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Morrissey: una noche en el matadero

Ni una sombra asoma del mal que desde 2013 llevó al británico a cancelar presentaciones en los años subsiguientes, incluido México, al que paga la deuda entero, con el garbo de siempre.
María Eugenia Sevilla
01 abril 2017 12:51 Última actualización 01 abril 2017 13:6
Morrissey en el Palacio Deportes

Morrissey en el Palacio Deportes

En el Palacio de los Deportes tampoco se vendió carne. (Hasta las tortas para la prensa eran de lechuga). La misma prohibición que impera hoy en el festival Roxy de Guadalajara.

Pollos colocados sobre una banda que facilita su decapitación automática al pasar por una sierra circular, el rastro, aves golpeadas contra la pared, cerdos y ovejas mutilados, el close up al sufrimiento en el rostro de una res… un collage de escenas terroríficas de la industria cárnica, de esas que circulan por la red, sellan la presencia de Morrissey desde hace tiempo y no es la excepción la gira que lo trae a México.

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Morrissey en el Palacio Deportes


“I hate meat!” (¡Odio la carne), canta Moz. La gente, minutos antes eufórica, queda en silencio, bañada en rojo. Algunos aplausos.

La campaña del exvocalista de The Smiths contra la violencia, siempre humana, pasa por la brutalidad policíaca contra perros, hombres y mujeres, blancos contra negros, asaltos en banda, corridas de toros; un set en el que suenan World Peace Is None Of Your Business, Ganglord o Bullfighter Dies.

No falta el apapacho a México, al que llama “familia”: “Hay algo bueno en el muro: que eventualmente dejará a Trump afuera”.

Morrissey abraza al idioma de esta tierra, y a través de su tecladista, el colombiano radicado en Estados Unidos, Gustavo Manzur, quien despliega una bandera de México para cantar en español.

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Morrissey en el Palacio Deportes


Ni una sombra asoma del mal que desde 2013 lo llevó a cancelar presentaciones en los años subsiguientes, incluido México, al que paga la deuda entero, con el garbo de siempre; la voz intacta envuelve la plaza en melancolía y euforia con sus baladas y los éxitos de la extinta banda británica.

Sus teloneros, de sueño imposible: The Ramones, James Brown, Lou Reed,(“you're such a sweet little girl”, ese verso acompañado tan solo por una tuba y una tarol que revela claro su influencia en Mr. M), y la balada lastimera de la Warwick; los Sex Pistols y su God Save y the Queen...

Una arqueología en video del caldo musical en el que Morrisey cocinó su propio arte. También suena Debussy, la suite Bergamasque en una versión electrónica y la poesía.

En la pista, la gente desespera, no escucha la palabra. O no la entiende. Quiere ídolo, quiere beat y esa voz de terciopelo por la que el tiempo no ha pasado. Rechifla. Cae la manta que fungía de pantalla. La masa se arroja al frente como espuma.

“¡Familia querida!”

La noche apenas comienza.