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DEPORTES

Lupita González y la lesión que la hizo triunfar

Una derrota la alejó del box para probar suerte como velocista, donde luego de sufrir una lesión en la rodilla probó como terapia la marcha en 2013. En tan sólo tres años se posicionó entre los primeros lugares mundiales, y de ahí, la medalla de plata en Río.
Mariano Mangas
13 septiembre 2016 21:58 Última actualización 14 septiembre 2016 5:0
Una derrota la alejó del box para probar suerte como velocista, donde luego de sufrir una lesión de rodilla probó como terapia la marcha. (Especial)

Una derrota la alejó del box para probar suerte como velocista, donde luego de sufrir una lesión de rodilla probó como terapia la marcha. (Mariano Mangas)

Lupita González tocó el Olimpo, más no se asume entre los dioses; cuando alguien le pide una foto o un autógrafo, se sonroja, ríe y posa con timidez.

Un grupo de niños, futuros atletas olímpicos, grita de emoción al estar frente a la medallista de Río 2016, la rodean y se arremolinan para hacerse una selfie con la marchista de 27 años.

“¿No te dio miedo cuando estabas compitiendo?”, pregunta uno, “eres mi heroína porque eres bien luchona”, le dice otra niña. Lupita se deja querer, los inspira con su sola presencia.

Una derrota la alejó del box para probar suerte como velocista, donde luego de sufrir una lesión en la rodilla probó como terapia la marcha en 2013; en tan sólo tres años se posicionó entre los primeros lugares mundiales.

El paso fortuito de las carreras de velocidad a la marcha, finalmente le indicó a la llamada “Guerrera de Tlanepantla” cómo conseguir su meta.

Se menciona poco que detrás de esas conquistas está el trabajo de su entrenador, Juan Hernández, quien le aportó a Lupita González la disciplina y el temple.

Cuando Enrique González le decía a sus compañeros del ayuntamiento de Tlalnepantla que su hija era una campeona de la marcha, ninguno le creyó sino hasta que les mostró las revistas y periódicos donde ella aparecía.

“Mi familia me pregunta ‘qué sigue’ porque yo tenía pensado solamente un ciclo, nada más hasta Río”, recuerda la deportista, “el próximo año viene el Mundial de Londres y quisiera tener una oportunidad ahí.

“En el 2015 me quedé fuera por una molestia en la rodilla y quisiera, por lo menos pensando en el año que viene, poder disputar ese campeonato”.

Tras el entrenamiento de casi siete horas al día, durante cuatro días, Lupita suele cantar a solas en su cuarto, adelantar trabajos de su licenciatura en Informática Administrativa o mirar películas como Gladiador.

“No te puedes dar el lujo de hoy no entrenar y mañana sí. Vas a dedicarle este tiempo y a cuidarte con terapias o de las lesiones”, comenta, “casi no ves a tu familia, pero tengo la oportunidad de verlos los domingos y los viernes por la tarde”.

Para conseguir todos estos objetivos, el Comité Olímpico la ha arropado al igual que la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) y la Secretaría de Marina (Semar), donde Lupita es teniente de corbeta y recibe apoyos como seguro y una beca económica.

“Es un orgullo estar en la Secretaría de Marina, ellos te inculcan distintos valores como la honestidad, la lealtad, el deber”, menciona.
Acostumbrados a los deportistas de alto rendimiento, los empleados del Comité aseguran que a María Guadalupe González se le notaba el talento y el espíritu de triunfo desde su llegada.

Quedar fuera de los Juegos Centroamericanos en el 2014 fue uno de los momentos más dolorosos para la campeona olímpica; mientras que el nacimiento de su sobrino es uno de sus instantes de mayor dicha.

“El poder subir al podio en el Campeonato Mundial y en los Juegos Olímpicos han sido de los momentos más felices. Ahí sí tuve tiempo para pensar y agradecer, principalmente a Dios, la oportunidad de estar ahí, la salud y la inteligencia para hacerlo”, de nuevo, los ojos de Lupita González se iluminan con la meta de competir en Tokio 2020.

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