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Mexicanísimo Arau

La Cineteca Nacional premia la obra del vital director con la medalla Salvador Toscano al Mérito Cinematográfico. Con una amplia filmografía, Alfonso Arau fue pionero del cine mexicano en Hollywood, con cintas como "Un paseo por las nubes", "Picking up the pieces" y "Los magníficos Amberson".
Rosario Reyes
19 septiembre 2016 21:24 Última actualización 20 septiembre 2016 5:0
Tras vivir 25 años en Hollywood, regresó a México. Planea abrir una cadena de cines para exhibición de películas nacionales. (Braulio Tenorio)

Tras vivir 25 años en Hollywood, regresó a México. Planea abrir una cadena de cines para exhibición de películas nacionales. (Braulio Tenorio)

Hace casi 70 años, Alfonso Arau escandalizó a su familia, -fundada por un dentista-, cuando decidió dedicarse al arte.

Desde que se inició en la escena supo que quería dirigir en la pantalla grande. Pionero del cine mexicano en Hollywood, ha realizado las cintas Como agua para chocolate, Un paseo por las nubes, Picking up the pieces y Los magníficos Amberson, un remake del segundo filme de Orson Wells, entre otros títulos de una amplia filmografía, que hoy será reconocida con la Medalla Salvador Toscano al Mérito Cinematográfico.

Comenzó como bailarín (se enamoró de una bailarina, por eso estudió ballet) y mimo. Su primera creación, luego de estudiar con los maestros de Marcel Marceau, fue un espectáculo de pantomima llamado Locuras felices, con el que viajó por el mundo durante cinco años, en los inicios de su carrera.

Además del reconocimiento público, con ese show logró la aprobación de la matriarca, que quedó al frente de la familia tras el fallecimiento del padre, cuando Alfonso era un niño. Así lo recuerda el cineasta: “Estábamos en el camerino, al final de la función en Bellas Artes y oímos una voz de hombre muy potente, que dijo: ´¿dónde está ese niño genio?´. ¡Era María Félix! Cuando mi madre vio que me decía genio, pues ya me aceptó”, dice entre risas. “María tenía una voz de hombre muy bonita”.

Arau llegó al cine mexicano como humorista y bailarín, al lado de Sergio Corona, protagonizando varias cintas, como Viaje a la luna (Fernando Cortés, 1958), en la que actuaban los grandes cómicos de la época: Tin Tan, El Loco Valdés, Chabelo y Viruta y Capulina. Su primer trabajo fílmico fue un corto producido por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, en 1960.

Después de trabajar como actor, en Estados Unidos y México, debutó con El águila descalza, en 1969. Su trayectoria es tan prolífica y variada que pasa de formar una banda de rock con Carlos Monsiváis, José Luis Cuevas y Vicente Rojo, a dirigir a Woody Allen (en Picking up the pieces), o trabajar al lado de Alejandro Jodorowsky (El topo).

Alumno de Seki Sano y Julio Pliego, entre otros, Arau adaptó a personajes como Calzonzin Inspector, el protagonista de una de sus primeras cintas, cuyo guión escribió con Juan de la Cabada y Héctor Ortega, basado en un cuento de Gogol e inspirado en los personajes del caricaturista Rius.

Antihéroes que se adelantaron a la época de protagónicos como Tony Soprano. “Son personajes que tienen su lado bueno y malo, sobrevivientes, como somos todos los seres humanos, no los personajes maniqueos que Hollywood imponía”, apunta.

Estudió para actuar, dirigir y escribir arte dramático con grandes maestros. Su éxito más grande en el teatro, dice, fue la pantomima. Arau siempre da un toque político, incluso de crítica social. Se siente bien allí, al borde la ironía, el sarcasmo y la protesta.

“Siempre hay temas políticos y hasta filosóficos dentro de la pantomima, que es lo que yo me formé. En mi cine, el tema político ha sido muy importante, nunca me he dedicado a la política y no espero hacerlo, pero soy un hombre interesado y conozco mucho de ese teje maneje”, afirma.

El espectáculo no escapa a la política, abunda quien forma parte de la Academia hollywoodense desde 1993, cuando con su película Como agua para chocolate representó a México en el Oscar, aunque no figuró en los premios. “Las películas son como la gente, tienen su propio destino. Fue difícil porque en ese tiempo no se admitían subtítulos, eran actores desconocidos para ellos así que no pasó nada”, explica.

La cinta puso a México en el panorama del cine internacional como no sucedía desde la llamada Época de Oro, pero el cineasta explica que se debió a los intereses políticos. “El Oscar y Miss America se dan por instrucciones del Departamento de Estado, claro, tiene que haber calidad, pero sí hay una influencia política, se da a los países con los que les interesa quedar bien; en mi tiempo, estaba el presidente Salinas aquí y Clinton allá y estaban peleados, pero ahora las cosas son muy distintas. Obama necesita el voto latino, entonces Cuarón e Iñárritu tuvieron más suerte que yo; no quiere decir que sus películas no sean excelentes, pero tuvieron suerte y eso también ayuda”.

Tras vivir 25 años en Hollywood, regresó a México. Planea abrir una cadena de cines para la exhibición de películas nacionales, a la vez que trabaja en sus próximos proyectos fílmicos.

Llegar a Hollywood como director cuando ser mexicano no era relevante para la industria, concluye, más que un acto de rebeldía, fue una decisión consciente.

“Es una política mía. Así como en la comunidad judía la que da la nacionalidad es la madre, en el cine el director es el que da la nacionalidad a una película, la hagas en donde sea, la pague quien sea, en cualquier idioma, nuestras películas siempre son mexicanas y cuando fui aceptado en Hollywood como director, me propuse que iba a hacer lo más posible por hacer cine mexicano”, comparte.