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Mourinho: El dínamo, la prueba última

El director técnico del Chelsea, el portugués José Mourinho, se juega el banquillo azul esta tarde en Londres; su entorno se le ha complicado al límite de nueva cuenta. La advertencia de su despido puede cumplirse si pierde ante el Dínamo de Kiev.
Mauricio Mejía
03 noviembre 2015 20:48 Última actualización 04 noviembre 2015 5:0
La advertencia de su despido puede cumplirse hoy en caso de perder ante el Dínamo de Kiev en Londres. (Reuters)

La advertencia de su despido puede cumplirse hoy en caso de perder ante el Dínamo de Kiev en Londres. (Reuters)

El míster se siente cómodo en el lado oscuro. “No soy el mejor entrenador del mundo, pero estoy seguro que no hay nadie mejor que yo”, dijo en alguna ocasión. Siempre en el límite entre la ironía y el buen gusto, José Mourinho padece del que puede llamarse complejo de sombra. Bueno en las distancias cortas, arremete al menor espuelazo. “No provoco; el mundo es un hipócrita”, alegó otra vez, cuando se le preguntó si no se daba cuenta de las reacciones que producían sus sentencias ahora famosas. Al estilo de Cristiano Ronaldo, Mourinho se ocupa más del talento ajeno (iluminado, para colmo) que del suyo, que lo tiene.

Mantuvo un pleito inexistente en terrenos infértiles con Josep Guardiola cuando éste dirigía al Barcelona y el portugués al Madrid. Lucha paralela a la del astro Cristiano contra el genial Lionel Messi. Aferrado al perfil maldito, Mourinho perdió la cabeza y el estilo. Produjo una especie de alergia en el ambiente español, como antes en el italiano y en el portugués.

El técnico (Setúbal, 1963) tiene diplomas suficientes para acreditarse como, en efecto, uno de los más sobresalientes de la clase. Hizo campeón de Europa al Porto en 2004 y logró el triplete con el Inter en 2010. Además dio percha al Chelsea (dos Premier League -en su primera etapa- y Copa de la Liga) y despabiló al siempre pomposo banquillo merengue. Pero mira la vija en el ojo ajeno.

Poco después del bicampeonato con en Milán decidió mudarse a Madrid y desde allí comenzar una guerra simbólica con el Barsa, equipo en el que militó como segundo entrenador cuando Bobby Robson asumió el cargo de entrenador del primer cuadro. Mourinho fue entonces el gran enemigo del barroquismo catalán al que acusó de recibir beneficios arbitrales para hacerse de sus seguidas ligas. El caso más patético fue el de las semifinales de la Champions de 2011. Sus sucias declaraciones le costaron una multa de 50 mil euros y cinco partidos de suspensión.

En 2013 regresó al Chelsea, después de haber ganado dos torneos importantes con el madridismo (la Copa del Rey 2011 y la Liga 2012), con la misma fe que Odiseo a Ítaca. La Isla era su hogar, dijo. Pero tampoco. No ha cumplido su promesa de hacer grande a los blues: en este año, en efecto, se hizo de la liga y de la Copa de la Liga, pero a un costo elevadísimo contra su celosa imagen. La jefa de servicios médicos le ha demandado por maltrato y discriminación; el dueño del club, Roman Abramovich, le ha retirado su confianza y la Premier le han multado por insultar al árbitro en el partido último ante el West Ham. La advertencia de su despido puede cumplirse hoy en caso de perder ante el Dínamo de Kiev en Londres. Habrá que devolverle su sentencia: “Siempre es difícil perder para quien no está acostumbrado”.

Baja dolorosa
El delantero colombiano Radamel Falcao sufrió una lesión muscular que lo dejará fuera por las próximas dos semanas, por lo que también se perderá los encuentros de su Selección ante Chile y Argentina.