde sus inicios en campo, en 1961, así como en la Zona Arqueológica de Cantona, en Puebla, falleció la madrugada de este domingo a los 79 años de edad.
Redacción
29 enero 2017 15:43 Última actualización 29 enero 2017 16:39
García Cook recibió un homenaje en octubre del año pasado por parte del INAH, por su trayectoria profesional de más de 56 años. (Cuartoscuro)

García Cook recibió un homenaje en octubre del año pasado por parte del INAH, por su trayectoria profesional de más de 56 años. (Cuartoscuro)

Reconocido por su trabajo en la región de Tehuacán-Cuicatlán desde 1961, así como en la Zona Arqueológica de Cantona, en Puebla, el arqueólogo Ángel García Cook, investigador emérito del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), falleció hoy a los 79 años.

Con una trayectoria profesional de más de 56 años, por la cual fue homenajeado en octubre del año pasado, García Cook era considerado un arqueólogo integral y consecuente con la obligación de divulgar aquello que exploraba, así lo plasmó en sus más de 200 títulos, entre libros y artículos.

Con su férrea disciplina y gran capacidad de organización, el arqueólogo encontró los olotes más antiguos del mundo en las cuevas de Coxcatlán, San Marcos y Purrón durante sus primeras investigaciones de campo junto al maestro Richard S. MacNeish.

De acuerdo con el Instituto, García Cook nació el 17 de agosto de 1937, en Teotitlán del Camino, Oaxaca, hoy Teotitlán de Flores Magón. Ángel García Cook siempre sostuvo que llegó a la arqueología por accidente, pues en su infancia soñaba con ser ingeniero y construir carreteras, no obstante, el mundo de la historia y la arqueología lo atrapó, y lo llevaría a realizar un trabajo ininterrumpido de cinco décadas.

Su camino en esta disciplina, añadió el INAH, inició en 1958 cuando acompañó a su amigo Gabriel Moedano a la Escuela Nacional de Antropología e Historia y el director de la escuela los invitó a inscribirse.

Para 1960 empezó a trabajar en las colecciones del Museo Nacional, y en 1961 hizo su primer trabajo de campo en colaboración con el doctor Richard N. MacNeish durante una indagación sobre el origen de la agricultura en el Valle de Tehuacán.

Proyecto al que consideraba como el mejor que había llevado a cabo, digno de importancia mundial, pues arrojó más de 100 mil restos de plantas, entre ellas vestigios de maíz de siete mil años de antigüedad.

Así, sus investigaciones en la región de Tehuacán-Cuicatlán, reserva de la biósfera ubicada en los límites de Puebla y Oaxaca, forman parte del expediente que sustenta la inscripción del área en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.

Otro de sus proyectos sustanciales fue el de la ciudad de Cantona, donde laboró desde 1993. En el espacio de mil 453 hectáreas se encontraron 27 juegos de pelota y según el arqueólogo fue habitada por una población de clase media y alta, la cual empezaría en el año 1000 a.C. y llegó hasta el 900 d.C, cuya vida dependía de la producción de obsidiana.

Por otro lado, García Cook fue pilar en la creación de los métodos y técnicas para el salvamento arqueológico, muchos derivados de la construcción de presas y gasoductos en la región de Puebla-Tlaxcala y la Huasteca.

Por su trabajo y logros se le otorgó la mayor distinción de académico emérito en 2012 y dos años más tarde, el INAH y la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) crearon la Cátedra Ángel García Cook, como homenaje al connotado especialista. Asimismo recibió la medalla Unesco.

Un año después, al cumplir 55 años como arqueólogo, el INAH le otorgó el Pectoral de Juego de por su valiosa labor durante más de medio siglo y en octubre de 2016 recibió un homenaje por su trayectoria en el Museo Nacional de Antropología.

La constancia y la pasión por el trabajo fueron la clave de su largo andar en el campo de la arqueología, donde García Cook sostenía que el descubrimiento de los granos de maíz más antiguos de América nunca lo cambiaría por el de un monolito prehispánico.