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México sufre una crisis espiritual: Luis de Tavira

Al pronunciar unas sentidas palabras en el homenaje póstumo a su compañero y amigo Vicente Leñero, el director de la Compañía Nacional de Teatro, Luis de Tavira, puso el dedo en la herida: México está en un momento de aciago, zozobra y dolor. No sólo eso: el mundo mismo está en crisis espiritual.
Myrna I. Martínez
21 diciembre 2014 22:3 Última actualización 22 diciembre 2014 5:0
Luis de Tavira enfatiza la importancia de atender a una recomendación de Chomsky: aprender a pensar en defensa propia. (Cortesía)

Luis de Tavira enfatiza la importancia de atender a una recomendación de Chomsky: aprender a pensar en defensa propia. (Cortesía)

Horas antes de que el Palacio de Bellas Artes albergara el homenaje póstumo a Vicente Leñero, las hijas del escritor pidieron a Luis de Tavira que pronunciara unas palabras en su honor.

El director de la Compañía Nacional de Teatro (CNT) escribió a mano un texto precedido por el dolor de la pérdida de su querido amigo. No fue deliberado, lo escribió con el corazón, trató de ubicarse en el aquí y ahora, algo que le ha enseñado el teatro, para salir al encuentro de lo que reveló el mutis del amigo que se ha ausentado para siempre.

En esas palabras puso el dedo en la herida: México está en un momento de aciago, zozobra y dolor. No sólo eso: el mundo mismo está en crisis espiritual; con horror se observa el asesinato de niños en Pakistán o la desaparición de jóvenes en Iguala o Nigeria. De Tavira cree en las palabras de Terencio: “nada humano me es ajeno”, y considera que hay un aniquilamiento de la conciencia y de la pérdida de la fe en la palabra. Pero, a pesar de esta crisis, cree en la bondad y en la esperanza.

“¿Dónde siento que está la raíz de la crisis? Como alguna vez lo meditó Hannah Arendt ante el genocidio, es posible la escalada de barbarie a esos niveles de millones de asesinatos solamente cuando una nación completa renuncia a pensar y se dedica a cumplir órdenes.

“Hemos renunciado a pensar críticamente, a construir la conciencia, entonces tampoco somos libres porque el sujeto de la libertad no es la voluntad, no consiste en tener lo que quiero, la libertad es la conciencia, consiste en saber dónde estoy, quién soy, quiénes son los demás”.

En este acumulado de crisis, destaca la educativa como formadora del espíritu. De Tavira considera que todo lo hemos convertido en objeto de mercado, al grado de prostituir el amor, acto que devela la miseria del espíritu. La gente ha dejado de convivir, de ir a los parques, ahora va a un centro comercial o al súper, y lo mismo elige a un candidato que a un detergente: elige entre Fab y Ajax. Todo gira alrededor de la acumulación del capital.

“¿Cómo podemos explicarnos que un niño de Michoacán, cuando le preguntan ‘tú que quieres ser de grande’, conteste ‘quiero ser narco’? ¿Qué está queriendo decir esa criatura? que lo único que importa es el dinero y que la manera más fácil de obtenerlo es hacerse narco”.

Luis de Tavira enfatiza la importancia de atender a una recomendación de Chomsky: aprender a pensar en defensa propia. Recuerda que desde los 70, él empezó a reflexionar acerca de la televisión, esa máquina simplificadora del pensamiento crítico.

“Qué nos extraña lo que pasa en México si llevamos décadas de una televisión cómplice del mercado, y de una televisión dedicada a simplificar la mente y a aniquilar las conciencias y a alienarlas y a evitar que la gente piense, el espíritu se cultiva en la educación sentimental.

Los mexicanos -sostiene- se están nutriendo de basura, basura de pensamiento simple, maniqueo, de mundos melodramáticos de buenos y malos, de triunfos del más gandalla y del que mejor engaña, ahí está el modelo que está nutriendo nuestro sentimiento colectivo.

La responsabilidad del teatro es muy grande en ese sentido, dice. Al frente de la CNT desde 2008, este hombre se ha comprometido en hacer un repertorio articulado para construir, junto con el espectador, la conciencia, la esperanza.

Para el próximo año prepara Un enemigo del pueblo de Ibsen, que dialoga sobre cuestionamientos éticos en un lugar en donde los intereses políticos están por encima del bienestar de la gente.
“El teatro es un espejo del acontecimiento humano, nos convirtió en espectadores de nuestro acontecer; un teatro que sea capaz de demostrar cómo es la realidad es un teatro que cumple con su misión.

“Pero se me ocurre que todavía hay uno más necesario al grado de lo indispensable, que además de mostrar lo que sucede, que además de reflexionar por qué sucede, es capaz de mostrar que eso puede cambiar, porque cuando descubre y revela que eso puede cambiar recuperamos la esperanza, porque esto puede cambiar”.

Hombre de teatro, ensayista y dramaturgo, De Tavira cree en la palabra, eso lo remarcó en el homenaje a Vicente Leñero, a quien nombró el campeón de la libertad y de la verdad, y sólo a través de la palabra se puede fincar la esperanza porque es parte de la construcción de lo humano. Por eso destaca la importancia de no dejar que se pervierta.

Perderle la fe a la palabra es llegar a la mayor miseria, afirma con gallardía. De donde puede venir la esperanza, la esperanza sólo aparece cuando nos percatamos de la posibilidad del cambio cuando asumimos la responsabilidad del cambio.

“Cuando perdemos la palabra nos hemos quedado sin nada, ¿qué es de una persona que no tiene una palabra? No tiene nada. Si no tiene palabra no vale un cacahuate, no vale nada; en cambio, si tiene palabra lo tiene todo”, concluye.