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'Mr. Pig', una aventura que se vive despacio

Diego Luna eligió una road movie que se convierte en alegoría de la libertad, al tiempo que reflexiona sobre el reencuentro de un padre con su hija, con la migración y las fronteras como telón de fondo. En la cinta, hasta los animales son indocumentados.
Rosario Reyes
24 julio 2016 21:14 Última actualización 25 julio 2016 5:0
Road movie. Diego Luna coescribe y dirige una cinta que aborda, desde una perspectiva inédita, la migración. (Cortesía)

Road movie. Diego Luna coescribe y dirige una cinta que aborda, desde una perspectiva inédita, la migración. (Cortesía)

Para su tercer largo de ficción como director, Diego Luna eligió una road movie que se convierte en alegoría de la libertad, al tiempo que reflexiona sobre el reencuentro de un padre con su hija, con la migración y las fronteras como telón de fondo. En la cinta, hasta los animales son indocumentados.

“La metáfora de la película es ésa: la migración al revés. Este hombre que ya no se encuentra en su país, porque la industrialización lo hace a un lado”, relata el director sobre Mr. Pig, estelarizada por Danny Glover, Maya Rudolf y José María Yazpik.

Al perderlo todo, lo único que el granjero Ambrose puede salvar es a Howard, uno de sus animales. “Me gusta esa idea de que un estadounidense viaje en carretera de norte a sur buscando un lugar donde su cerdo pueda ser libre”, dice Luna.

De acuerdo con el actor -quien interpretará al capitán Cassian Andor en Rogue One: la historia de Star Wars, y a un exconvicto llamado John en Blood Father, la nueva cinta de Mel Gibson-, el creciente fenómeno de la migración en el mundo está cambiando las reglas de convivencia.

“La migración es un fenómeno global, que enriquece a las culturas y nos demuestra que no deberían existir las fronteras, porque vivimos un nivel de desigualdad tremendo y son cada vez más los que están buscando una realidad más esperanzadora. No se le puede pedir a un ser humano que no tenga ese instinto de sobrevivencia”, advierte.

En la cinta, este país, en el que los mexicanos interactuamos “con la frontera más larga entre el Primer y el Tercer mundo”, se muestra a través de los ojos de un extranjero, un ciudadano estadounidense en desgracia, que cruza la frontera con la ilusión de encontrar un sitio mejor. El mismo deseo de cualquier indocumentado.

El paisaje mexicano aparece con su belleza natural, sin afeites, pero tampoco juicios o comparaciones con el país de donde provienen Ambrose y su hija Eunice, quien se une a la travesía para buscarle un hogar al cerdo. “La regla de esta película fue no intervenir la realidad que estábamos retratando”, explica.

Así, México se convirtió en un personaje más de la película. “Llevamos herramientas, pero los materiales salían del lugar en el que estábamos, por ejemplo, el vestuario no venía con el equipo, íbamos a las tiendas donde la gente de cada sitio compra; los personajes que se encuentran en el camino, aparecen en la película porque estaban ahí”.

Este era un país conocido para el realizador, aunque cuenta que también tuvo que tomar un mapa y descubrir cómo el personaje haría ese recorrido, recordando los viajes que hacía 20 años atrás y tratando de reencontrar el idílico sitio que deseaba para el único sobreviviente de su granja.

Ambrose no hubiera tomado una autopista para llegar a Puerto Vallarta, por eso viaja por la Sierra. Va recorriendo pueblos por una carretera que obliga a ir más despacio y así trazamos esa ruta. Este hombre aprecia la lentitud, para ir digiriendo lo que le va pasando, algo que en estos tiempos ya no se aprecia tanto”, afirma.